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Francisco I. Madero obtuvo democráticamente el cargo de Presidente de la República, pero su gobierno afectó a los intereses de quienes habían detentado el poder durante el porfiriato, por lo que estos comenzaron a gestar un movimiento para derrocar al primer mandatario, mismo que se inició la madrugada del 9 de febrero de 1913, el cual duro diez días y es conocido como "La Decena Trágica".

A partir de ese momento, la calma no se restablecería. En tanto los alumnos de la Escuela Militar de Aspirantes salieron del pueblo de Tlalpan, D. F. y se dirigieron a la Ciudad de México, apoderándose del Palacio Nacional. Otro grupo rebelde procedente de Tacubaya se unió a los aspirantes en el trayecto y todos juntos se encaminaron directamente a la prisión militar de Santiago Tlatelolco, a fin liberar al General Bernardo Reyes. Posteriormente se dirigieron a la penitenciaría del Distrito Federal, donde liberaron al General Félix Díaz.

Mientras tanto, el Ministro de Guerra y Marina, General Ángel García Peña y el Comandante General de la plaza, General Lauro Villar, llegaron a Palacio Nacional donde lograron convencer a los rebeldes para que se rindieran, retomando nuevamente la sede del Poder Ejecutivo. En su camino hacia Palacio Nacional los generales rebeldes, Manuel Mondragón, Bernardo Reyes, Félix Díaz y Gregorio Ruiz entre otros, llegaron a la plaza de armas, donde se adelantó el General Ruiz, quien fue tomado prisionero y posteriormente pasado por las armas; más tarde el General Reyes también murió frente a Palacio Nacional al resistirse a rendirse. En vista de lo ocurrido, los generales Díaz y Mondragón se dirigieron a la Ciudadela.

Madero al enterarse de los acontecimientos, salió del castillo de Chapultepec escoltado por los cadetes del Colegio Militar hacia Palacio Nacional, donde pretendía tomar medidas para terminar con el levantamiento, sin embargo, en ese momento el gobierno maderista contaba con un reducido número de tropas leales, por lo que fue obligado a dimitir del cargo de presisente el 19 de febrero, ocupando el cargo el General Victoriano Huerta, con lo que las acciones de armas se dieron por concluidas. A pesar de haber obtenido su renuncia, Francisco I. Madero y Pino Suárez fueron asesinados el día 22 de febrero.

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