México, a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), es el único país en la región y uno de los tres países en el mundo que está trabajando directamente con el grupo de expertos de la FAO en Roma para desarrollar metodologías de medición de pérdida de alimentos.

México puede tener un papel de liderazgo en la región y en el mundo en la búsqueda de soluciones a este tema y la FAO esta ya colaborando para ello.

SAGARPA, con el acompañamiento técnico de la FAO, ya tiene algunos resultados en la medición y en el establecimiento de metas de reducción de pérdidas en las cadenas de valor del jitomate, el maíz y los frijoles. Con la perspectiva de ampliar el análisis y las propuestas en un total de 12 cadenas de los principales alimentos del país.

Los líderes mundiales deben tener en cuenta que el concepto Hambre Cero es más amplio y no se limita a la lucha contra la subalimentación. También pretende garantizar que todo el mundo tenga los nutrientes necesarios para llevar a cabo una vida sana. El Hambre Cero incluye la erradicación de todas las formas de malnutrición, así que no se trata solo de alimentar a la gente sino de que también se nutra bien.

Los sistemas alimentarios actuales han aumentado la disponibilidad y el acceso a alimentos procesados muy calóricos, energéticamente densos, altos en grasas, azúcar y sal. Deben ser transformados de modo que todo el mundo pueda consumir alimentos sanos y nutritivos.

Las dietas saludables deben ser fruto de un esfuerzo colectivo que incluya, por ejemplo, la creación de normas (como el etiquetado y la prohibición de algunos ingredientes dañinos), la introducción de la nutrición en los programas escolares, la adopción de métodos para reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos, y el establecimiento de acuerdos comerciales que no impidan el acceso a comida fresca, nutritiva y cultivada localmente por agricultores familiares.

El lema del Día Mundial de la Alimentación 2018 es “Nuestras acciones son nuestro futuro”. Es hora de renovar nuestro compromiso y, aún más importante, el apoyo político para lograr un mundo sostenible libre de hambre y de todas las formas de malnutrición.

La FAO ha apuntado que la seguridad alimentaria del futuro está en peligro, la excesiva presión sobre los recursos naturales, el estancamiento del rendimiento de los cultivos, las consecuencias del cambio climático, el actual sistema alimentario que no es suficientemente sostenible… toda una serie de problemas que hacen que sea muy complicado alcanzar la seguridad alimentaria y la erradicación del hambre para el 2030. (Agricultura, 2018)