Acudimos con una brigada de 30 rescatistas, que cubrimos un servicio en Cheto Chico y Cheto Grande. Para llegar tuvimos que cruzar un río y caminar por una vía de tres kilómetros en la que el agua nos llegaba hasta las rodillas. Al llegar nos dijeron que debíamos retirarnos antes de las 6 de la tarde, pues el poblado corría el riesgo de inundarse.

Mucha gente se había quedado en su casa por el miedo de dejar sus pertenecías o incluso por la cantidad de agua que ya había. Instalamos un Puesto de Atención Médica, en el que comenzamos a atender a muchas de las personas que se encontraban en calidad de damnificados. Niños, gente de la tercera edad, adultos con diversos tipos de padecimientos.

Ese día apoyamos a más de cincuenta personas a través de traslados en vehículos especializados para su atención. Además de la brigada, el personal de rescate tocó puerta por puerta, con la intención de que el servicio médico llegara a todas partes y se cubriera cualquier requerimiento.

En una de las casas se encontró a una mujer de 76 años de edad, quien estaba en compañía de una niña de 10 años. Tenía el pie gangrenado y corría el riesgo de morir.

La niña nos dijo que ella se había quedado a cuidarla y que hasta el momento, nadie había acudido a rescatarla.

Debido a las condiciones en las que se encontraba, necesitábamos una camilla para poder sacarla del domicilio; no podíamos tan solo cargarla.

Planteamos la problemática a las autoridades de Perú y así gestionar la ayuda correspondiente lo más pronto posible.

Sin embargo, comenzó a llover de nuevo y el horario para el regreso que nos habían establecido, llegó a su límite. No podíamos abandonar a la señora y a las personas que ahí se encontraban y decidimos quedarnos.

La lluvia nos encerró; la corriente era cada vez más intensa. Cumpliendo con la misión que se nos había encomendado, logramos salir tres horas después.

Llegamos al poblado de “Catacos”, donde fuimos atendidos por el General Rito, a quien le solicitamos el apoyo para trasladar a la señora vía aérea. Insistimos en la urgencia de la atención, ya que era visible que la enfermedad se encontraba muy avanzada.

Nos brindaron el apoyo de un helicóptero MI, de un médico cirujano, una enfermera y dos rescatistas más.

A las cinco de la mañana del día siguiente despegó la aeronave que brindó atención a la señora.

Sé que seguramente, si la señora hubiera continuado en las condiciones y el lugar donde la encontramos, iba a perder la vida.

Al paso del tiempo, pudimos conocer qué había pasado con su caso y para nuestra alegría, aunque perdió parte de la pierna, se encuentra bien.
 

¡Proteger y servir a la comunidad!

Colaboración de Suboficial Pérez

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