Recuerdo que durante la madrugada, al realizar mi recorrido de vigilancia con un compañero, nos dimos cuenta que afuera de la Basílica había una pareja joven con dos bolsas negras. Alcanzamos a ver que sacaban una pequeña cobijita.

Luego escuchamos el llorar de un bebé y acudimos a saber qué era lo que estaba ocurriendo. La pareja nos contó que provenían de Puebla, que no tenían comida ni donde dormir.

Como parte de las investigaciones de rutina y con la información disponible, pudimos comprobar que el bebé era de ellos. Nos contaron también que habían estado vagando todo el día y parte de la madrugada; se veían en malas condiciones.

El bebé estaba cansado y había dormido poco. Ante ello, les dimos atención y los trasladamos a la “Casa del Peregrino”, a fin de que pudieran pasar la noche en un lugar seguro.

Confieso que sentí mucha angustia al verlos tan desvalidos y por ello me comprometí hasta el final para que contaran con el mayor apoyo posible.

Recuerdo que la joven traía un problema de gastritis y colitis, por lo que el gesto en su cara y postura era de mucho dolor.

Al día siguiente, los llevé al servicio médico de la Basílica y de ahí los canalizaron a la Cruz Roja para que se les brindara el apoyo. Tras la atención y el medicamento, la joven mejoró.

En muchas ocasiones, ser policía federal es ir más allá de las labores que te corresponden y hacer todo lo que esté a tu alcance para proteger y servir a quien más lo necesita.

Nosotros, al portar una estrella en el pecho, tenemos la oportunidad y el compromiso de apoyar a quien realmente lo necesita y eso es lo más gratificante.

 

Colaboración de Policía Tercera Arredondo


Conoce 90 años de historias de la Policía Federal, un espacio en el que las y los propios policías son los protagonistas.