Desde que tenemos memoria, la publicidad ha estado presente en nuestras vidas, de una u otra forma y en mayor o menor grado.

Durante nuestra niñez fuimos bombardeados con anuncios de los juguetes y juegos de moda. Esa publicidad, sin duda, tuvo un papel clave en los regalos que pedíamos para nuestro cumpleaños, Navidad y otras fechas especiales. 

En la adolescencia y la madurez las cosas no cambiaron mucho. Todo lo que poseemos, consumimos o aspiramos a tener está influenciado de alguna u otra forma por la publicidad que nos rodea. Pero aun cuando nos consideremos inmunes a sus probados poderes de persuasión, su influencia en nuestras vidas va mucho más allá.

La evidencia demuestra que la publicidad es un reflejo de la cultura y las tradiciones de un país o región. De igual forma, ésta también es culpable transmitir y perpetuar roles y estereotipos de género sexistas que discriminan y atentan contra la igualdad entre mujeres y hombres.

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De ahí que la forma en que las empresas y las marcas han retratado a las mujeres en las labores de la casa, la familia o del cuidado personal, y a los hombres en actividades profesionales, culturales, deportivas, entre muchas otras, haya generado una cultura que minimiza, limita y cosifica a las mujeres.

El reforzamiento de estos estereotipos de género y el sexismo empleado para posicionar algunas marcas envían mensajes profundos y duraderos que poco a poco van moldeando o modificando nuestra forma de actuar y de pensar, transmitiendo ideas que se van arraigando en nuestro pensamiento.

Pero, ¿cuáles son esos ideales que nos imponen los anuncios publicitarios?

Los podemos encontrar en ejemplos clásicos de publicidad sexista o sin perspectiva de género, la cual utiliza algunos de los siguientes elementos:

  • Cuando se utilizan estereotipos para ilustrar labores asociadas a las mujeres y a los hombres. Por ejemplo: clásico anuncio de detergente en el que el personaje central es la mamá, reforzando el rol de que solo las mujeres lavan ropa y solo ellas son capaces de dotar al producto de “el amor de mamá”. Este tipo de publicidad solo refuerza los roles que mantienen en una postura de desventaja a las mujeres, descartando la participación de los hombres en las labores del hogar.


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  • Cuando se degrada a la mujer o se le cosifica. ¿Cuántos anuncios de hamburguesas o perfumes recuerdas donde la imagen central es una mujer joven con poca ropa y cuerpo perfecto, dejando de lado o en segundo plano al producto como tal y utilizando la sexualidad y sensualidad femenina como herramienta de venta?
     
  • Cuando por razón de género se le atribuyen ciertas características a los productos. Por décadas, marcas de desodorantes y otros productos de cuidado personal han enfatizado actitudes y características “distintivas” de los “hombres”: rodeados de mujeres, fuertes, atléticos, exitosos y siempre aventureros, sugiriendo que todos los hombres son o deben ser así y que muchas de esas grandes cualidades “masculinas” son exclusivas de ese género, cuando no es así.

De esta y muchas otras formas, por años la publicidad ha influido enormemente en la forma en que vemos al mundo, muchas veces sin que nos demos cuenta.

Por fortuna, las cosas están cambiando. Las empresas son cada vez más conscientes de estos errores históricos y poco a poco han lanzado campañas para revertir su impacto negativo. Sin embargo, es la acción ciudadana y el ojo crítico de las y los consumidores los que pueden generar un cambio profundo, reportando este tipo de campañas y obligando a las marcas a realizar publicidad no sexista y con perspectiva de género.

¿Has detectado algún ejemplo de este tipo de anuncios publicitarios? Compártelo en nuestras redes con el hashtag: #ObservatorioDeMedios