Con el posicionamiento feminista cada vez más introyectado en las generaciones jóvenes, sobre todo en las mujeres, resulta un tanto confuso para los hombres saber cuándo y cómo actuar “caballerosamente”, sin ser vistos como machos disfrazados. Quizá sea necesario clarificar el asunto revisando el origen de la caballerosidad y entender por qué puede, o no, resultar hoy en día toda una discusión entre hombres y mujeres.

Si bien la caballerosidad es vista como un acto de cortesía, que se da de manera desinteresada en el trato con las personas, ésta se relaciona mayormente con una condición que solo los hombres debieran tener. Esto se debe a que la palabra deriva de la antigua figura del caballero medieval, al cual se le atribuían cualidades como la fidelidad, arrojo, destreza, justicia, generosidad y orgullo genealógico y dicho sea de paso, era una profesión que solo podían ejercer hombres.

Estos caballeros obedecían a un código, mediante el cual se comprometían, entre otras cosas, a defender a los más débiles. Y tradicionalmente, ¿quiénes son los más débiles?: Las personas ancianas, con discapacidad, niñas, niños, y por supuesto las mujeres, lo que pone nuevamente en el supuesto que los hombres están para proteger y actuar en nombre de las mujeres; y nos deja ver una de las razones por la que los “actos de caballerosidad” pueden ser mal vistos o recibidos negativamente por algunas mujeres.

Pero realmente puedes creer que resulte molesto para cualquiera que cuando alguien sale de un edificio con las manos ocupadas una persona le abra la puerta, o que después de una jornada de más de ocho horas de pie, te ofrezcan el asiento en el transporte público. Si alguna vez has pensado en estos ejemplos como actos que pueden incomodar o molestar a las mujeres, pudiera ser que estés confundiendo cortesía, amabilidad, incluso civilidad con “caballerosidad”, ya que actos como los que acabamos de ejemplificar aplican de un hombre a una mujer, de una mujer a un hombre, o entre personas del mismo sexo.

Sin embargo, la caballerosidad se percibe como negativa cuando el acto (conscientemente o no) asigna roles y promueve estereotipos de género excluyentes para ambos sexos, que además refuerzan la idea de poder y dominación masculina, reproduciendo relaciones de desigualdad entre mujeres y hombres. Por ejemplo, cuando un “caballero” decide ordenar la comida por su acompañante mujer, cuando el hombre expresa que él "ayuda" con las labores de la casa, o cuando es ella quien ha invitado a cenar y él insiste en pagar la cuenta.

Es por ello, que hoy algunas mujeres se oponen a seguir siendo tratadas con caballerosidad por parte de los hombres, porque consideran que detrás de ésta, se esconden actitudes que perpetúan el dominio de los hombres a través del disfraz amistoso de la cortesía.

En conclusión, ¿qué deberían hacer los hombres para construir relaciones sanas con las mujeres?

Lo mejor sería conversar abiertamente acerca de lo que les gusta y disgusta en una relación. Establecer si ella se siente bien con detalles como esperar a que él se baje para abrirle la puerta del auto, alternar quien paga la cuenta. Pero, sobre todo, como hombres es necesario aprender a distinguir cuando están siendo “caballerosos” porque así conviene a sus intereses y cuando en realidad están queriendo ser amables de manera desinteresada. 

Como diría  Alda Facio, “Hay que crear otra conciencia en la que haya más equilibrio entre lo masculino y lo femenino.

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