La violencia de género contra las mujeres en México ha dejado de ser un tema tabú que ocurre en el ámbito privado para convertirse en un asunto de interés nacional que está en la agenda pública y nos concierne a todas y todos como sociedad.

Hoy sabemos que la violencia intrafamiliar es una de muchas violencias que afectan a las mujeres y niñas y que la violencia física y sexual son solo dos de sus muchas manifestaciones.

Una de esas violencias –y que con frecuencia pasa desapercibida— es la violencia psicológica, la cual puede llegar a ser muy silenciosa y sutil al punto de resultar invisible para la sociedad, aunque sus efectos a mediano y largo plazo, sean tan dañinos como otras manifestaciones de violencia.

De ahí que a esta forma de violencia se le conozca también como luz de gas, “un abuso sutil y manipulador en el que se desgasta la autoestima y confianza de la mujer hasta el punto de anularla, de convertirla en un manojo de dudas y miedos”, como señala Bárbara Zorrilla, psicóloga especializada en atención a mujeres víctimas de la violencia de género, al periódico El País.

El abuso luz de gas, señala la especialista, es una forma de violencia muy perversa, pero sutil e indirecta, repetitiva, que va generando duda y confusión en la mujer que lo sufre, hasta el punto en que se llega a sentir culpable de las conductas de violencia emitidas por el maltratador, y a dudar de todo lo que ocurre a su alrededor.

A pesar de esto, la víctima no se da cuenta de todos estos hábitos insanos por el vínculo que mantiene con su maltratador, por eso se suelen pasar por alto y se justifican sus conductas confundiéndolas con muestras de afecto y protección.

Entre los efectos que presenta una persona que presenta luz de gas, están:

  1. Culpabilización por lo que hacen, mientras que la otra persona no asume ninguna responsabilidad
  2. Cuestionamiento constante de lo que se siente, piensa o dice
  3. Se opta por un aislamiento a tal grado de alejarse de sus amigos y familiares
  4. Su capacidad para la toma de decisiones cada vez es menor, sintiendo una gran ansiedad cuando tiene que tomar alguna decisión
  5. Mayor dependencia hacia su maltratador

Y a todo esto, ¿qué podemos hacer?

La psicóloga considera que las instituciones deben mejorar y ampliar su formación en violencia de género. “Las mujeres necesitan que tanto su entorno como la administración pública, a través de sus recursos de atención especializada, les ayuden a identificar esa violencia, su intencionalidad, sus mecanismos y sus consecuencias.

De igual forma es necesario trabajar en la sensibilización de la población y la formación a todo el personal que les atiende, no sólo en el ámbito judicial, sino médico, policial… para que puedan acompañarlas, ayudarles a construir su relato, “dotarlas de credibilidad y devolverles la libertad que les han robado”.

Un aspecto crucial para evitar este tipo de maltrato es la educación desde la escuela y los hogares. Esto debido a que muchas mujeres no se dan cuenta de que sufren abuso psicológico por parte de sus parejas, o tardan mucho tiempo en darse cuenta, cuando ya las han controlado, manipulado o anulado, haciéndoles creer que no valen, que están equivocadas o que su opinión no cuenta.

De ahí la importancia de fomentar desde la niñez una educación justa, igualitaria y libre de estereotipos de género que legitimen pensamientos e ideas que justifiquen la dominación y el control masculino, lo que a su vez promueve la sumisión y sometimiento de las mujeres.

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Debemos erradicar roles y estereotipos que por años han afectado a hombres y mujeres, dictándoles normas de comportamiento desiguales y discriminatorias sobre el papel que deben cumplir en la sociedad.

Que tanto ellos, como ellas, entiendan que son personas iguales, con los mismos derechos, obligaciones, capacidades y responsabilidades. Que no hay actividades o comportamientos que te hagan “más hombre” o “más mujer” y que no hay actitudes masculinas o femeninas, sino simplemente humanas.

En suma, es necesario prevenir actitudes y comportamientos que pueden conducir a la violencia y concientizar a las personas sobre estas formas sutiles de violencia y sus consecuencias, a fin de identificarlas a tiempo y ponerles un alto.