Comunicación y colaboración en las familias

 

¿De dónde aprendieron eso mis hijos?

“No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en la que trata a sus niños”

Nelson Mandela

 

Es común que nuestros hijos e hijas nos lleguen a sorprender con frases, actitudes o acciones inesperadas para nosotros o nosotras. Ante ello, normalmente reaccionamos con la pregunta: “¿de dónde habrá aprendido eso?”, sin detenernos a pensar que muy probablemente nosotros mismos hayamos sido los mentores de ese aprendizaje.

Todos fuimos niños, nadie puede decir lo contrario. Cuando teníamos cuatro o cinco años éramos tan creativos que inventábamos cientos de fantasías que probablemente sólo nosotros entendíamos en ese momento. Inventábamos nuestros propios juegos, por ejemplo, sino teníamos balón de fútbol para jugar una “cascarita” con los amigos de la cuadra, lo resolvíamos con un bote de plástico o un amarrado de bolsas de basura. También teníamos amigos imaginarios, un juguete preferido o un rincón de la casa que era perfecto para construir todo un mundo.

Hoy somos adultos. Tenemos nuestra propia realidad, para muchos quizá ya no tan divertida como cuando en la infancia. Hoy los problemas nos agobian: el pago de la renta, luz, agua; cambiar de auto, vestir a la moda o adquirir el celular más costoso, etc., una vida llena de necesidades (algunas creadas por nosotros mismos) que nos atan a una gran frustración, causada quizá por no tener todo lo que deseamos.

Al volvernos adultos consumidores de lo todo lo que vemos en los escaparates, nos vamos olvidando de esa gran capacidad de crear, construir e imaginar; que nos hacía resolver nuestros problemas cuando éramos niños.

Los adultos con los que convivimos en nuestra infancia, es decir, nuestros padres, abuelos, tíos, vecinos, profesores en la escuela, etc., nos enseñaron mucho de lo que hoy sabemos, quizá sin darnos cuenta. Puntualmente nos enseñaron a relacionarnos de una forma determinada con las demás personas en nuestro entorno, la misma manera en que lo hacemos hoy.

Para escribir esto, parto de una pregunta generadora: ¿cómo influyó el contexto en el que viví de pequeño, en la forma en que socializo ahora? Sin pretender dar una respuesta única, es sabido y dicho por diversos autores como Lev Vigotsky, que el contexto en el que crecemos, puede determinar la forma en que interactuamos con las demás personas. Lean esto que dice este autor al respecto:

 

“El niño que cabalga sobre un palo de madera y se imagina que monta a caballo, la niña que juega con su muñeca y se cree madre, los niños que juegan a los ladrones, a los soldados, a los marineros; todos ellos muestran en sus juegos ejemplos de la más auténtica y verdadera creación. Verdad es que, en sus juegos, reproducen mucho de lo que ven, pero bien sabido es el inmenso papel que pertenece a la imitación en los juegos infantiles. Son estos con frecuencia mero reflejo de lo que ven y oyen de los mayores, pero tales elementos de experiencia ajena no son nunca llevados por los niños a sus juegos como eran en la realidad” (Vigotsky, 2007, p.12).   

 

Para Vigotsky, el aprendizaje está ligado con las condiciones históricas y culturales que rodean a la persona. La interacción entre los hombres, dice Vigotsky, permite a estos recrear las vivencias e interiorizarlas; crear su propio mundo y aprendizaje a partir de sus vivencias.

Conociendo lo anterior sería bueno mirar a nuestro alrededor y reflexionar, como padres de familia en torno a las siguientes preguntas:

 

  • ¿Qué entorno le estoy ofreciendo a mis hijos e hijas para que tengan experiencias significativas de aprendizaje?
  • ¿Soy un buen ejemplo para mis hijos e hijas?
  • ¿Tienen mis hijos e hijas diferentes opciones para descubrir sus gustos, aficiones y capacidades?

 

¡Mucho ojo aquí!, lo último no tiene que ver con tener o no dinero, sino con el tiempo que les dedico a mis hijos, si los escucho o no con atención, si estoy bien físicamente para estar y jugar con ellos; tiene que ver con la calidad de alimentos que les ofrezco, con el sano esparcimiento, acercarlos a actividades culturales, recreativas y deportivas (individualmente o en familia), entre otras actividades.

Por ello te recordamos que el comportamiento que muestran niñas y niños, en buena medida tiene que ver con el entorno que les rodea. Si su entorno es el apropiado y cuentan con un ambiente adecuado para descubrir sus potencialidades e intereses como individuo, es probable que tendremos niñas y niños más seguros y con mucho más confianza en sí mismos, y por el contrario si el entorno no es el idóneo para el sano esparcimiento, es probable que sus actitudes no sean las que tú como padre o madre espera.

Los niños aprenden de todo lo que ven y escuchan.

Ahora sí, ¿Ya sabes de dónde aprendieron eso tus hijos e hijas?

Por: Juan Carlos Lagarde Moguel.

Egresado de la carrera de ciencias de la Comunicación en la UNAM y la carrera de Sociología en la UAM Xochimilco. Ha colaborado con diferentes asociaciones en México para el desarrollo integral de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Imparte talleres de fomento a la lectura y la escritura, Radio y televisión, principalmente. Ha colaborado con organizaciones como: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México en el programa Libro Club, Faro Tláhuac, la Feria del Libro Infantil y Juvenil (en diferentes ediciones), la Feria del Libro del Zócalo de la CDMX, Feria del Libro de Mazatlán, Palacio de Minería, entre otras. 

Actualmente es productor en la Ciudad de México del noticiero televisivo infantil ¡VIENTOS!, NOTICIAS QUE VUELAN que se transmite por Canal 22, UVTV 14.1, Canal 10 en Chiapas y en 20 países socios de la Red WADAD NEWS FOR KIDS to FREE PRESS UNLIMITED.

Bibliografía

 

  • La imaginación y el arte en la infancia, (México, 2001)