Los temas de discusión giraron alrededor de la presentación de la Estrategia Nacional de Educación Financiera, el rol y oportunidades de inclusión que ofrecen las tecnologías FinTech, así como el papel de los legisladores para fomentar la inclusión financiera.

Existe hoy un consenso a nivel global que señala que el acceso de la población a servicios financieros adecuados es un elemento crítico para mejorar su calidad de vida e impulsar el desarrollo económico.  A pesar de su relevancia, en la práctica, la inclusión financiera es una tarea endemoniadamente compleja.

¿Qué es la inclusión financiera?

De acuerdo al Comisión Nacional de Inclusión Financiera (CONAIF), la inclusión financiera contiene cuatro componentes fundamentales:

  • Acceso. La infraestructura disponible para ofrecer servicios y productos financieros, como sucursales, cajeros automáticos, corresponsales y terminales punto de venta, entre otros.
  • Uso. Se refiere a la adquisición o contratación, por parte de la población, de uno o más productos o servicios financieros, así como a la frecuencia con que éstos son utilizados.
  • Protección al consumidor. Se refiere a que los productos y servicios financieros que se ofrezcan a la población, se encuentren bajo un marco que garantice como mínimo la transparencia de información, el trato justo y mecanismos efectivos para la atención de quejas y asesoría de los clientes contra prácticas desleales y abusivas.
  • Educación financiera. Se refiere a las acciones para que la población adquiera aptitudes, habilidades y conocimientos para estar en posibilidad de evaluar la oferta de productos y servicios financieros.

Inclusión financiera y ahorro para el retiro

Por ley, la inclusión al sistema financiero mexicano es automática para los trabajadores del sector que cuentan con seguridad social. Los institutos de la Seguridad Social (IMSS e ISSSTE) incluyen automáticamente a sus afiliados, abriendo una cuenta individual de ahorro para el retiro (Cuenta AFORE) para cada nuevo trabajador.

Sin embargo, en México, hasta 60% de los trabajadores se encuentra empleado informalmente o trabaja como un independiente y por tanto no tiene acceso a la seguridad social como lo corroboran los recientes datos de CONEVAL (http://www.coneval.org.mx/Paginas/principal.aspx).

Los trabajadores independientes son todos aquellos que trabajan en un negocio propio. Son dueños del bien o producto que elaboran o venden, deciden cómo y dónde promover sus productos o servicios. Ejemplo de este tipo de trabajadores son los microempresarios, artesanos, plomeros, empleados domésticos, electricistas, taxistas, pero también los abogados, contadores, médicos, sicólogos y arquitectos, que trabajan por su cuenta.

Si bien, los trabajadores independientes cuentan con condiciones de trabajo que pueden resultar atractivas como la flexibilidad de horario, una mayor autonomía y potencial de crecimiento, así como un mejor balance entre el hogar y el trabajo, sin duda también valoran los servicios de los que son excluidos al no cotizar a la seguridad social, como son el servicio médico, las guarderías, un seguro de vida o el ahorro para la vivienda y el retiro.

Sin embargo, sus ingresos suelen ser más inestables que los de los trabajadores asalariados, lo que les dificulta llevar a cabo aportaciones voluntarias de forma sistemática. Además, aunque no es privativo de este tipo de trabajadores, la falta de educación financiera, su preferencia por las inversiones de corto plazo, la inercia y el retraso en la toma de sus decisiones, así como el desconocimiento del sistema financiero, les impide tomar el control de una planeación financiera de largo plazo.

Independientes y AFORES: ¿por qué no están?

A 10 años de la apertura del sistema de pensiones a los trabajadores independientes, sabemos que  la inmensa mayoría NO cuenta con una cuenta AFORE. Las razones de esta escasa penetración de las AFORE en el segmento de los trabajadores independientes es multifactorial:

  1. Dificultad para hacer el trámite de apertura de una cuenta AFORE como independiente
  2. Escasa promoción de las AFORE vía sus agentes promotores
  3. Escasa difusión de las AFORE de las bondades de ahorrar en una AFORE
  4. Desconocimiento
  5. Desconfianza
  6. Falta de cultura de ahorro y previsional

El problema de mantener esta inercia es que de no incorporarse a una AFORE de manera voluntaria e iniciar un esfuerzo sistemático de ahorro, al llegar a la vejez, los trabajadores independientes dependerán de sus generalmente exiguos ahorros personales, de arreglos informales y familiares o de la asistencia social y/o programa federales de apoyo a adultos mayores que resultan de bajo monto.

Por tanto, en el contexto de un país que envejece deprisa, sumar a los trabajadores independientes y grupos vulnerables (migrantes, jóvenes y mujeres) a los beneficios del Sistema de Ahorro para el Retiro debe ser prioridad para los gobiernos actuales y futuros pues a la fecha se cuenta con un número muy reducido de trabajadores independientes dados de alta en una AFORE.

La aparición de la AFORE Móvil como palanca de inclusión financiera

Abrir una cuenta AFORE como trabajador independiente resultaba prácticamente imposible: trabas, trámites, tiempo. No resulta sorprendente entonces el bajo nivel de penetración de las AFORE en este segmento. Ello, a pesar de que existe un universo potencialmente muy atractivo de profesionistas que podrían fácilmente ser objetivo de las AFORE.

Con el reciente lanzamiento de AFORE Móvil todo cambió. Abrir una cuenta AFORE es hoy un trámite fácil, cómodo y seguro. A través del teléfono celular, y mediante un procedimiento de enrolamiento que toma aproximadamente seis minutos, todos los trabajadores independientes podrán, por fin, empezar a ahorrar para su futuro en una AFORE. Con ingresar la CURP, una identificación oficial y tomarse una selfie y con la posibilidad de realizar ahorro voluntario desde una cuenta bancaria o incluso domiciliarlo, desaparecen las barreras que dificultaban el proceso de la apertura de una cuenta AFORE para comenzar a ahorrar para su retiro. Y todo ello desde 11 países del mundo. No es exagerado afirmar que se trata de un parteaguas en la historia del sistema de pensiones.

El reto ahora será salir a buscarlos. No será un tarea sencilla pues el universo de trabajadores del país (y de migrantes en el extranjero) es muy amplio y se encuentra, por lo general, muy fragmentado. Se requiere de un esfuerzo concertado entre múltiples actores: gobiernos, cámaras y colegios empresariales, AFORES, líderes de opinión, Universidades y medios de comunicación. Pero si se considera que 80 millones de mexicanos tienen un teléfono celular, y que dicha herramienta es cada vez más empleada como instrumento de trabajo, es factible lograr que en poco tiempo veamos un crecimiento sin precedente en la inclusión financiera de miles de mexicanos al sistema de pensiones.  

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