El Lobo Fino de Guadalupe (Arctocephalus townsendi) habita en Isla Guadalupe en donde se agrupan para su reproducción, además están presentes en el archipiélago San Benito en el cual se encuentran organismos juveniles.

Las amenazas de esta especie se relacionan con la actividad humana como la contaminación del medio marino por combustibles; introducción a las islas de especies exóticas y de patógenos asociados; incremento de temperatura superficial del mar durante El Niño y su efecto en la disponibilidad de presas; y la pérdida de variabilidad genética, a causa de la explotación comercial.

Por lo anterior, el gobierno de México considera al Lobo Fino de Guadalupe como una especie en peligro de extinción y como una especie prioritaria para la conservación. A nivel internacional está enlistado en la categoría de Preocupación Menor por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés), pero está incluido en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés). La U.S. Endangered Species Act de 1973 lo enlista como especie foránea amenazada, y la U.S. Marine Mammal Protection Act de 1972 considera como estratégico al stock único de la especie.

De aquí se desprende la necesidad de contar con un programa integral (PACE) enfocado a la conservación de las especies en riesgo donde éstas se encuentren (dentro o fuera de Anp), que contribuya a realizar sinergias entre las Anp, coordinar los diferentes actores a nivel nacional y priorizar junto con éstos las acciones de conservación.