Por Rafael Diep

Tal vez hayamos escuchado que eficiencia es terminar nuestro trabajo en el horario laboral y no tener que invertir más tiempo del necesario. Pero eso no sucede la mayoría de las veces:

Adrián con mucha frecuencia se llevaba trabajo a su casa, después de terminar su jornada laboral, y cada noche después de cenar con su familia, se aislaba en un rincón a trabajar por varias horas.

En una ocasión, su hija de 6 años le preguntó a su mamá: ¿por qué papá se va a ese rincón todos los días después de cenar?

La mamá le explicó que: Adrián tenía mucho trabajo y no había terminado de hacerlo en su oficina durante el día, y tiene que entregarlo.

La niña entonces preguntó: ¿Entonces, por qué no ponen a papá en una clase con los lentos?

La esposa le contó a Adrián lo que había dicho su hija, y a partir de ese momento decidió no volver a llevar más trabajo a casa.

Reflexionó y dedujo que la única forma en la que podría lograr hacer todo el trabajo dentro de su horario laboral, era delegar parte de él a otros. Por lo que tuvo que aprender a hacerlo, y conforme delegó tareas, sus habilidades mejoraron muchísimo, hasta lograr un ascenso.

Pero delegar es más que solamente transferir trabajo. Significa, según dicen los expertos, involucrar a otros en la responsabilidad de los resultados, darle a alguien más la libertad para tomar decisiones de cómo alcanzar resultados. Significa soltar.

*Consulta el artículo completo en la Revista Mundo del Trabajo No. 128