Señor presidente, en nombre de México agradezco la siempre generosa hospitalidad del pueblo de Guatemala y le reiteramos a usted una felicitación.

Agradezco el liderazgo de su gobierno por avanzar en el proceso de búsqueda de soluciones a retos que, como el Programa Mundial de las Drogas, afectan a nuestro país y a nuestro hemisferio.

Nuestra preocupación no es nueva, como lo es nuestra decidida participación en el debate para encontrar respuestas concertadas ante este grave problema.

En foros bilaterales, regionales y globales hemos unidos voces y esfuerzos, y los avances, sin duda, son logros compartidos.

Nuestra región contribuyó a lograr que en la primera sesión especial de la Asamblea General de la ONU dedicada al tema, celebrada en 1998, se reconociera que el combate eficaz contra las drogas es una responsabilidad común y compartida por todos los miembros de la comunidad internacional.

En el diálogo multilateral tenemos la oportunidad y vía para unir nuestras voces, podemos tomar en consideración las distintas experiencias nacionales y la existencia de un fenómeno de naturaleza global que abarca la producción, el tráfico, la venta y el consumo.

México está convencido de que los retos globales deben enfrentarse siempre de manera conjunta. Los fenómenos de violencia relacionados con la producción, el tráfico y el consumo de drogas han dejado una huella profunda y dolorosa en nuestro continente.

Nadie puede reclamarle a nuestra región, y a México en particular, que no ha hecho lo suficiente, asumiendo enormes costos sociales y económicos. El consumo de drogas, sin embargo, ha aumentado en términos absolutos y se ha mantenido en términos per cápita.

Los vínculos del narcotráfico con delitos como el tráfico de personas y armas y con el lavado de dinero, han multiplicado los efectos negativos del problema mundial de las drogas.

También es un hecho que han surgido nuevas tecnologías de producción; hoy existen nuevas drogas sintéticas o sustancias psicoactivas que no están aún consideradas en las listas de fiscalización.

Es claro que las acciones unilaterales no son adecuadas ni suficientes para terminar con este mal global, requerimos un enfoque integral, basado en el más amplio consenso entre nuestros Estados. Reafirmar nuestro compromiso político a favor de acciones globales reforzará el marco internacional establecido en las convenciones sobre drogas.

La sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2016 representa una oportunidad invaluable para caminar en este sentido, para alcanzar compromisos que nos permitan acordar medidas para reducir la oferta y la demanda, y mantener vigente el principio de responsabilidad común y compartida, poniendo siempre al centro al individuo, a su salud y a su desarrollo integral.

Mi gobierno ha hecho un llamado enfático para aprovechar esta y las próximas citas internacionales, logrando un debate sustantivo, incluyente, plural y transparente.

El daño social vinculado al problema mundial de las drogas es muy alto. Atenta con el bienestar de los individuos y contra nuestra oportunidad de desarrollo como sociedad.

Hoy tenemos la posibilidad de generar compromisos para prevenir, reducir y contrarrestar este daño, y apuntar hacia la planeación integral del problema y encontrar estrategias de salud práctica, de prevención del delito y de generación de oportunidades.

Tenemos también la posibilidad de anticipar factores de riesgo asociados a la violencia y a la delincuencia. La reducción del daño a la que nos han convocado países consumidores, debe extenderse a la prevención del daño social en países productores y de tránsito.

En México, en Centroamérica y en el Caribe, tanto como en África o las islas del Pacífico atestiguamos la violencia, la ruptura de lazos sociales o las condenas desproporcionadas, todo ello vinculado con la lucha contra las drogas.

Por ello, es necesario articular políticas integrales que den la mejor atención a las víctimas de la violencia y mejoren la lucha contra la delincuencia y la inseguridad. Estas políticas serán más exitosas en la medida en que promuevan la inclusión y la regeneración social, la salud individual y pública, y la reconstrucción del tejido social. El fin es garantizar el bienestar de todos los individuos en nuestras sociedades.

Este conjunto de objetivos a favor del individuo enmarca una perspectiva de la prevención del daño social que deberá guiar nuestra acción hacia la sesión especial de la Asamblea General de ONU sobre Drogas de 2016.

Incorporemos a nuestro diálogo el mayor número de visiones e insumos provenientes no sólo de los órganos competentes de las Naciones Unidas, sino también de otras organizaciones internacionales, de la sociedad civil y de la academia.

Busquemos, además, que el debate multilateral tome en cuenta las buenas prácticas, las reacciones y los procesos regionales. En nuestra región, estas lecciones figuran en el Informe Hemisférico de Drogas de la Organización de los Estados Americanos y también en el Informe Regional de Seguridad Ciudadana del Programa de las Naciones para el Desarrollo.

México continuará promoviendo medidas que reconozcan que el consumo de drogas es un asunto de salud pública, que favorezcan el equilibrio entre la reducción de la oferta y la demanda, que se opongan a la pena de muerte y, en general, aborden el fenómeno desde una perspectiva comprensiva y multisectorial.

De esta forma, mediante esfuerzos conjuntos, combatiremos con éxito las causas estructurales del problema.

La resolución que hoy en día aprobamos, gracias a la ardua labor de facilitación de Guatemala y a la participación propositiva y constructiva de los países aquí representados, deberá servir como una voz unida de nuestra región hacia los trabajos que han comenzado, tanto en Nueva York como en Viena, en preparación de la sesión especial sobre Drogas de las Naciones Unidas en 2016.

Muchas gracias señor presidente.