Muchas gracias al ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, a nuestro anfitrión y presidente de esta asamblea, muchas gracias al secretario general de la Organización de Estados Americanos José Miguel Insulza. Muchas gracias también a todos los jefes e integrantes de las delegaciones de los Estados miembros.

México no puede más que celebrar el haber escogido un tema para esta asamblea de tanta pertinencia, el tema es fundamental para nuestro hemisferio, hay amplio consenso de que el desarrollo no puede entenderse sin la inclusión social, se da además esta reflexión, este debate, esta participación, en un contexto en donde estamos en el proceso de definir la Agenda de Desarrollo Post 2015, una agenda que, sentimos nosotros, debe ser transformadora, una agenda que debe de atender las causas y no solamente los efectos de la falta de desarrollo.

Sentimos que la OEA en este proceso debe ser un espacio de construcción para la definición de prioridades y acciones que atiendan las necesidades particulares de nuestra región, un espacio del que hagamos un llamado para que esta agenda se vea universal, incluyente y sustentable para que podamos lograr un desarrollo sostenido.

México ha emprendido diversas acciones para enfrentar con éxito el combate al hambre, el acceso universal a la educación y la salud de calidad. Junto con otros muchos países de la región, hemos visto con satisfacción cómo se generan mejores espacios de acceso en materia de ingresos, de salud, de educación, piso firme, drenaje, electricidad, agua y oportunidades.

Pero hemos visto, también, cómo quedan en México y en la región retos de suma importancia. Quedan retos relevantes y, por eso, celebramos que se nos convoque aquí a hablar, de erradicar la pobreza y la pobreza extrema.

México ha emprendido una cruzada nacional contra el hambre, estrategia de inclusión y bienestar social de carácter nacional, que busca garantizar la seguridad alimentaria y nutrición de los más de 7 millones de mexicanos que hoy viven en condición de pobreza extrema, y contribuir así al ejercicio pleno de su derecho a la alimentación.

México firmó con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, un acuerdo para instrumentar el programa de “Mesoamérica sin Hambre”, que contempla acciones de cooperación buscando erradicar el hambre para el año 2025 de los países centroamericanos, República Dominicana y Colombia.

En materia de inclusión social y económica, México comparte, muy cercano a la agenda internacional de desarrollo, una perspectiva integral para combatir las carencias que inciden en la pobreza, garantizar un trabajo decente, con un salario justo, acceso a la seguridad social de calidad y un retiro decoroso.

México, igualmente, siente gran empatía por la necesidad de garantizar una educación de calidad. Este objetivo ha estado al centro de los esfuerzos de reforma del presidente Enrique Peña Nieto, pues estamos convencidos de que la educación es la gran fuerza transformadora y una herramienta fundamental para preparar el desenvolvimiento social, humano y profesional de los jóvenes.

Igualmente celebramos, como pilar de flexión, la necesidad de buscar esquemas que nos permitan un acceso a los servicios de salud de calidad. Mucho hemos avanzado en México en ese tema y mucho nos queda por hacer en este proceso de construir un sistema nacional de salud universal, que cuente con instancias que fiscalicen y garanticen el acceso a servicios de salud de calidad a los mexicanos, con independencia de su condición social o laboral.

México reitera en la convicción de que la OEA es un foro idóneo para canalizar el intercambio de experiencias, para catalizar la cooperación que nos permita atender los desafíos comunes y fungir como espacio de diálogo entre los diversos países y las distintas regiones y subregiones del hemisferio.

A 66 años de su creación, se acredita con este ejercicio la vigencia y la sintonía de la OEA al actual contexto internacional. Nos señala, nos identifica compromisos y responsabilidades ineludibles, pero también nos permite un espacio para acompañar esta reflexión que hacemos alrededor de la inclusión, de tocar temas igualmente importantes.

Nos ha permitido, por ejemplo, reflexionar junto con Perú, de la importancia que tenemos en esta responsabilidad global de combate al cambio climático y de celebrar la próxima la próxima Conferencia de las Partes que ahí habrá de sesionar y comprometerle el apoyo y el trabajo compartido para que esa conferencia sea un éxito.

Nos ha permitido también reflexionar y celebrar el compromiso de esta región como una región de paz y dar nuestro apoyo al proceso que ha impulsado con decisión y con convicción el presidente Santos en Colombia, y brindarle el respaldo de México y, estoy seguro de la OEA, para que pueda brindarse adecuadamente su instrumentación.

Es un espacio también que nos ha permitido hablar del diálogo, del diálogo incluyente, del diálogo respetuoso, y del diálogo eficaz para dirimir diferencias y recuperar el espacio de paz y de prosperidad en Venezuela.

Para México, este foro supone nuevos espacios de cooperación que permite atender particularidades de sus regiones, niveles de desarrollo y/o intereses con mayor profundidad y alcance. La OEA tiene una gran versatilidad en estos temas, celebra y apoya proyectos de desarrollo económicos comunitarios, por ejemplo en las comunidades de Guatemala y Belice, ubicados en la vecindad de zonas de adyacencia, que buscan resguardar áreas protegidas en ambos países y, con ello, disminuir incidentes y brindar estabilidad y paz en el área, proceso que México busca apoyar con recursos a través de aportaciones voluntarias.

México celebra que los estados miembros hayan estado dispuestos a revitalizar nuestra OEA, a partir de una reflexión sobre una visión estratégica que logre movilizar y alinear todos los recursos disponibles hacia la consecución de sus objetivos estratégicos.

Quisiera agradecer en esta intervención a todos los estados miembros el compromiso y respaldo que ha tenido este proceso, quisiera reconocer el trabajo del embajador Rabasa, quien ha puesto en la consecución, en la elaboración, esta visión estratégica, empeño y dedicación, y estoy seguro logrará convertir ese ejercicio en un buen derrotero para nuestra organización.

Estamos seguros de que habremos de concluir con éxito este ejercicio y que tendremos, en consecuencia, una OEA con una visión renovada para el primer semestre del 2015.

Hemos hablado, también, de derechos humanos y reiteramos desde aquí nuestro compromiso con el fortalecimiento genuino del Sistema Interamericano de Derechos Humanos y con el de sus órganos. Reiteramos y celebramos el haber podido participar activamente en el proceso de reflexión 2011-2013, que arrojó resultados muy positivos hacia la consecución, dio su objetivo. Y recordamos que, en la anterior asamblea, cuando concluimos este proceso formal, conscientes los retos estructurales aún pendientes, mandatados al Consejo permanente para continuar con el diálogo, sobre todo en los aspectos relacionados con dicho fortalecimiento.

Compartimos las mismas aspiraciones, amenazas y desafíos. México habrá de trabajar de la mano con los Estados miembros, a fin de coadyuvar a la conformación de una región en paz, próspera y con mayor desarrollo e inclusión social.

México hace votos para que continuemos con este espíritu constructivo de colaboración en el diálogo, que contribuye a que juntos alcancemos nuestras aspiraciones de bienestar para los habitantes de nuestro hemisferio.

Muchas gracias señor presidente por el espacio y a los demás por su atención.