Muy buenos días tengan todos ustedes.

Escuché con mucha atención a Alicia y no me quedó claro si estaba instruyendo cuánto Twitter, cuánto Facebook, cuánto YouTube, cuánto Periscope teníamos que mandar, ni estaba seguro de que la red aguantara todo ese tráfico. Pero hicimos lo posible por estar a la altura del encargo que Alicia nos dio, y pone en perspectiva la importancia de generar infraestructura para que esta sociedad de la información se actualice.

Buena parte de la conferencia, batallaba yo para acceder a la red, ya habiendo accedido a la red pude cumplir con lo que Alicia nos señalaba, pero pone de relieve lo que aquí se discute. El acceso a la red es fundamental para que podamos constituir una sociedad de información, y ese acceso a la red exige del esfuerzo y de la construcción de políticas públicas de muchos de quienes están aquí reunidos.

Son múltiples las instancias latinoamericanas y caribeñas que se ocupan de alguna de las dimensiones necesarias para hacer realidad la sociedad de la información a la que nos convoca a ello, y a quien reconocemos hoy en su papel de presidente saliente, a José Clastornik; a quien reconocemos y felicitamos como secretaria técnica de la organización, Alicia Bárcena; y a Alejandra Lagunes, que hoy empieza la función de presidirla.

Pero trabajamos en el Mecanismo de Tuxtla para generar Estados que nos permitan reducir la brecha digital; trabajamos en la OEA, en una agenda que nos permite medir y tratar, en consecuencia, de disminuir la brecha digital.

Trabajamos en la infraestructura necesaria para que tengamos fibra óptica en la zona centroamericana, más ampliamente vinculada con Latinoamérica y con el Caribe, para que podamos tener la carretera digital que requerimos para construir el acceso a la sociedad que aspiramos y que se desarrolle al amparo de esta nueva tecnología.

Alicia, cuando empezó su discurso, hablaba de lo que sucedió en 1810 en México, y cómo se difundió este llamado a la guerra de independencia, a través de qué vehículos, con qué nivel de difusión o qué espacios de lectura, y ponía de relieve lo que esas dos mil copias de manifiesto habían podido lograr.

CEPAL nace hace 67 años, en 1948. En 1948 apenas empezaba la aviación comercial, hoy nos desplazamos en ella 240 millones de latinoamericanos. Apenas empezaba la telefonía, y tenían un teléfono menos del uno por ciento de quienes habitaban Latinoamérica y el caribe; hoy ya hay más teléfonos celulares que habitantes en nuestra región.

El correo implicaba tres semanas para llegar de la ciudad de México a Buenos Aires, hoy se mandan 196 mil millones de correos electrónicos todos los años. Y esto es apenas, desde alguna forma, el principio.

Estamos acostumbrados todavía muchos de quienes aquí nos reunimos, a contar con el teléfono celular como un vehículo fundamentalmente de comunicación; Alicia nos invita a pensar en el internet no ya como un espacio de consumo, sino como un espacio también de producción.

Pero más allá del internet como espacio de producción, la sociedad mexicana, a través del acceso a la banda ancha, se convierte también en un mecanismo de acceso, y divide hoy al mundo entre quienes tienen acceso y quienes no lo tienen. Y nos convoca a los que aquí estamos a que nos aseguremos de que para el 2020 seamos pocos, sino es que ninguno, los que no tengamos acceso a este mundo digital.

Y esto es importante en muchas dimensiones, el mundo digital hoy no solamente es comunicación, es también educación, de ello da muestra clara Uruguay, a través de un programa pionero de tabletas, completando el proceso educativo al que ahora se ha sumado México con agresividad, alentando programas que, para ese efecto, ha echado a andar el presidente Peña Nieto.

Pero también en salud; hacia los siguientes años la revolución digital implicará que los más de los servicios de salud se den de manera remota. Hoy un teléfono celular es al mismo tiempo vehículo de comunicación y un espacio que contribuye a que hagamos realidad la campaña, exitosa por cierto, del IMSS de “Chécate, mídete y muévete”. El teléfono nos checa, nos mide y contribuye a que nos movamos.

Hace 200 años se inventó el estetoscopio, hoy un teléfono celular tiene estetoscopio. El teléfono celular monitorea, combinado con los zapatos, que quienes están en la tercera edad guarden equilibrio y si se detecta que les genera dificultad para hacerlo, detone una intervención médica.

Permite medir en tiempo real la glucosa; permite monitorear las señales vitales del paciente; y genera una revolución que aleja el servicio médico del hospital y lo acerca al paciente, a través de los mecanismos de acceso a la tecnología digital. De forma tal que cuando se vuelva a medir pobreza, no será suficiente el que midamos acceso a salud, a educación y a infraestructura de la que es, o la que nos acostumbramos a ver en el siglo XX. Y empezará la medición de la pobreza porque midamos la brecha digital.

Y si logramos superarlo, estaremos ciertos de que a través de esa brecha se podrá combatir la pobreza, dando acceso por esa vía a que la gente tenga mejores oportunidades de educación, mejores oportunidades de salud, mejores espacios de comunicación y, por lo tanto, una integración más productiva como la que hoy nos convoca aquí.

Yo estoy cierto de las reflexiones que se hagan en esta conferencia, estoy cierto del trabajo ministerial que hoy nos ocupa. A los ministros de los distintos países que integran esta red, les doy la bienvenida a la Cancillería de México y a los embajadores que nos acompañan.

Y sin más, daría pues por inaugurados estos trabajos. Seguro estoy que sus conclusiones habrán de ayudar en mucho a que cerremos la brecha digital en nuestro continente.

Muchas gracias y muy buenos días.

 

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