Canciller José Antonio Meade Kuribreña.- Muy buenos días, muchas gracias a Claudia por la presentación. Muchas gracias a Jaime por haberme convocado.

No es lo mismo los tres mosqueteros que 20 años después, estamos presentes muchos de los mosqueteros en la mesa de la que ahora Jaime es cabeza. Y gracias a todos ustedes por estar hoy aquí, por supuesto gracias por haberme invitado a inaugurar este importante foro.

El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales es sin duda en este espacio de remembranza de los 20 años el foro ideal para reflexionar cómo vamos y hacia dónde deberíamos de seguir adelante, lo integra una membresía diversa, plural, una asociación civil que ha mostrado con creces la capacidad de reunir a empresarios, académicos, diplomáticos y líderes de opinión de diversos ámbitos de nuestra sociedad para analizar el estado y evolución de los asuntos internacionales de interés para nuestra nación.

Así lo ha hecho ya desde su fundación hace más de 12 años bajo el certero liderazgo de sus presidentes, primero el embajador Andrés Rozental, luego Fernando Solana, Enrique Berruga y ahora, de manera brillante, Jaime Zabludovsky.

Por supuesto todos y cada uno de los miembros del COMEXI, y en parte ese es el secreto de su éxito, son expertos en diversos temas, en diversos ámbitos de las relaciones internacionales. Sus publicaciones, la participación creciente de sus asociados en los medios y en general su contribución a una mejor comprensión de la realidad internacional y de nuestros días son tareas que debemos reconocer y agradecer al COMEXI.

México a 20 años del tratado de libre comercio seguirá avanzando para construir y revitalizar la idea de una Norteamérica próspera y dinámica, por ello al cumplirse 20 años de la entrada en vigor del TLCAN conviene preguntarnos tanto acerca de los logros como de los retos que enfrenta hoy este tratado.

Y aquí la tesis es sencilla, cuando muchos de los que aquí estaban se reunieron hace más de 20 años para empezar a negociar un tratado que hace 20 años de concretó, la idea era una idea audaz.

Ciertamente había tres elementos que apuntaban a que convenía que el tratado podría tener espacios de éxito relevante. Había ciertamente una realidad geográfica, Norteamérica como espacio geográfico es un espacio relevante, tanto por la importancia del porcentaje del espacio tierra-firme que implica, el porcentaje de los litorales del mundo, por su variedad e importancia de recursos naturales, etcétera.

Era una población importante, la era si se sumaban la de Estados Unidos, México y Canadá, y compartíamos en ese momento el valor del libre comercio como eje central de una política de desarrollo.

Pero no era una apuesta obvia, de hecho, como alguna vez platicara Jaime Serra y hoy recordara Jaime Zabludovsky, cuando primero se planteó en la mesa la idea de que en materia de comercio internacional valdría la pena hacer un esfuerzo de integración entre Canadá, Estados Unidos y México, muchos pensaban que convenía concentrar los esfuerzos en los espacios multilaterales y concluir y dar mayor impulso a la ronda de Uruguay.

Bob Pastor pensaba entonces que el concepto de Norteamérica implicaba que tres países emprendieran conjuntamente la tarea de diseñar un conjunto continental, una asociación genuina que va más allá de la retórica, a una definición clara de una comunidad en América del Norte.

Estamos muy lejos de esta aspiración de esta idea Norteamericana, pero el Tratado de Libre Comercio fue un primer paso muy importante.

A 20 años de distancia, ese riesgo que se tomó, esa apuesta que se hizo y entró en vigor, ha dado muy buenos resultados. Muchos de ellos los describió con gran elocuencia Jaime Zabludovsky, pero retomo algunos: se multiplicó el comercio tres veces, decía Jaime, rebasó por primera vez el trillón de dólares el año pasado, hemos dicho en otros foros, más de un millón de dólares cada minuto solamente con Estados Unidos, dos millones de dólares cada minuto cuando integra uno o revisa uno Norteamérica en su conjunto.

Pero un comercio que tiene características muy diferentes de las que nos hubiésemos imaginado hace 20 años. Un comercio que ha hecho de México y de América del Norte su conjunto, uno de los principales actores en materia de cadenas productivas de industrias avanzadas. Hoy, un Jeep V8 tiene un fuselaje que se hace en Querétaro, motores hechos en Canadá  y se ensambla en los Estados Unidos.

Un comercio de bienes intermedios vigoroso, bienes que para terminar se cruzan varias veces nuestras fronteras, y de ello se explica en buena parte nuestra ventaja. Decía Jaime Zabludovsky: “De cada peso que se exporta de México, 40 centavos se adquieren, por ejemplo, en los Estados Unidos”.

Cuando se exporta un equipo eléctrico u óptico de Japón, solamente el 3.3% beneficia a México, Estados Unido o Canadá. Cuando se exporta un bien electrónico de Alemania, solamente el 2.6% beneficia a esta región. En cambio, cuando se exporta un bien eléctrico u óptico de Canadá el 12% tiene contenido norteamericano y cuando se hace en los Estados Unidos, el 20% del valor agregado se explica y se genera en México.

Hoy, a unos días de celebrar la Cumbre de Líderes de América del Norte, pareciera mucho más obvio y mucho más sencillo de vender esta idea de Norteamérica. Sin embargo, encontramos dificultades en que este concepto se aprecie, se aquilate y se le invierta. La gente voltea, con razón, a ver a Asia. La gente está entusiasmada, y con razón, de lo que está pasando en Latinoamérica, y dentro de Latinoamérica, en la Alianza del Pacífico.

Pero si nos paramos con 20 años de distancia y vemos que hace 20 años había geografía, había población y había un ideal, hoy el argumento a favor de Norteamérica es mucho más claro. Si nos concentramos solamente en la población, es una población de características distintas; no solamente somos más en el 2014, seremos muchos más en el 2050. Pero vemos una población dinámica en donde México aporta juventud a la nuestra Norteamérica, y los hispanos dinamismo demográfico a los Estados Unidos y Canadá. Es una población mucho más capacitada, es una población que ha acreditado tener capacidades para salir adelante en mercados globales.

Nuestra geografía también es diferente, a 20 años de distancia del Tratado de Libre Comercio, cuando uno revisa la geografía de América del Norte la encuentra uno con inversiones orientadas todas al comercio. Encuentran una geografía rica en carreteras, rica en ferrocarriles, abundante en puertos, todos ellos diseñados a generar y a favorecer cadenas de valor. Una geografía, en consecuencia, que implica hacia adelante una mucha mayor ventaja de la geografía que teníamos hace 20 años.

Pero tenemos muchos más elementos de los que estaban presentes hace 20 años: tenemos un sistema financiero sólido en los tres países; políticas macroeconómicas sanas y estables en los tres países; compartimos valores, ya no solamente en el libre comercio; una región profundamente democrática comprometida con el estado de derecho, comprometida con los derechos humanos; una región con un perfil energético, que no hace 20 años, hace 5, no nos hubiéramos imaginado.

Si uno toma todos estos elementos en su conjunto, lo que entonces era un riesgo hoy es una necesidad. El argumento en favor de Norteamérica tiene mucho más sentido hoy que el que tenía hace 20 años.

Yo termino rindiendo testimonio a quienes hace 20 años vieron en América del Norte un espacio para construir futuro, tomaron un riesgo, hicieron una apuesta. Esa apuesta, hoy se acredita, tuvo éxito y ha sido fundamental para cambiarle el rostro a Norteamérica. Y los elementos que hoy tenemos en frente hacen que, el argumento de una Norteamérica próspera y dinámica, esté todavía más vigente, esfuerzo e idea que buscaremos posicionar en la Cumbre de Líderes de América del Norte en Toluca en días por venir.

Muchas gracias por haberme invitado.