Señor Presidente:

Agradezco a su delegación por convocar a este debate, así como al secretario general y a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos por sus intervenciones. Quiero rendir tributo a la Señora Pillay por su gran labor y por el apoyo que brindó a mi país durante su mandato.

La prevención de los conflictos es una obligación ineludible que trasciende a los miembros del Consejo de Seguridad; es una responsabilidad de todos los que somos miembros permanentes de esta Organización.

La realidad es simple y devastadora: cuando hay guerra, todos perdemos.

La reconstrucción del tejido social y de las condiciones de gobernabilidad tras un conflicto armado toma muchos años. Cuando éstas no se restablecen prevalece un caldo de cultivo para que se reanuden o emerjan nuevos.

La diplomacia preventiva es la única herramienta para romper este círculo vicioso. Hacemos votos para que esta discusión se traduzca en acciones efectivas en el terreno ya que el costo de la paz siempre será menor que el de la guerra.

Se acusa a la Organización de haber asumido un papel reactivo ante situaciones de crisis.  No creemos que ese diagnóstico corresponda a la realidad y hay que reconocer el papel del Secretario General en cumplimiento de su mandato.  Pero es un hecho que enfrentamos retos cada vez más complejos que exigen mayor sensibilidad y habilidad diplomáticas. Todos los conflictos son diferentes y no existe una fórmula modelo para prevenirlos.

Ante esta realidad, sugerimos tres ideas:

Primera, el Capítulo VI de la Carta de la ONU debe ser leído desde una óptica evolutiva. La puesta en marcha de las medidas preventivas ahí dispuestas deben atender las asimetrías de los conflictos armados del siglo XXI.

Esto no significa hacer de lado la no intervención en la jurisdicción interna de los Estados prevista en el Artículo 2(7).  No obstante, en muchos casos, los conflictos armados internos representan las nuevas amenazas a la paz y seguridad internacionales. Basta mirar el conflicto en Siria para entender el alcance de esta realidad.

Segundo, la prevención debe centrarse también en evitar la posible comisión de crímenes internacionales. Hace 20 años, Ruanda nos enseñó esta dramática lección. La paz no se consolidará si no se lleva ante la justicia a los responsables de los crímenes independientemente del estatus, cargo o rango que ostenten.

En este sentido, resulta esencial que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad se abstengan de recurrir al veto en situaciones donde se pueden cometer o se están cometiendo crímenes de guerra o de lesa humanidad. No se puede por tanto, mantener secuestrada la reforma del Consejo de Seguridad a la definición de un solo aspecto. México continuará apoyando toda iniciativa que impulse la reforma de sus métodos de trabajo y por ello, junto con Francia coauspiciaremos en septiembre próximo una reunión ministerial para reflexionar sobre la urgencia de restringir el uso del veto en las situaciones mencionadas.

Tercero, la prevención efectiva requiere del esfuerzo colectivo para fortalecer el Estado de Derecho en sus planos nacional e internacional, requisito a su vez indispensable para garantizar el desarrollo y sociedades justas e incluyentes. Desarrollo y Estado de Derecho son las caras de una misma moneda.

Reconocemos las contribuciones fundamentales que hacen los Estados, las organizaciones de la sociedad civil y el Secretario General para avanzar en la consideración de los medios para fortalecer al Estado de Derecho.

Como país de la región que más recurre a la Corte Internacional de Justicia, México reconoce el papel fundamental que tanto ésta como la Corte Penal Internacional, entre otras, tienen en el fortalecimiento del Estado de Derecho y la prevención de los conflictos armados.

Señor presidente:

El involucramiento del secretario general directamente o a través de sus Enviados y Representantes Especiales, resulta esencial en esta tarea.

La intervención de la Secretaría puede ser clave en las labores de prevención y en ese sentido, instamos a evaluar la posibilidad de facultar al Secretario General para que pueda solicitar opiniones consultivas a la Corte Internacional de Justicia.  En general, todos los conflictos tienen una expresión jurídica o pretenden ser justificados en la violación de alguna obligación de Derecho Internacional. Dicha opción ofrecería una herramienta de diplomacia preventiva que reforzaría su labor en el marco de los propósitos de la Carta.

Resulta indispensable mejorar la coherencia y efectividad de la acción del Consejo de Seguridad empleando esquemas flexibles de “alerta temprana”, tales como las misiones in situ y los diálogos interactivos informales con las partes en disputa y para la atención de crisis emergentes.

Asimismo, el Consejo debe seguir recurriendo a las operaciones de mantenimiento de la paz y a las misiones políticas especiales. Sin embargo, no podemos abusar de estas herramientas. Es indispensable diseñar un esquema de rendición de cuentas que permita dotarlas de estructura, mandatos y recursos humanos, financieros y políticos apropiados.  Sólo así podrán ser eficientes, eficaces y oportunas en los procesos de consolidación de la paz.

Señor presidente:

En la Cumbre Mundial de 2005, los Estados Miembros nos comprometimos a construir una “cultura de la prevención”. Estos esfuerzos no han sido suficientes. No permitamos que avance la globalización de la indiferencia, como lo ha señalado el Papa Francisco. Y esto no se limita a la voluntad política de los miembros del Consejo de Seguridad.  Garantizar la paz es una obligación colectiva.

El siglo XXI debe marcar del triunfo de la diplomacia sobre el uso de la fuerza. Muchas gracias.