Justo el día en que se celebraba el 35 aniversario del FONHAPO se comenzó a preparar un proyecto de remozamiento de fachadas e impermeabilización, que cumpliría una instrucción directa del Presidente Enrique Peña Nieto: evitar el avance del deterioro del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco.

El Proyecto es para contribuir a la conservación y mejoramiento de una de las construcciones más emblemáticas, de mayor riqueza arquitectónica, histórica y cultural de la Ciudad de México y del país y que gracias a los vecinos de Tlatelolco se podrá concretar la formidable obra, que es resultado del carácter que ellos conservaron a lo largo del tiempo y de sus acontecimientos.

Los trabajos se realizarán sobre una de las construcciones que tiene múltiples significados para los mexicanos y no sólo para los habitantes de la Ciudad de México. La importancia que Tlatelolco está presente en su memoria colectiva, memoria que no se agota en la historia oficial, sino que va más allá, que se nutre y tiene entre sus principales activos, lo mismo la versión oral de quienes participaron en hechos históricos ahí ocurridos y que siguen habitando en algunos de sus departamentos, como de la investigación, la obra, la crónica y la poética diversa y plural, que nos han legado generaciones de mexicanos, que han cedido al hipnotismo de Tlatelolco.

Tlatelolco fue uno de los primeros proyectos de modernización arquitectónica y habitacional de México y Latinoamérica cuando se inauguró en 1964, bajo el gobierno del Presidente Adolfo López Mateos y el espíritu creador del maestro y arquitecto Mario Pani, cuya obra constituye hoy una de nuestras más grandes riquezas como país.

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Tlatelolco es el espacio en el que se funde la historia de México. Ahí están las raíces de Tenochtitlan, también la obra del Virreinato y con la Unidad Nonoalco el triple legado histórico que hoy conocemos como Plaza de las Tres Culturas, espacio en el que, como pasa en todas partes, se han expresado momentos de alegría y tristeza, pero siempre de esperanza y valor para superar los retos que impone la adversidad, como la que hoy nos hemos propuesto vencer al lado de los vecinos de esta Ciudad enclavada en el corazón de Ciudad de México. En el mismo sentido, hay un vínculo orgánico de la memoria común sobre Tlatelolco -seguramente compartida también por millones-, que se remite al terremoto del 85.

Con todos estos referentes, la instrucción del Presidente Peña es un compromiso que requiere de una respuesta rápida, discreta y eficaz, en la que el binomio SEDATU/FONHAPO deberá demostrar capacidad de evitar que la gente de Tlatelolco siga viviendo el deterioro de su patrimonio.

Partiendo del mandato de contribuir a la igualdad de oportunidades para las familias que se acercaron al Gobierno Federal para realizar acciones de mejoramiento, que fueran compatibles con las reglas de operación del FONHAPO, se definió ruta de acción para detonar un proyecto que implica realizar tareas en fachadas principales, posteriores y laterales, elementos sobresalientes de fachadas y faldones con deterioro físico. Se pintarán e impermeabilizarán 90 edificios, un millón 631 mil metros cuadrados, donde se consumirán más de 400 mil litros de pintura, equivalentes a  pintar de piso a techo casi 53 veces la Torre Latinoamericana.

El espíritu de esta intervención del Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto es congruente con su compromiso de estar abierto a la demanda ciudadana de todos los mexicanos sin distinción alguna; y, en especial, de estar atento a las intervenciones que surjan en aquellos espacios, construcciones e inversiones históricas que haya realizado el Estado mexicano en el pasado, como lo es Nonoalco Tlatelolco.