México sostiene que uno de los mayores desafíos para el desarrollo incluyente radica en el combate de las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad, mediante políticas y programas dirigidos a garantizar y ampliar la igualdad de oportunidades. Por ello, ha buscado contribuir de manera relevante al cambio de paradigma del desarrollo global, impulsando la Perspectiva General de Inclusión Social y Económica como principio rector de la Agenda de Desarrollo Post-2015.