Hoy día tenemos una Comisión en plena evolución. Teniendo como referencia las recomendaciones formuladas por el Consejo Permanente de la OEA y las aportaciones de la sociedad civil, con base en la experiencia, mejores prácticas y lecciones aprendidas en más de 50 años, la Comisión ha elaborado una nueva y trascendente agenda de reformas a su reglamento, políticas y prácticas, en un proceso ampliamente participativo y transparente, caracterizado por el diálogo franco y respetuoso. Confío en que este proceso conducirá al fortalecimiento de la CIDH como órgano tutelar de los derechos humanos de las víctimas, en un adecuado balance con la seguridad jurídica, previsibilidad, transparencia y rendición de cuentas que debe ofrecer a los actores del sistema. Como parte de este fortalecimiento es importante continuar impulsando la universalización del sistema, la implementación de las resoluciones de la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos, así como la asignación de un presupuesto adecuado para que las generaciones futuras obtengan del sistema idénticos o mayores beneficios. Considero relevante que la Comisión continúe impulsando actividades de promoción de los estándares del sistema, mediante la cooperación y celebración de convenios de colaboración con diversos organismos nacionales de justicia y protección de derechos humanos, a fin de fortalecer las jurisdicciones nacionales y preservar el carácter subsidiario y complementario del sistema interamericano.