La complejidad de cualquier esquema tributario genera un costo considerable tanto para el contribuyente como para la autoridad fiscal, provocando una subóptima asignación de los recursos, derivada por ejemplo, de los fondos que los contribuyentes tienen que destinar para cumplir con sus obligaciones tributarias y aquellos que la autoridad dedica para realizar actividades de supervisión fiscal y que podrían orientarse mejor hacia otros usos más productivos, limitando la acumulación de capital y la creación de riqueza por debajo de su potencial.

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