La inversión en infraestructura es sinónimo de desarrollo económico y social. La competitividad, el crecimiento económico y las oportunidades de bienestar de las naciones dependen en gran medida de la solidez y la modernidad de su infraestructura.

De acuerdo al Banco Mundial, la inversión en infraestructura es una importante aliada para disminuir la desigualdad social y para generar oportunidades en las regiones más pobres. La infraestructura mejora la competitividad de las regiones al reducir costos y tiempos de transporte, facilitar el acceso a mercados distantes y apoyar la integración de cadenas productivas. Además, de que tiene un elevado impacto en la generación de empleos.

El Foro Económico Mundial en su último reporte sobre competitividad global, señala que nuestro país ocupa el lugar 65 entre 144 economías en materia de calidad general de su infraestructura, nivel inferior al de otros países desarrollados y de otras economías emergentes, y prácticamente similar al promedio general.

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