* Dr. Luis Videgaray Caso, Secretario de Hacienda y Crédito Público

El comienzo del año 2016 ha estado caracterizado por una enorme incertidumbre económica, derivada del deterioro en los mercados internacionales. La economía mexicana no está ajena a lo que está pasando en el mundo y por eso es importante explicar lo que está sucediendo. En primer lugar, persiste una disminución en los precios internacionales de las materias primas -particularmente del petróleo- como reflejo tanto de cambios en la oferta como de un debilitamiento en su demanda. En segundo lugar, se observa una desaceleración del crecimiento económico a nivel global, principalmetne debido al debilitamiento reciente en la economía de China. Y en tercer lugar, continúa la incertidumbre respecto de la política monetaria en Estados Unidos, ya que a pesar de la reacción favorable de los mercados ante el primer incremento en la tasa de interés por parte de la Reserva Federal, sigue la incertidumbre respecto al ritmo de incrementos subsecuentes. Dichos factores han afectado a los mercados financieros tanto de economías avanzadas como emergentes, por la aversión al riesgo de los inversionistas.

México no ha sido la excepción. Al igual que en la gran mayoría de las economías, en nuestro país se ha observado una depreciación del peso y disminución en la bolsa de valores. A pesar de ello, las tasas de interés de los instrumentos de deuda del Gobierno Federal han registrado únicamente pequeños ajustes al alza, a la vez que se mantiene un elevado interés de un amplio grupo de inversionistas en dichos instrumentos.

Ahora bien, ¿qué estamos haciendo en México para enfrentar el entorno externo y diferenciarse del resto de las economías emergentes? Los elementos que nos permiten diferenciarnos y seguir siendo atractivos para los inversionistas son tres: En primer lugar, la fortaleza del marco macroeconómico, donde destaca el firme compromiso del Gobierno de la República por mantener finanzas públicas sanas. Entre las medidas que destacan están los ajustes recientes al gasto para fortalecer el proceso de consolidación fiscal; un cambio en la ley para hacer explícito que los recursos provenientes de un remanente del Banco de México sean utilizados para reducir deuda; coberturas financieras para garantizar los ingresos petroleros; una importante reducción en la dependencia de los ingresos públicos de los ingresos petroleros; y un portafolio de deuda pública bien diversificado y sostenible.

Además, México tiene instituciones fuertes. Con una política monetaria instrumentada por un Banco Central autónomo, gozamos de una elevada credibilidad y se ha logrado que la inflación se ubique en sus niveles mínimos históricos. Finalmente, el régimen de tipo de cambio flexible, junto con un elevado monto de reservas internacionales y los recursos de la línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional, permiten absorber la mayor parte de los efectos del deterioro en el entorno externo.

En segundo lugar, México está instrumentando un proceso de cambios estructurales profundos que a través de mejoras en productividad empiezan a mostrar resultados favorables. México continúa creciendo, impulsado por  un mejor desempeño de la demanda interna, en particular del consumo. Hoy contamos con  mejores condiciones de acceso al crédito y nuevas inversiones en sectores clave como el energético, las telecomunicaciones y las manufacturas. Todo ello, se ha reflejado en una mayor creación de empleos que ha estado acompañada de un aumento en el poder adquisitivo de los mexicanos. Las ganancias en productividad han permitido que los incrementos salariales se ubiquen por arriba de la inflación.

Y en tercer lugar, México se encuentra integrado económicamente a Norte América a través de un sector manufacturero altamente competitivo. Más de cuatro quintas partes de las exportaciones mexicanas tienen como destino los Estados Unidos. Esto quiere decir que nuestro principal socio comercial sigue demandando nuestros productos y que como región estamos compitiendo de manera exitosa frente a otras economías emergentes. En este caso, la depreciación del peso ha incrementado la competitividad de nuestras exportaciones y podríamos esperar mayores inversiones que busquen aprovechar esta ventaja.

Ante la incertidumbre que prevalece en el entorno externo es importante reiterar que la política económica en México continuará orientada a: i) mantener disciplina y consistencia en las acciones de política macroeconómica; ii) implementar adecuadamente las reformas estructurales; y, iii) tener una comunicación activa con los inversionistas y con la sociedad en general. En la medida en que se estabilicen las condiciones en los mercados financieros internacionales, los inversionistas intensificarán el proceso de diferenciación y los mercados en México se ajustarán favorablemente para retomar niveles congruentes con los sanos fundamentos de la economía.