Históricamente, la conversión de bosques y selvas para el uso agrícola ha permitido la producción de cultivos alimentarios, la crianza de ganado y la construcción de asentamientos humanos. Este proceso continúa, en menor escala, hasta nuestros días. Para los sistemas tradicionales de producción la interacción entre la agricultura y el bosque ha representado la posibilidad de un hacer un uso muy diversificado de los recursos y servicios de los ecosistemas.