Este enfoque es coherente con las conclusiones de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, que identifica el cambio de uso del suelo, el consumo de recursos naturales y el cambio climático como las tres principales causas directas de la degradación de ecosistemas terrestres. La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio recomienda inversiones en la prevención y control de la degradación de tierras en zonas de medio y alto potencial de producción, que son esenciales para el sustento de los pueblos, y en las zonas afectadas donde las consecuencias sociales de la continua degradación de la tierra pueden desencadenar graves problemas ambientales y de desarrollo.