Con 25 años de presencia en la región y fuerte proyección internacional, el Grupo Ecológico Sierra Gorda desarrolla actividades que van desde la educación ambiental hasta el combate a la pobreza entre los propietarios forestales de la región queretana, como una forma de proteger la biodiversidad, afirmó el director del programa “Tierras para la Conservación”, Roberto Pedraza Ruiz.

El también ambientalista y fotógrafo de la naturaleza destacó que, con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, del Fondo Mundial para el Medio.

Ambiente y el Programa de Coinversión Social, de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), así como de otras instituciones mexicanas de los tres órdenes de gobierno, el proyecto impulsado por la emprendedora social Ashoka Martha Isabel “Paty” Ruiz Corzo, ha cobrado gran fuerza.

En la actualidad, casi 50 mil hectáreas de la Sierra Gorda, que comprende los municipios de Peñamiller, Pinal de Amoles, Jalpan de Serra, Arroyo Seco y Landa de Matamoros, en el estado de Querétaro, están cubiertas con un esquema de pagos por servicios ambientales con recursos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), por gestión del citado grupo ecológico y la Fundación “Gonzalo Río Arronte”.

“Su trabajo es conservar los bosques internos libres de emisiones de carbono, por lo que por prestar servicios ambientales reciben al año casi 17 millones de pesos”, dijo Pedraza Ruiz, quien refirió que en la zona se apuesta también a la diversificación productiva, siendo uno de los fuertes componentes el ecoturismo.

“Ahora, aquí en la Sierra Gorda, las comunidades o propietarios locales son los dueños de la infraestructura; no son empleados”, agregó.

Las mujeres son parte esencial del proyecto y alrededor de 70 se han convertido en microempresarias, al ser dueñas de fondas o liderar proyectos de bordados, cerámica, preparación de alimentos y ecoturismo, “ya que Querétaro es un estado a la alza en cuanto a sus valores turísticos”.

En la reserva de la Sierra Gorda, que abarca 383 mil 567 hectáreas y en la que hay alrededor de 100 mil habitantes en 638 localidades, funciona, asimismo, una red de 113 centros de acopio de materiales reciclables, que genera su propia microeconomía, ya que los pobladores son los encargados de mover miles de toneladas de cartón, papel, vidrio, plástico y envases de PET, que de otra manera estarían tirados en la sierra.

Otros proyectos de desarrollo social a través de los cuales se apoya a la comunidad local, afirmó Pedraza Ruiz, son “La Ruta del Sabor”, en la que se pueden degustar distintas cocinas a lo largo de la carretera; los huertos de traspatio, que ayudan a combatir la desnutrición, porque son productos orgánicos (libres de químicos) o bien los ecoalbergues, propiedad de los mismos habitantes.

Sin embargo, considera, “el mayor capital del área es su capacidad para prestar servicios ambientales, lo cual deja importantes beneficios a los propietarios por la conservación de bosques y selvas”.

El Grupo Ecológico Sierra Gorda tiene especial interés en seguir analizando el carbono para medir, de manera efectiva, su emisión contaminante y generar bonos para que las empresas de la región regulen su producción.

“Pronto, la Semarnat y la Sagarpa pagarán a los agricultores por la captura de carbono, pues con esta acción se estará combatiendo el cambio climático”, aseveró Pedraza Ruiz, cuya organización, junto con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), se hizo acreedora al premio “To Do”, otorgado por la Bolsa Internacional de Turismo de Berlín, por hacer un modelo de turismo responsable, donde los habitantes del lugar son los grandes beneficiarios.

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