Primero quisiera empezar por agradeciendo todo respecto de este evento, excepto la distancia. No faltó carencia, no hubo carencia de tráfico para llegar hasta acá. Me disculpo.

Segundo, quisiera empezar por reconocer a Rosario que es quien debiera de haber subido a recoger este reconocimiento porque no solamente fue quien instrumentó el programa de comedores y quien puso al centro del debate, en materia de pobreza, el tema alimentario y que concibió una política pública orientada a generar espacios de certidumbre en materia de alimentación, sino que puso de relieve al hacerlo un elemento adicional, e invitó a que Coneval participara en la evaluación misma de la construcción del programa, no ya en la etapa de los resultados sino en la forma, incluso, en que el programa se concibe y se coordina.

Y esto yo creo que habla de un buen diseño de política pública, de una definición que debe de ser reconocida como una buena práctica y como una práctica, además, valiente de someter a consideración de una instancia autónoma una política pública, desde el inicio incluso en su aspecto solamente de coordinación.

Quisiera, en consecuencia, pues reconocer ese trabajo de Rosario y de su equipo en la Secretaría. Quisiera además reconocer que para la Secretaría asistir a este evento es importante porque nos permite acreditar que son muchos quienes efectivamente habrán de acompañar la gestión que en materia de pobreza encabeza el presidente, comprometiéndose también con estas buenas prácticas.

Y que sabemos que contamos en este ejercicio, y nos da un gran gusto, con la Secretaría de Hacienda, con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de Gobernación, con la SEDATU.

Y eso nos da confianza y tranquilidad de que la articulación que el presidente ha venido buscando, en materia de construir en México inclusión y Prosperidad, es una política que habremos de compartir las diferentes dependencias que en ese tenor tenemos incidencia.

Me da gusto además porque me da gusto compartir y celebrar una decisión valiente, es de las pocas veces que voy a poder hablar primero yo, sin que luego hable Gonzalo en radio para corregir lo que dije yo en la entrevista anterior, pero parece que es valioso.

Se ha hablado mucho de cómo se mide la pobreza en el mundo y cómo se mide la pobreza en México. Se ha señalado, y yo lo he hecho, que la pobreza en el mundo tiende a medirse conforme a una línea de pobreza que se ubica en un dólar 90.

Inmediatamente después de que yo digo eso, habla Gonzalo al radio y aclara que el dólar 90 surge del promedio de la línea de pobreza de los 15 países del mundo, y que por lo tanto no es relevante para México. Y tiene razón.

Y tiene razón en un sentido amplio, tiene razón porque no es relevante a México y tiene razón porque no nos dice mucho respecto de cómo debiera ser una política pública que generara inclusión.

El dólar 90 como medida de lo que vemos fuera no nos da un mapa de ruta de qué tendríamos que hacer para que el país, o quiénes se ubican por debajo de ese umbral efectivamente logren  superar, y se dieron a la tarea en Coneval hace diez años de tomar en serio la pregunta de qué implica ser pobre en México.

Una pregunta complicada, una pregunta que exigió el que se conjuntaran en Coneval un consejo integrado de manera plural, de manera interdisciplinaria, y que reflexionara de forma seria, de forma comprometida, una pregunta que está en la esencia de la definición de la política social y de la política pública en México.

Qué implica ser pobre en México y que tenemos que hacer para superarla, y construyó un modelo que es propiamente mexicano, y de que hoy México habla, lo exhibe en el mundo, que es la medición de pobreza multidimensional, y esa medición de pobreza multidimensional sí es una guía de política pública.

Porque nos dice en primera instancia que para combatir la pobreza y generar prosperidad se necesita ingreso, pero ingreso desde una perspectiva muy concreta, se necesita ingreso para poder adquirir una canasta de consumo alimentaria y una canasta de consumo no alimentaria, y ahí hay ya una primera definición.

La política pública que fortalece la generación de ingresos es una política pública que combate a la pobreza. Pero la política pública que genera buen acceso a los satisfactores que están atrás de la línea de pobreza es también una buena política pública.

Y lo que nos dice el Coneval, que no nos dice el dólar noventa es: preocúpense quienes construyen política pública en México, y quienes participan de la economía de país en generar condiciones adecuadas de acceso para los precios de los alimentos, porque eso es importante para los pobres.

Preocúpense en agricultura, de construir una política sanitaria adecuada, porque si hay un problema sanitario que se refleje en precios eso afecta a los más pobres.

Preocúpense de ciudades y municipios, que tengan una política de transporte público adecuado, porque si hay una política de transporte público adecuada eso permite acceso y ayuda a los más pobres, preocúpense de que tengamos una buena política de telecomunicaciones, porque si se puede hacer uso de la telefonía en condiciones accesibles, eso le ayuda al más pobre.

Preocúpense de tener una buena política energética, porque en ausencia de una buena política energética condenamos al más pobre a seguir recolectando leña para calentar su casa y a tener ineficiencias en la forma en cómo se utiliza la energía, en perjuicio de su salud y del medio ambiente. Todo eso nos dice cuando migramos del dólar 90 a esta medición multidimensional.

Pero no contentos con eso en el Coneval, no satisfechos con decirnos que lo que tenemos que hacer es subir los ingresos, generar condiciones de competencia en la provisión de bienes públicos, generar un entorno de infraestructura conducente a buenos precios y buen abasto de bienes fundamentales, nos dice: “Eso no es todo lo que es relevante en pobreza. Lo que es relevante en pobreza es construir un entorno en donde se tenga acceso a derechos”.

Y nos dice cuáles, y nos dice cómo evaluar, si como sociedad estamos siendo exitosos en generar condiciones de acceso para estos derechos y nos dice: “No escaparemos a la pobreza mientras haya niños de 3 a 15 años que no estén yendo a la escuela; no escaparemos a la pobreza mientras haya mexicanos que no han terminado primaria y secundaria y que no puedan acreditar su competencia en el mercado laboral para conseguir un empleo; no escaparemos a la pobreza si estamos preocupados cuando nos enfermarnos, no de recuperarnos sino de lo que enfermedad habrá de hacer en nuestro patrimonio; no escaparemos a la pobreza si nos despertamos preocupados de si vamos a poder comer o proveer de alimentos a nuestra familia; no escaparemos a la pobreza si no dotamos de condiciones de servicios en la vivienda y bienes de vivienda digna”.

Por todas esas razones, por la construcción de esa conciencia habrá que agradecer a Coneval por estos 10 años de compromiso, y habrá que reponerle todo lo mal que hablamos de ellos en privado, todo lo que nos quejamos de su poca flexibilidad, de su intransigencia, porque al final esa exigencia, ese llamado a nuestra conciencia nos está permitiendo tener un mejor país.

Muchas gracias pues a Coneval y muchas felicidades