Muy buenos días tengan todas y todos ustedes, estoy muy contento de la invitación que me hizo María Angélica Luna y Parra a acompañarlos hoy por la mañana en esta inauguración de un seminario importante sobre investigación.

Aquí hemos escuchado que compartimos retos que son ancestrales, desde la Colonia en algunos casos, pero que los compartimos con un enfoque distinto y en un entorno diferente, en un entorno de diálogo, en un entorno de interés compartido por transformar al país en un país de derechos.

Dos cosas se necesitan para que seamos exitosos en enfrentar los retos que tenemos de pobreza.

Se necesitan leyes y se necesita compromiso. Compromiso gubernamental, compromiso social, compromiso privado.

Si tenemos las leyes y nos falta el compromiso, enfrentamos el riesgo de que esas leyes no sean derecho vigente en el país y se conviertan en letra muerta.

Y si tenemos compromiso y no tenemos un eje articulador en la legislación, corremos el riesgo de que los esfuerzos se vayan dispersando y que no alcancen el objetivo que estamos buscando.

Cuando podemos conjuntar los dos elementos, la legislación como principio articulador y el compromiso gubernamental, social y privado los resultados que iremos alcanzando irán siendo mejores.

Y parte fundamental de esa buena dinámica se da justamente en espacios de diálogo no sólo como estos, que propicia María Angélica, sino como los que lleva propiciando ya muchos años. De espacios de esfuerzos como este, el diálogo que María Angélica y que ustedes han venido participando, articulando, del que han sido protagonistas, han salido al mismo tiempo leyes y compromisos.

Es interesante en el tema amplio de la pobreza cómo es hasta hace muy poco que empezamos a hablar con las diferentes comunidades que la sufrían. Que empezamos a entender en cabeza de quien sufría el reto particular qué es lo que implicaba y qué tenemos que hacer para resolverlo.

Hasta antes de los ochenta no teníamos ni siquiera una buena métrica de pobreza. No teníamos una definición ni jurídica ni política de qué implicaba ser pobre en México. No es de hecho sino hasta el 2008 que se consigue un consenso político y jurídico de qué implica pobreza.

Un consenso político y jurídico que detonó un debate de umbrales, un debate de umbrales que no es sino hasta hace relativamente poco que empezó a ser de veras el eje articulador del diálogo entre gobiernos.

Una definición de pobreza y de sus umbrales que implica el tomar la decisión de decir en México no puede haber una sola niña o niño que no esté yendo a la escuela. En México no puede haber ya adultos mayores que no hayan terminado primaria y secundaria y que por lo tanto estén condenados a vivir fuera del mercado formal. En México no puede haber quien esté ajeno a la salud o a la seguridad social. En México no podemos ya aceptar que las viviendas no sean dignas o que no tengan servicios en la vivienda y México, el México de hoy, no es compatible con un México de hambre, con un México de seguridad alimentaria.

Pero una vez habiendo tomado estas decisiones fundamentales y tratando de aterrizar ese compromiso gubernamental, ese compromiso de la sociedad civil, del sector empresarial y llevarlo a la práctica nos  empezamos a encontrar diversos tipos de retos.

No es lo mismo llevar servicios a la vivienda urbana que llevar servicios a la comunidad que está alejada. No es lo mismo enfrentar la pobreza desde el reto que implica la discapacidad o el ser objeto de violencia familiar o el ser víctima de trata o el tener sus derechos sexuales cuestionados o el vivir fuera del contexto familiar en un refugio o en un albergue y el reto nuestro, el compromiso nuestro que tenemos que llevar a cabo, que tenemos que superar juntos, implica de veras transformar el país en este mundo de derechos.

Y para transformarlo en este mundo de derechos tenemos que sumarnos todos. El ejercicio del gobierno tiende a ser un ejercicio de brocha gorda. Importante, efectivo, fundamental, con un despliegue amplio, con una presencia cotidiana en miles de vidas de millones de mexicanos.

El gobierno está presente, a través de Prospera, en 26 millones de vidas todos los días, el gobierno está presente en las pensiones de adultos mayores en millones de vidas todos los días, el gobierno está presente en el abasto social en toda la geografía del país, está presente con el programa Liconsa en buena parte de las comunidades.

Está presente con el seguro de jefas de familia en beneficio de muchas, de millones ya, de jefas de familia que sabrán que la orfandad no implicará que se inhiba el desarrollo de sus hijos. Pero el gobierno se atora cuando el problema empieza a ser más complejo.

Y no es lo mismo este enfoque importante, este enfoque vigoroso, este enfoque robusto, cuando empezamos a querer aterrizarlo en llevar esos servicios y en hacer de esta vida de derechos plenos, realidad en todos los retos que enfrentamos.

¿Cómo nos aseguramos de la salud de quien es objeto de violencia a través de la trata? ¿Cómo nos aseguramos de la educación a la familia que fue desintegrada por un fenómeno de violencia familiar y que hoy está en un albergue? ¿Cómo nos aseguramos de que la discapacidad goce de plena inclusión? y que la fuerza productiva de quien enfrenta un reto no se pierda por una falta de empoderamiento, desde la sociedad civil y desde el gobierno. Y para ese enfoque seminarios como estos son muy importantes.

Se dijeron aquí varias frases que a mí me parecieron importantes. Primero, que había que reconocer que los esquemas, decía Martha Cheli, eran diferentes y que había un aprendizaje en ver cómo se habían resuelto con diferentes prácticas los restos en diferentes geografías, que había que aprender a valorar las opiniones de los demás.

Se decía, y también lo dijo con claridad en el tema de trata, que había que construir una red que nos implicara a los 120 millones de mexicanos, que había que reconocer que todos ellos tenían derecho, como se vio en el video, a ser felices, que a través del cambio que se lograra en la vida de una persona en el país podíamos transformar al país en su conjunto.

Esa es la invitación que hoy tenemos aquí en el seminario, ese es el esfuerzo que juntos estamos construyendo en un contexto de un diálogo ampliado, no solamente hoy dialoga por instrucciones del presidente Peña Nieto el gobierno entre sí, a través de la Cruzada y con la estrategia nacional de inclusión, un diálogo que estaba ausente, un diálogo que permitía que el programa de Adultos Mayores estuviera separado del de Seguro Popular, que Prospera estuviera separado también del Seguro Popular, que la educación para adultos no tuvieran un diálogo con las poblaciones que enfrentaban vulnerabilidades y fragilidades como las que a diario enfrenta la Secretaría de Desarrollo Social.

Ese diálogo articulado debe de llevarnos a que tengamos mejores resultados, pero la experimentación, el enfoque más graduado, el enfoque más matizado, el enfoque más creativo, es el que se da desde la sociedad civil, enfrenta el reto de ver cómo la comunidad indígena es productiva a través del turismo alternativo, ese ya es un enfoque mucho más específico y puntual del que tenemos desde la política pública de gobierno.

El enfoque y el reto de generar inclusión y vida independiente, en donde por cierto Santiago puede estar tranquilo de que lo explicó bien y nadie se le va a aparecer en la noche para hacerle reclamo ninguno de su exposición, el reclamo y el reto de llevar educación a quien vive en un refugio o en un albergue por la razón que sea.

En esta administración, en este semestre, de hecho, vamos a alcanzar mil millones de pesos ya en el programa de Co-inversión Social. Se van a haber apoyado 4 mil 300 proyectos que cambiaron la vida de más de 1 millón 300 mil mexicanos.

Fue un programa, este de Co-inversión Social, que no será objeto de recortes como parte del programa de ajuste del presidente. Seguiremos por lo tanto trabajando de la mano de un grupo cada vez más amplio de diálogo, el espacio de diálogo de la sociedad civil atendido por Indesol creció en más de un 30 por ciento en lo que va de la administración.

Cuatro de cada diez organizaciones de la sociedad civil, que hoy participan en diálogos como estos, se sumaron a la red de Indesol apenas en estos últimos tres años. Yo quisiera por lo tanto terminar estando cierto de que este seminario va a ser exitoso, de que nos va a dar nuevas ideas y terminar reconociendo a quien ha sido permanentemente motor de la sociedad civil todos, quienes aquí hoy están con generosidad aportando su experiencia, pero sobre todo a María Angélica Luna Parra, que no sabemos luego si está del lado del gobierno o de la sociedad civil, pero que estamos seguros que están a favor de un México transformado y diferente.