Muy buenas tardes tengan todas y todos ustedes.

Una de las primeras reuniones plenarias que tuvo este grupo parlamentario cuando empezaba apenas la legislatura, fue en la Secretaría de Hacienda, por lo que eso implica ya para mí la oportunidad de reunirme con el grupo parlamentario en tres instancias diferentes.

Eso para mí, y espero que para ustedes, sea motivo de mucho gusto. Para mí sin duda es oportunidad de encontrarme con el grupo parlamentario del PRI, el grupo parlamentario del Verde, pero encontrarme con amigos de muchos años, que nos hemos acompañado en estos desempeños y en esta Legislatura, pero que hemos caminado juntos en muchos desempeños más desde hace mucho tiempo, siempre buscando construir consensos y política pública, construir acciones de gobierno que beneficien el país.

Estoy muy contento de estar de nuevo con ustedes, muy contento y muy agradecido con el líder Emilio Gamboa, por su generosidad, por su consejo permanente, porque me hace sentir todos los días que hay un grupo parlamentario que está en ánimo de sumarse, de participar, de enriquecer la estrategia de un México incluyente.

Muy contento de estar con el grupo parlamentario del Verde, con mi paisano, con Carlos Puente, zacatecano distinguido él; yo zacatecano ya más diluido, pero muy contento, insisto, de la oportunidad de que nos acompañemos.

Como decía el senador Gamboa, la pobreza es sin duda el reto que más importa hoy para el país, tenemos que ganar la carrera contra la pobreza, una pobreza que ha venido creciendo en el tiempo; una pobreza que es al final del día razón de ser de la política.

La política social no es una política más, es la razón de ser de la política.

No tenemos un adversario enfrente más temible que la miseria, ni un compromiso más claro del Presidente que enfrentarla con creatividad; que buscar este México incluyente, buscando que se sume a su estrategia los tres niveles de gobierno, la sociedad civil, el sector empresarial, y eso es lo que hemos venido buscando hacer.

Si me lo autorizan el senador Gamboa y el senador Puente, la presentación se dividiría en dos: una, que nos permita poner de relieve cuál es el tamaño del reto que estamos enfrentando, cómo entendemos la pobreza, cómo la medimos; cómo podemos en perspectiva cuáles son las brechas que tenemos que cerrar para lograr este espacio de inclusión, a la que el Presidente Peña Nieto nos ha convocado.

La pobreza es más difícil de definir y más difícil de entender de lo que uno pensaría.

El fenómeno de pobreza no se ha caracterizado, no se había caracterizado por mucho tiempo, no había datos puntuales que nos permitieran.

Estábamos teniendo pobreza de voz y carencia de micrófono, pero estamos muy agradecidos de que la acción decidida del Senado y de su líder, nos hayan permitido abatirla.

La pobreza tiene rostro humano y tiene diferentes expresiones, implica historias de familia complicada, historias de familia que enfrentan necesidades, que no tienen forma de resolverla, que tienen muchas razones para estar angustiada y preocupada.

Frente a este rostro humano de la pobreza, sin embargo es importante definir métricas, definir metas, poder tener alguna idea de cómo estamos adelantando en términos de generar mejores condiciones.

Y la primer aproximación y la aproximación que por mucho tiempo estuvo vigente para evaluar la política pública, medía la pobreza y la identificaba con una falta de ingresos, que tiene mucha lógica, pobreza desde alguna perspectiva y en alguna dimensión enfrenta, que no tiene el ingreso suficiente para adquirir algunos satisfactores.

Hasta hace cuatro o cinco meses, la línea de pobreza en el mundo, se ubicaba en un dólar 25. Hace algunos meses se ubicó en un dólar 90.

Este dólar 90 es relevante, porque cuando Naciones Unidas habla de erradicar la pobreza extrema, está pensando en un dólar 90.

Porque cuando de forma internacional queremos compararnos con el mundo, estamos también pensando en este dólar 90.

El dólar 90 para efectos de México es insuficiente, no nos permite definir medidas de política claras, porque no entendemos bien qué está atrás de ese dólar 90.

El dólar 90 surge de promediar las líneas de pobreza de los 15 países más pobres del mundo. Esa no es una referencia que para nosotros sea útil ni pertinente, y saber que dólar 90 es lo que implica pobreza en los 15 países más pobres, no nos ayuda a determinar cuál debe ser la política pública que siga un país como México, para superarlo.

Pero es importante de todas maneras, porque es la referencia internacional con la que se mide pobreza, cuando se habla de que la pobreza en el mundo ha caído, de que ahora menos del 10 por ciento de la población mundial vive por primera vez en historia fuera de los umbrales de pobreza, se está pensando en este dólar 90.

Cuando uno dice que la pobreza en Latinoamérica cayó, se está hablando de este dólar 90.

Cuando uno habla de lo que nos queda pendiente por hacer, se está hablando de este dólar 90.

Sin embargo, este dólar 90, no es pertinente para la experiencia mexicana. En el caso de México tenemos umbrales diferentes, y tenemos umbrales que nos permiten entender la pobreza en dos vertientes:

Tenemos un umbral que nos permite entender y medir la pobreza como falta de ingresos, y tenemos umbrales que nos permiten medir la pobreza como falta del ejercicio de derechos.

Vista desde la perspectiva de ingresos, el primer umbral relevante que se calcula cada dos años, es la línea de bienestar mínimo.

La línea de bienestar mínimo está por arriba del dólar 90, pero nos empieza a decir algo de qué tenemos que hacer y en qué tenemos que fijarnos en materia de política pública.

Ya tiene algo que ver con la realidad mexicana, ya tiene algo que ver con la experiencia mexicana.

En 2008, se determinó una canasta alimentaria, que se estimaba era a la que teníamos que asegurar que hubiera acceso, para los y las mexicanas.

Ya nos es útil para política pública, porque si sabemos cuáles son los bienes que están en esa canasta alimentaria, podemos preocuparnos de ver cuáles son las decisiones que podemos tomar, para que esos bienes sean accesibles, para que el abasto de esos bienes sea un abasto pleno.

No todos los bienes son iguales, no todos los bienes tienen la misma importancia en la vida cotidiana de los mexicanos.

Atrás de la línea de bienestar mínimo, está la tortilla, está el arroz, está el pollo, está la carne de res, está el tomate, está el frijol, está el chile, está la cebolla.

Y si nosotros sabemos que esos bienes son importantes y tomamos decisiones en nuestra política comercial, en nuestra política de competencia, en la política sanitaria, en la política agropecuaria, si nosotros hacemos del conocimiento de quienes comercializan esos bienes que tienen impacto en la pobreza y lo utilizan en su política comercial, habremos, por la vía de buena política pública, generar mejores procesos tanto de fijación de precios como de abasto de esos bienes.

Ya empieza por lo tanto a ser un elemento más interesante, ya nos dice algo de qué pensamos como mínimo tengan que servir para el acceso cotidiano a la dieta del mexicano, y ya nos permite empezar a evaluar las políticas en términos de si lo que estamos haciendo o no, es útil para generar un buen espacio de abasto.

Arriba de la línea de bienestar, que nos va a servir para definir quién está en pobreza extrema, hay una segunda línea, que es la línea de bienestar.

Esta línea de bienestar suma a la canasta alimentaria, una canasta no alimentaria, y esto nos permite empezar a evaluar por ejemplo, el resultado de las reformas estructurales.

Porque atrás de la línea de bienestar no solamente están los alimentos, sino que están servicios públicos, están servicios que sin ser públicos implican un importante elemento en el consumo de las familias mexicanas.

Está el transporte, están los bienes que acompañan el acceso a la educación, están los bienes que acompañan las necesidades de la higiene personal y de la higiene del hogar.

Esto quiere decir que una reforma estructural y una política pública que hace que los costos de la electricidad bajen, es una política pública que ayuda a los más pobres.

Una política pública que ayude a que el precio de la telefonía sea más accesible, es una política pública que ayuda a los más pobres.

Una política pública que se traduce en un buen transporte público, ayuda a los más pobres.

Una política pública que implica mejores elementos de competencia en la comercialización de estos bienes, ayuda también a los más pobres.

Y por lo tanto, si sabemos cuáles son estos bienes, y alrededor de ellos tomamos decisiones que permitan que sean más accesibles, que su abasto sea más amplio y sus precios mejores, habremos de estar contribuyendo a superar la pobreza.

Al mismo tiempo cualquier acción que refuerce el que los ingresos de los mexicanos estén por arriba de estas líneas de bienestar mínimo y de estas líneas de bienestar, nos van a ayudar a combatir pobreza.

Un primer acercamiento entonces al fenómeno de la pobreza, es un acercamiento que nos lleva a dimensionar la importancia de los ingresos y la importancia de los precios. Y que nos hacen pensar que quien no tiene ese ingreso suficiente o una política pública que no ayude a asegurar estos espacios de abasto, no nos está ayudando a generar la inclusión a la que el Presidente nos está convocando.

Del 2008 a la fecha, que han venido creciendo los indicadores de pobreza en México, mucho tiene que ver con la dinámica de precios y, por lo tanto, es un tema al que tenemos que ponerle atención, como tenemos que ponerle atención también a la generación de ingresos.

En esta nota, agradecer a este Senado que tuvo a bien aprobar la iniciativa del Presidente, para sectorizar el INAES a la Secretaría de Desarrollo Social. Eso nos va a permitir un puente entre los programas que apoyan  los ingresos de los más pobres y la posibilidad por la vía de la inclusión productiva, de fortalecer también sus ingresos, trazando el rumbo que en materia de pobreza el Presidente ha señalado.

No es suficiente el programa de asistencia en los ingresos, si no construimos un espacio que permita que el programa de apoyo sea piso y no techo de los ingresos de las familias más pobres.

¿Cuál es la otra dimensión importante? Que es y vale la pena señalarlo, una aportación que México hace a la política pública en materia de pobreza.

No es suficiente quedarse en la evaluación de los ingresos para saber qué implica ser pobre en México, y tiene uno que complementar esa visión con el evaluar, el ver en la calle, el ver en los rostros de las familias, si la experiencia cotidiana que están teniendo de acceso a derechos fundamentales está siendo plena o no.

Desde esa perspectiva la ley nos pide que nos concentremos en seis temas fundamentales. Nos pide que nos concentremos en la educación, en salud, seguridad social, en que la vivienda tenga calidad y espacio suficientes, en que a la vivienda lleguen servicios básicos y en que generemos condiciones de certeza en materia alimentaria.

Estos elementos no tienen propiamente que ver con el ingreso, nos permite una dimensión adicional de la comprensión del fenómeno de la pobreza. Y si tomamos en consideración que cuando alguien no tiene acceso a la educación, esta es una niña o un niño que dejó la escuela para apoyar el ingreso familiar, este es un adulto que no terminó la primaria.

Cuando vemos que en México no se tiene acceso a la salud, esa es una mexicana o un mexicano que cuando se enferma se empobrece.

Cuando vemos que alguien en México no tiene acceso a la seguridad social, estamos hablando de un mexicano para quien la vejez es sinónima también de pobreza.

Cuando pensamos en un mexicano o mexicana que no tiene calidad y espacios en su vivienda, estamos hablando de un mexicano que vive con un piso de tierra, que tiene techos y muros endebles, que vive en condiciones de hacinamiento.

Cuando nos damos cuenta que sigue habiendo mexicanos sin servicios suficientes en la vivienda, estamos hablando de una jefa de familia que tiene que salir a buscar agua fuera del hogar, que tiene que recolectar leña para preparar sus alimentos o calentar su hogar.

Todo eso al final resulta de un mexicano que está preocupado de si tendrá o no capacidad de alimentarse.

¿Cómo vamos viendo la pobreza desde el punto de vista de esos derechos? En el año 2008, cuando por primera vez así se midió, había un millón de mexicanos que no tenía acceso a ninguno de estos seis derechos, hoy hay medio millón.

En el otro extremo había 26 millones de mexicanos que podían ejercer plenamente todos sus derechos, hoy hay 33.

Esto es, en seis años nos movimos de un mundo en donde 16 millones de mexicanos tenían dos o más carencias, y en donde ahora esos 16 millones de mexicanos enfrentan una carencia o ya ninguna, esto quiere decir que visto desde la perspectiva de un México que está siendo capaz de crear mejores oportunidades de acceso a la educación, a la salud, a la seguridad social, a la vivienda digna y a la alimentación, hemos avanzado bien; pero, si toma uno en consideración que son solamente 64 millones de mexicanos los que viven en un contexto en donde enfrentan una o ninguna carencia, eso ubica a  una realidad en la que vive todavía un número muy importante de mexicanos, que enfrentan la vida cotidiana sin tener acceso a todos estos satisfactores, que aquí todos damos en muchas ocasiones por sentados.

Estos son muchos de los mexicanos que ustedes ven en sus distritos, que ustedes ven en los recorridos que hacen en sus estados, que ustedes y yo hemos visto juntos, en los recorridos que al amparo de la Secretaría hemos tenido oportunidad de hacer y coincidir.

Cuando sumamos las dos cosas, cuando sumamos los ingresos y los derechos, nos da la fotografía de pobreza del México de hoy. Y la fotografía de ese México en el 2014, nos arrojaba la siguiente información.

Nos decía que había 11.4 millones de mexicanos que tenían menos ingresos de la línea de bienestar mínimo y que no podían ejercer tres o más de sus derechos fundamentales; nos decía que había otros 44 que no podían ejercer uno o dos de estos derechos y que tenían ingresos por debajo de la línea de bienestar.

Nos ubicaba tres poblaciones adicionales, una población que tenía ingresos por arriba de la línea de bienestar, pero que no ejercía plenamente los derechos, los vulnerables por carencia social; una población que no tenía los ingresos, pero que podía ejercer plenamente los derechos; y una población que había dejado de ser pobre y que ya no era vulnerable.

Si nosotros hacemos nuestro trabajo bien, esa es la dirección en la que querríamos que los mexicanos se movieran, una dirección en donde hubiera menos pobreza y menos vulnerabilidad, y esa sería la métrica con la que evaluaríamos, si estamos siendo exitosos en construir este México incluyente, insisto, al que el Presidente nos ha invitado a trabajar; que cada mexicano en necesidad pueda ver su vida con una mirada distinta y que sepa que en ese esfuerzo no va a estar solo.

Otro elemento importante es que estos dos mundos no están separados, los ingresos y el ejercicio de los derechos tienen una vinculación cercana.

Cuando nosotros vemos, en la primera lámina, al mexicano que no puede acceder a ninguno de estos seis derechos fundamentales, este mexicano es una niña que no está yendo a la escuela, que comparte su habitación con otras ocho personas, que en la habitación no tiene agua, no tiene drenaje, que no tiene acceso a la luz y cuando se enferma no tiene por lo tanto ni médico, ni doctor, ni medicina, y que no hace tres comidas al día.

Ese mexicano, no se le puede pedir que genere ingresos por arriba de la línea de bienestar, y es lo que estamos aquí viendo.

Uno de cada 10 mexicanos que no pueden ejercer sus seis derechos a plenitud, tiene capacidad de generar ingresos por la línea de bienestar. Hoy se ubican en esa condición medio millón de mexicanos.

Si nos vamos al otro extremo, el mexicano que puede plenamente ejercer sus seis derechos, lo que ahí encontramos, es que en el 75 por ciento de los casos genera también ingresos por arriba de la línea de bienestar.

Eso quiere decir que cuando trabajamos en asegurarnos que los niños vayan a la escuela, que tengamos salud, que tengamos una buena vivienda y certeza en la alimentación, al mismo tiempo estamos poniendo las condiciones necesarias para que por sí mismo, el mexicano construya su prosperidad y su destino.

Mientras más derechos se pueden ejercer, mayor es la capacidad que tiene el mexicano por sí mismo, de forjarse un destino y esa es la condición a la que debiéramos de aspirar.

Es importante y podemos hacerlo, revisar conforme a este indicador, cómo vamos evolucionando en los estados.

Lo que debiéramos de observar, es que del 2008 a la fecha, nos estuviéramos moviendo en un contexto de mayores ingresos y de menores carencias, y efectivamente, si le apretamos, eso es un poco lo que vamos a ir observando.

Todos los estados se empiezan a mover en la dirección de mejor ejercicio de los derechos y de mejores niveles de ingresos.

¿Qué es cierto hasta ahorita? Porque la pobreza tiene muchos rostros, tiene muchas dimensiones, tiene muchas realidades y tiene muchas métricas.

Entonces hasta ahorita ¿qué podemos concluir? Y esto a veces genera confusión, y es útil que esa confusión seamos nosotros capaces con buena información de irla despejando.

Lo primero que es cierto, es que medido conforme a estándares internacionales, la pobreza extrema en México ha caído y caído mucho.

Del 2000 al 2015, la pobreza extrema medida conforme a parámetros internacionales, cayó casi a la mitad, y ubica a México más o menos a la mitad del promedio latinoamericano, esto es, cuando se dice que en México hay más pobreza que en Latinoamérica, es falso; cuando se dice que en Latinoamérica ha caído la pobreza y en México no ha caído, es falso también.

Medido con la misma métrica, México tiene la mitad de la pobreza extrema que tenía en el 2000 y tiene también, la mitad de la pobreza extrema que tiene Latinoamérica, eso es cierto, y se puede acreditar.

Qué también es cierto, que medido conforme a nuestra propia métrica, la pobreza extrema ha caído, ha caído con menos velocidad de la que nos gustaría, y por eso el Presidente convoca a la Cruzada, es una invitación a que superemos la indiferencia respecto de ese reto y a que nos propongamos que en materia de pobreza avancemos más rápido, no obstante lo cual es cierto, que hay menos pobreza extrema en México, medida con nuestra propia métrica.

¿Qué también es cierto? Que hay más pobreza moderada, del 2012 al 2014, el número de pobres moderados en México creció, y ese es un tema que tenemos que asumir, para que podamos enfrentar y tratar, primero de frenar esa tendencia, y luego buscar que esa tendencia se revierta.

¿Qué también es cierto? Que tenemos un México en donde son más plenos el acceso al ejercicio de los derechos, en donde hay más gente que tenga acceso a educación, a salud, a vivienda y a alimentación, pero no todavía en los números suficientes; 16 millones de gente del 2008 al 2014, están ejerciendo mejor sus derechos, que lo que lo hacían, que es un avance importante tomando en cuenta que fueron solo seis años, pero que es un avance insuficiente.

¿Qué también es cierto? Que todos los estados se están moviendo en la dirección de más ingresos y menos carencias.

Pero ¿qué también es cierto? Que hay tres estados que se nos están quedando atrás.

De ahí, la importancia de la propuesta que hace el Presidente de las zonas económicas especiales, o hacemos un esfuerzo particular en Guerrero, en Oaxaca y en Chiapas, o en esos estados vamos a tener un rezago cada vez mayor respecto del país que sigue avanzando.

Esta es un poco la foto que tenemos hasta el día de hoy, es una foto con claroscuros, es una foto que permite acreditar avances, en donde se identifican retos que permanecen, estrategias que están funcionando, áreas de oportunidad en la política de gobierno.

Que nos permiten ver con absoluta claridad que tenemos un problema y un problema muy grande enfrente, que tenemos que superar, pero que nos permiten también hacerlo con la convicción de que el país se está moviendo en la dirección correcta.

¿Qué es lo que estamos haciendo o qué hemos venido haciendo de septiembre para acá, cuál es la estrategia con la que queremos enfrentarlo, y en la que sabemos que este grupo parlamentario, el del PRI y el del Verde se ha sumado y habrán de seguir haciendo en apoyo del Presidente?

Primero, nos preocupó mucho, igual que preocupó a este Senado, que la transición digital fuera un éxito.

La transición digital hoy implica para los mexicanos mayor calidad, mayor diversidad en lo que les llega a los hogares mexicanos, mejores precios, menor gasto de electricidad.

Si nosotros hubiéramos buscado este beneficio para el país, y no hubiéramos buscado que en ese beneficio nos acompañaran las familias de los más pobres, la transición digital se hubiera logrado, los beneficios hubieran sido muchos, pero a las familias más pobres les hubiéramos metido una presión de ingresos que los hubiera vuelto más vulnerables.

Un primer reto entonces, era que acompañáramos la reforma que aquí se aprobó, de suerte tal, que el primero de enero amaneciera México en una era digital, pero que a esa era digital la acompañaran las familias de los mexicanos, y se lograron con un esfuerzo importante, estar presentes en casi 10 millones de hogares, uno de cada tres hogares acompaña hoy la transición digital y la hace con pleno optimismo de que forman parte ellos también del México moderno que estamos construyendo.

Un segundo elemento fundamental en términos de la estrategia, es que generemos condiciones de estabilidad de precios.

Aquí estuvo el secretario de Hacienda, les platicó seguramente con amplitud los graves riesgos y retos que enfrenta México en términos de la economía internacional; seguramente, además, les agradeció que este Senado haya aprobado un paquete económico orientado a mantener la estabilidad de precios, que en este contexto difícil permite que la economía mexicana avance, que avance con contundencia, que avance con suficiencia y que avance sobre todo protegiendo por la vía de precios estables el patrimonio de las familias más pobres.

Además de ese entorno macroeconómico sano, que de la mano del Congreso, de este Senado, de estos grupos parlamentarios se ha defendido, estamos trabajando justamente en instrumentar al amparo de precios, esta buena política pública.

Preocupado por ello trabajan la Secretaría de Economía, la Secretaría de Agricultura, el Banco de México, el INEGI, la Conago incluso para prever riesgos por la vía climática que puedan impactar precios, que puedan prever riesgos desde el punto de vista sanitarios, que puedan también impactar precios.

Estamos trabajando en una estrategia nacional de inclusión, que sume a los diferentes niveles de gobierno, a las distintas dependencias, que haga eje de esa estrategia de inclusión la cruzada nacional contra el hambre, que nos hagamos acompañar de los gobiernos locales; que mejoremos la coordinación institucional con el gobierno, con la sociedad civil y con el sector empresarial.

 

¿Y qué estamos haciendo puntualmente en las últimas cinco láminas? Puntualmente estamos trabajando juntos para superar el rezago educativo. El rezago educativo tiene tres dimensiones y las tres debieran preocuparnos: niñas y niños entre 13 y 15 años que no están yendo a la escuela; dos terceras partes de ellos son niños entre 13 y 15 años que no están yendo a la preprimaria.

Preocupa porque la inversión que hacemos en edad temprana, tiene un rendimiento que habrá de acompañar al niño o a la niña toda su vida.

Ya el Congreso dispuso por ley la obligatoriedad de la preprimaria. La razón de hacerlo es que la preprimaria, la inversión y la intervención temprana rinde frutos durante toda una vida, por lo tanto concentrarnos en atender ese rezago particular ayudaría a resolver dos terceras partes del rezago en materia de niños.

Un número muy importante, casi 20 millones de adultos que no tienen primaria y secundaria. Este es un tema que preocupa, porque la falta de primaria y secundaria condena al adulto a vivir fuera del sector formal, es prácticamente imposible conseguir un empleo formal si no se pueden acreditar conocimientos de primaria y secundaria.

De la mano de la Secretaría de Educación Pública, del INEA, habremos de hacer un esfuerzo muy importante de regularización para primera y secundaria.

La diferencia en ingresos a lo largo de la vida entre quien termina la secundaria y quien no la termina, es del 87 por ciento; esto es, terminar la secundaria implica casi duplicar el ingreso a lo largo de todo el ciclo vital.

Puesto de forma más dramática, quien termina la educación media superior vive en México cuatro años más que quien no la termina.

Al país le tomó 20 años aumentar su esperanza de vida en cuatro, todo ese esfuerzo que hizo el país se pierde desde alguna perspectiva si no somos capaces de lograr que se supere la barrera de la educación media superior.

La diferencia, entonces, en abatir este rezago educativo, implica no solamente una mayor esperanza de vida, sino durante esa vida una mucho mayor capacidad de generar ingresos y de hacerlo dentro del sector formal. A esto habremos, pues, de abocarnos.

Y lo que estos grupos parlamentarios puedan hacer para ayudarnos, será bienvenido. Estamos buscando que nadie en México capacite sin certificar. Aquí, por ejemplo, el convenio que se firmó con la Fundación Slim, implica que el “capacítate para el trabajo, se va a traducir en un certificado de primaria o secundaria”, y todas las gentes de gobierno habrán de trabajar sí en capacitar, pero al tiempo de hacerlo también en certificar el conocimiento de primaria y secundaria, para cerrar esta brecha de ingreso, para generar mejores condiciones de vida y para abrir la posibilidad de un empleo formal.

En materia de salud, el reto es igualmente importante, la falta de servicios de salud es uno de los principales elementos de empobrecimiento en el país. Una enfermedad, cuando no se tiene cobertura de salud, empobrece; no solamente se preocupa quien la padece en restablecerse, sino que se preocupa por el impacto que tiene en su patrimonio y el patrimonio de su familia.

Una emergencia médica lleva a los grupos vulnerables a contraer deuda, los lleva a perder ingresos y empobrece no solamente entonces al que se enferma, sino a su familia completa.

Aquí es importante que no nos quedemos en el escritorio, no es suficiente con que legislemos sobre el seguro popular; no es suficiente con que construyamos, como hemos hecho, un andamiaje robusto de seguridad social.

Es imperativo que la gente sepa que tiene acceso a esa seguridad social en materia de salud, que tenga acceso a esa seguridad al amparo del seguro popular para que la utilice.

Si tiene el derecho, pero no lo conoce y no lo utiliza, eso implica que la enfermedad empobrece.

Aporto un par de datos y una decisión del Presidente, 6.3 millones de estudiantes de educación media superior y superior, tienen derecho a atender su salud en la seguridad social, solamente 1.3 millones lo saben. Eso quiere decir que el resto cuando se enferma se empobrece.

El Presidente decidió ya que para hacer efectiva esta decisión y este derecho va a afiliar, para que no se quede el derecho ni en el escritorio, ni en el papel, sino que el seguro social en el terreno le diga a cada uno de estos estudiantes dónde está su clínica, dónde su doctor, dónde sus medicinas, para que nunca más pase en México que la enfermedad de un estudiante implique pobreza para su familia.

Hay un número muy importante de afiliados al seguro popular que no saben que lo están y que por lo tanto cuando se enferman se empobrecen, y ahí hay un área de oportunidad que vamos a trabajar con mucha intensidad y coordinados durante el resto de la administración del Presidente, para que los derechos que aquí ya se han consolidado, se puedan en la práctica ejercitar.

En materia de seguridad social pasan cosas parecidas, tenemos tres años de una generación de empleo récord; han sido los primeros, los mejores tres años de una administración desde que se mide la afiliación en el IMSS.

La seguridad social es absolutamente fundamental, porque implica no solamente salud, sino pensión, incapacidad, posibilidad de ahorro, acceso a otras prestaciones, y hay una brecha enorme entre quienes reconocen tener seguridad social y quienes sabemos que la tienen.

Ahí hay un trabajo de despliegue relevante que habremos de hacer para cerrar esa brecha, y que, quien tenga seguridad social lo sepa, la aproveche, la utilice y le saque el mejor provecho posible, asegurando con ello, de veras empoderarlo y generarles mejor inclusión.

Estamos trabajando también en calidad y espacios en la vivienda. Una vivienda solamente cuenta con espacios de calidad adecuados si se reúnen cuatro condiciones, si tiene piso, techo y muro firme, y si no implica hacinamiento.

Y todo ello tiene una razón de ser, un piso firme mejora la salud, evita las enfermedades, potencia las capacidades cognoscitivas; cuando no hay un muro o un techo de material firme, eso implica enfermedades en particular respiratorias.

Y una familia que vive hacinada, implica el riesgo de violencia intrafamiliar, de violencia de género.

No podemos ya en México tener condiciones de calidad y espacios en la vivienda que no sean dignos.

Las brechas son cada vez menores, pero los esfuerzos que tenemos que hacer debe de llevarnos a que estos cuatro indicadores los llevemos lo más cercano a cero posible, porque atrás de estos cuatro indicadores o su ausencia, hay enfermedad, hay violencia, hay discriminación y se dejan de potenciar las capacidades de las familias.

Nuestro principal reto es el hacinamiento, la secretaria Robles lo conoce, lo hace suyo, ha encabezado ya una Cruzada contra el hacinamiento; el Infonavit lo reconoce como importante. Hay también programas del Infonavit agresivos para poder construir una habitación adicional.

Y junto con los estados y en los programas que tiene la Sedesol, y más la Sedatu, estamos buscando orientar ser asertivos en abatir estas carencias que siguen implicando en México pobreza, enfermedad y discriminación.

Servicios básicos en la vivienda. Que también es un elemento que ya no es compatible con el México que queremos. No puede haber mexicanos que no tengan agua.

Ahora el Distrito Federal, y va a ser un interesante acicate, pues de aquí al lunes, con cargo a lo que está haciendo en Cutzamala, muchas familias que hoy da por sentado el agua, van a experimentar lo que implica vivir sin ella.

En México hoy sigue habiendo 10 millones de mexicanos que no tienen. Para ese mexicano, el precio del agua no es el que paga cuando abre la llave y sale agua corriente, es lo que implica salir por ella a un pozo, pagar una pipa, calentarla para cocinar, calentarla para lavar la ropa, el que no tiene agua en su casa no tiene una lavadora, se baña a jicarazos, y es una realidad que enfrentan 10 millones de mexicanos, incompatible con el México que queremos, al que el Presidente nos convoca; 10 millones de mexicanos sin drenaje.

Tenemos y hemos avanzado mucho, y hay que reconocerlo, en materia de electrificación, el esfuerzo que se ha hecho de electrificación en el país es heroico y la cobertura prácticamente completa y seguimos teniendo un número muy importante de mexicanos que utilizan leña para calentarse y para cocinar. Eso también es incompatible con el México moderno al que el Presidente nos convoca.

Y será un resultado también de la reforma energética, en la medida en que vayamos ampliando los circuitos de gas natural y de gas LP.

La electrificación y los menores precios de electricidad, habrían también de ayudarnos a migrar de la leña a la electricidad, con insumo para generar calor y cocinar.

Y por último, tenemos que generar absoluta convicción de que en México a nadie le va a faltar para tener una alimentación variada, suficiente y nutritiva.

El resumen de mucha de esta política pública, tiene que implicar que seamos capaces de comunicar que la acción de los gobiernos, nos va a asegurar como mínimo, certeza alimentaria.

Estamos avanzando en abatir la desnutrición, estamos avanzando en abatir la anemia, pero nos falta junto con ello, generar absoluta convicción, plena convicción de que en México a nadie le faltará variedad en su alimento, nadie tendrá por ingresos que dejar de desayunar, comer o cenar, nadie debe de comer menos de lo que debiera, nadie debe por ingresos de quedarse sin comida o sentir hambre y no comer.

Ese debe, como mínimo, de ser lo que logremos al amparo de este despliegue de acciones de política pública a la que el Presidente nos convoca.

Y todo esto al final podríamos sintetizarlo en la última lámina, lo que queremos y lo que hemos venido haciendo es movernos, dejar ya de encontrar mexicanos que se encuentren en condición de no ejercer ninguno de estos seis derechos, acercarnos lo más posible a que la condición sea de mayores ingresos y de menores carencias.

Si revisamos los mexicanos que tienen tres carencias puntuales, nos damos cuenta que la mayor de ellas es seguridad social, seguidas por servicios en la vivienda, seguida por alimentación, educación y salud.

Eso quiere decir que hemos avanzado mucho en muchos de estos rubros, pero quiere decir también que nos falta mucho por hacer.

Quienes tienen solamente una carencia, esa carencia es seguridad social, eso quiere decir que nuestro principal reto para terminar de consolidar éxito en el combate a la pobreza, es la generación de empleo.

Si el mexicano tiene solamente una carencia, esa carencia tiende a ser seguridad social.

Y finalmente, y como resumen, lo que estamos queriendo hacer con la política pública y las instrucciones del Presidente, es construir un México en donde no haya pobreza y no haya vulnerabilidad.

Muchas gracias.


Ciudad de México, 29 de enero de 2016