Buenos días. Recién llegamos acá nos hizo favor de darnos ya la bienvenida aquí a León, Guanajuato, y platicarnos un poco del perfil internacional y de la capacidad que tiene León de ser anfitrión de grandes eventos.

Habrá de ser anfitrión de un evento importante los siguientes días, que implicó un proceso de reflexión profundo de quienes nos juntamos antes de llegar a este evento, que era quién iba a ganar, si León o América en los siguientes días. Al final llegamos a la conclusión de que no era importante porque los Pumas le van a ganar a cualquiera de los dos.

Quiero agradecer por esta invitación al gobierno de Guanajuato, quiero agradecerle mucho al secretario de Desarrollo Social del estado, secretario de Finanzas, al delegado que estén aquí con nosotros para reflexionar sobre un tema de gran trascendencia, no solamente para este estado sino para nuestro país, y desde alguna perspectiva uno de los temas más importantes en materia de desarrollo social en la región.

El hecho de que participe en él la Unión Europea, a través de este espacio de reflexión de protección social, que tienen claramente un elemento pensionario de la protección social, tiene un elemento de mayor cobertura que empieza en muchos casos con el nacimiento y termina con la muerte, en donde los espacios previsionales acompañan a la vida del ciudadano en todos y cada uno de estos momentos buscando que esos espacios no generen pobreza en el patrimonio familiar.

Uno de los principales eventos que implica presión para las finanzas de la familia empieza justamente con el nacimiento, y probablemente una de las causas más importantes de empobrecimiento es justamente la muerte de un familiar. Y de ahí que el espacio de reflexión de la política de seguridad social empiece literalmente con el nacimiento y termine específicamente con la muerte.

A lo largo de mi trayectoria, no solamente en el servicio público sino incluso como estudiante, me tocó la oportunidad, me lo recordaba Héctor Salgado, de hacer mi tesis tanto de economía como de derecho en el tema pensional. Entonces era un interés fundamentalmente académico.

Después ya, en parte de mi desarrollo profesional, me tocó trabajar con muchos de quienes van a participar en el seminario en el diseño del sistema pensionario hoy vigente en México, en algunos casos como analista, en algunos casos ya como un actor dentro del proceso de diseño y en algunos casos como espectador del proceso de construcción de política pública.

Desafortunadamente cada vez veo el tema pensionario como uno mucho más vigente de interés personal en la medida en que me empiezo a acercar, como muchos ya, a una etapa donde deja de ser un tema académico y empieza a ser un tema vital.

Desde el punto de vista financiero ya en mi desempeño profesional, mi perspectiva estuvo orientada, y mucho, alrededor de un tema que una preocupación fundamental de todos quienes administran temas pensionarios, que es justamente cómo darle sostenibilidad a nuestros esquemas de jubilación.

Las presiones que ejerce sobre el gasto público el financiamiento de los esquemas pensionarios, tanto los contributivos como los no contributivos, han sido objeto de atención en años recientes.

Hay otros muy significativos: el saneamiento del sistema de pensiones del IMSS, el  saneamiento al sistema pensionario del ISSSTE y buena parte de los sistemas pensionarios a nivel de gobierno federal en sus distintas dimensiones. Recién hubo un anuncio importante alrededor del sistema pensionario de PEMEX.

Pero no obstante todos estos avances, la preocupación del impacto presupuestal sigue siendo un elemento que permea en la reflexión de política pública alrededor de esos sistemas. Y también permea la reflexión, no ya del financiamiento de los sistemas sino del impacto que puede tener en el patrimonio de las familias, si todos esos sistemas que hemos construido acaban por traducirse en  tasas de reemplazo que no permitan un desarrollo pleno, ya que en la etapa de rendir.

Desde la Secretaría de Desarrollo Social nos sigue preocupando la importancia central de la viabilidad financiera de estos esquemas, pero nos toca también promover un acceso cada vez más amplio a la seguridad social, entendida también en sentido amplio.

Toca a la Secretaría de Desarrollo Social formular políticas públicas en este ámbito, siempre con una conciencia de balancear necesidades sociales con limitaciones presupuestales.

La tarea central de la Secretaría tiene que ver justamente con garantizar el pleno ejercicio de los derechos sociales consagrados en la Constitución asegurando, entre otros, el acceso de toda la población al desarrollo social.

De ahí, insisto, estos dos pilares: la seguridad social y formal, contributiva en la mayor parte de los casos, y la seguridad social no contributiva pero que también ofrece un espacio relevante, a veces complementario, a veces con incentivos que no necesariamente son los más adecuados.

Pero el acompañamiento de la política social, como anticipábamos, se ve reflejado no solamente a lo largo del ciclo de vida de la población mexicana, sino también reflejado en los diversos programas de la Sedesol.

Prospera, una de los programas de más amplio ámbito, se concentra en salud, alimentación y educación. Hace (inaudible) de su función justamente de los menores. Y alrededor del espacio de diseño de Prospera está un afán de generar inclusión por la vía de la protección social.

Las estancias infantiles, desde el ámbito no contributivo, espejo de las guarderías en el contributivo, atienden a través de la Sedesol a más de 300 mil niñas y niños, y permiten protección justamente durante esta etapa para que el nacimiento y la familia no impliquen dificultad en el acceso al sector formal y laboral.

El programa de empleo temporal  hace también las veces pues de algunos esquemas previsionales de apoyo contributivo, cuando una persona de 16 años o más enfrenta una disminución de sus ingresos por situaciones económicas adversas o de desastres. Y se acompañan estos programas con espacios  que apoyan acceso a abasto social de leche o a abasto rural, al amparo de distintos programas.

Dentro de las prioridades que ha tenido la política social del presidente está también el espacio pensionario, un espacio pensionario que se construye sobre una realidad demográfica que se transforma de manera muy acelerada. Hoy en México hay 8.26 millones de mexicanos con 65 años o más, casi el siete por ciento de la población, parte de ellos con beneficios pensionarios del sector formal, una pensión del IMSS, del ISSSTE, de los institutos de seguridad social en las entidades federativas o de otras entidades públicas, y un programa de pensión para adultos mayores.

La mayor parte del apoyo previsional para el adulto mayor en México, hoy, viene justamente por parte del programa de pensiones para adultos mayores. 5.7 millones de estos 8.26 millones de mexicanos reciben apoyo no contributivo a través del programa de pensión para adultos mayores.

Eso refleja bien el reto que como país tenemos: ampliar la cobertura formal para que sean los sistemas de seguridad sociales formales los que carguen la mayor parte del reto de la transición de los adultos mayores, pero con un complemento fundamental a la par de un programa como el de pensión para adultos mayores.

De qué tamaño habrá de ser la presión de la transición, y justamente de ese tamaño es la importancia del seminario que hoy aquí nos congrega. De estos 8.26 millones que hoy tenemos, habremos de pasar a casi 12 para el 2025, y a casi 25 para el 2050. Habrán de haber casi 43 por ciento más de adultos mayores en el 2025 de los que hay hoy, y casi el doble de los adultos mayores hacia el 2050.

De ese tamaño es la importancia del tema que hoy aquí nos congrega como espacio de reflexión. La tercera edad implica en muchas ocasiones retos de pobreza, implica retos de insuficiencia de servicios, implica retos de discriminación, como problemas de debates que enfrenta esa población, pobreza agravada en condiciones por menor capacidad física, resultado natural de envejecimiento.

Retos que implican no solamente un ingreso pensionario, sino una vivienda en condiciones adecuadas, en ocasiones retos de alimentación, retos de accesos limitados al servicio médico para la atención propia de la edad, insuficiencia de ingresos aún al amparo de programas pensionarios.

La falta de una pensión contributiva es sin lugar a duda relevante y lo es todavía más para quienes en México no tuvieron la oportunidad de una educación formal, una capacitación adecuada, lo es todavía más para mujeres que han tenido una inclusión tardía en el mundo laboral.

Esta reflexión a la que nos convoca el seminario y de la que participa en la Unión Europea, es una reflexión de una preocupación que es parte de lo que se reflexiona en el mundo. En 1982 se creó el Plan de Acción Internacional de Viena y desde ahí se empezaron a formular recomendaciones para enfrentar el fenómeno de envejecimiento creciente de las sociedades contemporáneas.

En 91, la Asamblea General de la ONU se ocupó del tema y también estableció principios que recomiendan los gobiernos recoger en sus distintos programas, específicamente elementos orientados a atender a las personas mayores sobre la base de generar incompetencia, participación, cuidados, autorrealización y dignidad.

En 2002, la misma  Asamblea General formuló una declaración política y Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el envejecimiento, ahí se le agendaba el compromiso de proteger los derechos de las personas mayores.

Eso nos da marco en términos de cuáles son los espacios sobre los que debe de reflexionar este seminario y las pruebas a las que debe someterse cualquier diseño de política pública que instrumentemos.

México, por supuesto, no ha sido ajeno ni al debate ni a la instrumentación de política pública. Tenemos desde 2002 una ley de derechos de las personas de adultos mayores, ahí se crea el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, el Inapam, de donde la delegada está aquí presente con nosotros, que está en el centro de su preocupación procurar un desarrollo integral de las personas con 60 años o más en el país.

En México, según el censo de 2010, sólo el 26.45 por ciento de la población de 65 años o más contaba con una pensión. Es un problema además que se agrava en la población rural, donde solamente uno de cada diez contaba con una pensión que luego esto dimensiona el reto que aquí enfrentamos.

La realidad entonces era una realidad que condicionaba el acceso a una pensión solamente a la calidad de la condición laboral de las personas. De ahí la importancia de este complemento no contributivo.

Al cierre de este año, 5.7 millones de mexicanos de más de 65 estarán recibiendo una pensión social a través del Programa Pensión para Adultos Mayores. El año que entra implicará una erogación presupuestal cercana a los 40 mil millones de pesos y habremos de tener una instancia de participación en más de 86 mil localidades y en todos los municipios del país.

Hay por lo tanto una agenda rica, una agenda que define a la previsión social en las diferentes etapas del ciclo de vida, hay una agenda que implica definiciones alrededor del sistema contributivo y de los no contributivos, hay una agenda que implica el balance entre la construcción de condiciones de dignidad, de inclusión, de desarrollo y los retos presupuestales que tenemos que superar para generar esos espacios.

Y hay que hacerlo con la conciencia de que siempre habrá un adulto mayor en la familia. Lo más probable es que muchos de quienes aquí estamos lleguemos a ser adultos mayores. Eso debiera de motivar como eje rector del seminario, como diría al principio de su participación Héctor, en el futuro habremos todos de habitar, si tenemos suerte como Woody Allen, y ojalá podamos habitarlo al amparo de un buen esquema previsional de una pensión libre.

Muchas gracias.