Muy buenos días, estoy muy agradecido con la presentación que hiciera Sergio y muy agradecido con Sergio en un sentido muy amplio.

Cuando yo fui secretario de Energía había un espacio importante que faltaba, no solamente en la Secretaría de Energía sino en un contexto más amplio de administración pública que era un mejor espacio de diálogo con los ingenieros.

En esa oportunidad el director de Pemex era economista, el director de CFE era economista, el secretario de Energía era economista, el secretario de Comunicaciones y Transportes era economista, todos sus subsecretarios eran economistas y hacía falta, en consecuencia, para balancear a todos esos economistas, por lo menos un buen ingeniero, y Sergio cumplió ese papel con creces.

Yo no tenía el gusto de conocerlo, pero pensando que había necesidad en medio de tantos economistas que alguien hiciera, en lugar de solamente asumir, pues me di a la tarea de encontrar quién pudiera ser la voz de la ingeniería en la labor que estamos haciendo en Energía y desde entonces encontré que tener cerca a un ingeniero ayudaba a que cualquier desempeño funcionara mejor. Fue un gran subsecretario de América del Norte, un gran colaborador, un gran amigo.

Los ingenieros son muy abusados todos porque son presidentes de algo, todos. Y eso hace que los secretarios cuando venimos pues estemos francamente intimidados de hablar frente a tantos presidentes. Pero le agradezco mucho a Víctor, le agradezco mucho a Fernando, que me hayan invitado y me den oportunidad de compartir con ustedes qué estamos haciendo en materia de política social.

Eso parte de tener primero un diagnóstico de dónde estamos, de qué tenemos que hacer para cambiar el rostro que en materia de pobreza sigue teniendo nuestro país y en ese esfuerzo habremos y necesitamos que nos sumemos todos, el gobierno federal, gobierno del estado, los municipios, sociedad, las diferentes profesiones, los distintos colegios. En el combate a la pobreza todo mundo tiene un papel que desempeñar.

Es importante porque todo mundo tiene una concepción de qué implica incidir en pobreza y vale la pena dedicarle algo de tiempo a reflexionar sobre jurídica, política y moralmente qué implica la pobreza en México. Cómo la medimos, cómo la conceptualizamos y en consecuencia, qué tendríamos que hacer para superarla.

Básicamente el reto de la pobreza implica hoy para México que superemos siete umbrales. Que los mexicanos todos en su experiencia cotidiana tengan suficiente ingreso y tengan acceso a educación, alimentación, salud, a seguridad social, a vivienda y a servicios en la vivienda.

Esa es una definición mínima, es un anhelo mínimo de lo que implica ser mexicano y para cada uno de estos temas, para cada uno de estos elementos, hay un umbral que se estima como el mínimo indispensable.

Es importante para considerar que quien en México es pobre no cumple con estos umbrales y al tiempo de revisarlos nos daremos cuenta de que tener todavía en México quien no cumpla con estos umbrales es un drama que debe de movernos a todos a actuar. Es un drama que no puede permanecer invisible.

¿Cuál es el umbral de ingresos, qué tenemos que hacer y qué implica? Hay diferentes umbrales de ingresos en el mundo para definir pobreza. Hay una línea internacional de la pobreza fijada por el Banco Mundial por mucho tiempo, el dólar 25, recientemente actualizada a un dólar 90 por persona por día.

Es importante tenerla en consideración porque es el umbral internacional, porque sirve para las comparaciones internacionales, porque sirve para medirnos con ese referente respecto de nuestra historia y respecto de la evolución que en materia de pobreza, en materia de ingresos y pobreza se da en el resto del mundo.

Pero esta línea surge de promediar las líneas de pobreza de los 15 países más pobres del mundo y por lo tanto nos dice algo. Nos dice que es inaceptable que en México todavía existan quienes vivan con menos de ese umbral mínimo internacional.

Pero no nos dice mucho de qué tenemos que hacer en política pública, ni nos dice mucho de lo que implica la experiencia de pobreza.

En México tenemos un umbral diferente. Tenemos un umbral distinto que tiene implícito una definición explícita de cuáles son los bienes alimentarios y no alimentarios que debieran estar permanentemente presentes en la experiencia de consumo de un mexicano.

De esa forma, en México definimos dos umbrales. Una Línea de Bienestar Mínimo y una Línea de Bienestar.

La primera está referida a una canasta alimentaria. Como mínimo, asume que el mexicano debiera de tener por lo menos los ingresos necesarios para ubicarse por arriba de este umbral porque esos ingresos implican la posibilidad de consumir una canasta de 35 productos bienes genéricos.

Quien no tiene ese nivel de ingreso no tiene capacidad de consumir por lo menos estos bienes que se estiman relevantes en la canasta alimentaria.

Esta definición ya nos dice algo. Nos dice que la canasta alimentaria es importante y nos dice en consecuencia que la política pública para asegurar que esa canasta alimentaria cuente con adecuadas condiciones de abasto y de precio es importante.

Y por lo tanto, podemos juzgar nuestra política arancelaria, nuestra política comercial, podemos juzgar nuestra política agropecuaria y nuestra política sanitaria. Podemos evaluar nuestra infraestructura para ver si toda ella es conducente a que estos alimentos en México tengan buenas condiciones de abasto y de precio.

Y si encontramos que no es el caso tenemos que hacer ajustes en nuestra política pública e inversiones en nuestra infraestructura para asegurar que así suceda. Cuando tenemos un país en donde el precio del jitomate fluctúa dentro de un año el 50 por ciento al alza o a la baja, esa es señal de una mala distribución de la producción del jitomate y de falta de infraestructura para poderlo almacenar y tener fluctuaciones menores. Relevante si uno considera que es parte importante de la canasta de consumo de los más pobres.

Si tenemos el grueso de la producción de pollo y de huevo concentrada en una sola entidad federativa, eso implica que el día que una gallina estornuda sufren más pobres porque habrán de enfrentar mayores precios de la carne de pollo y del huevo por razones de una política sanitaria que permite una concentración excesiva de la producción de un bien fundamental en un solo espacio de nuestra geografía.

Si sumamos a la canasta alimentaria la canasta no alimentaria nos da un segundo umbral que identifica que como mínimo el mexicano debiera tener ingresos suficientes no solamente para satisfacer sus necesidades alimentarias, sino también para tener acceso a luz, a electricidad, a gasolina, para tener acceso a agua potable en el hogar, a un buen transporte público, a los bienes necesarios para la higiene del hogar, para la higiene personal, a los bienes que acompañan un esfuerzo educativo.

Y ahí encuentra valor buena parte de la agenda de reformas del presidente. Una política pública que resulta en mejores precios de la telefonía es una política pública incluyente y que ayuda a los más pobres. Una política pública que resulte en más competencia y por lo tanto en menores precios es una política pública que ayuda a los más pobres.

Una buena política de vivienda y de transporte público es al mismo tiempo una política pública incluyente. Si las viviendas las construimos a tal distancia de la ciudad que el gasto en transporte público supere el pago de interés por la vivienda, esa es una mala política pública que termina afectando a los más pobres.

Por lo tanto, en esta primera definición de ingreso ya hay un espacio de construcción de agenda relevante que cambia la experiencia de la pobreza en México, en donde nos estamos moviendo en la dirección correcta y en donde hay un papel muy importante, que pocas veces se destaca, de muchos de quienes están aquí en esta mesa que por la vía de la innovación, que por la vía de la investigación y del desarrollo ayudan a que la experiencia de consumo, por la vía de precios a través de innovación, esté más cerca de hacerse realidad para muchos más mexicanos.

Por lo tanto, el proceso de innovación, el desarrollo cotidiano de la labor del ingeniero acerca esta experiencia de consumo para que sea vigente para la mayor parte de los mexicanos.

Más allá del ingreso hay seis elementos que se estima fundamentales que el mexicano tenga y experimente en su vida cotidiana.

Educación, en donde el umbral mínimo para efectos de pobreza es que los niños entre 3 y 15 años vayan a la escuela. Si tenemos en México niñas y niños entre 3 y 15 años que distinto de prepararse para cumplir sus sueños están abandonando la escuela para fortalecer el ingreso familiar, les estamos quedando mal.

Si tenemos todavía adultos que no terminaron primaria y secundaria y que por no hacerlo están fuera del mercado laboral formal, como país les estamos quedando mal.

Como mínimo entonces, debiéramos de trabajar y debiéramos de asegurarnos que las niñas y niños que están en la escuela y los adultos cuenten por la vía de la capacitación con los conocimientos por lo menos mínimos de la primaria y la secundaria.

Pongo en perspectiva lo que esto implica. Quien termina la secundaria en México gana a lo largo de su vida el doble de quien no la termina. Quien termina en México un grado de media superior vive cuatro años más en promedio que quien no lo termina, por lo que trabajar para satisfacer este umbral se traduce en mejores ingresos y se traduce en mayor esperanza de vida.

Salud y seguridad social. Como mínimo debiéramos de esperar que cuando el mexicano se enferme tenga por la vía de estar afiliado o inscrito a algún programa de salud o seguridad social, manera de acercarse un médico con una clínica y con medicinas.

Una de las principales causas de empobrecimiento en México previo a un despliegue muy importante del Seguro Popular era justamente la falta de acceso efectivo a un servicio de salud.

Pongo de nuevo en perspectiva lo que esto implica. Antes del Seguro Popular, de diez niños que se enfermaban de leucemia morían ocho. Hoy, de cada diez niños que se enferman de leucemia sobreviven ocho. De ese tamaño es la importancia de tener acceso a servicios de salud y de seguridad social y aquí hay un elemento que es bien importante.

Parte del reto de la pobreza es un reto de información. El pobre no tiene necesariamente acceso a periódicos, a radio, a televisión, a estar informado. Y lo que hemos encontrado en consecuencia, particularmente en el acceso a la salud y a la seguridad social es un desconocimiento de cómo pueden ejercerse los derechos que se tienen. Es incluso un desconocimiento de los derechos.

Todos los estudiantes en México de media superior y superior tienen derecho a atender su salud en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Uno y medio de cada seis millones de estudiantes o uno y medio millones de los seis millones de estudiantes que tenemos en esa capacidad no saben que tienen derecho a atender su salud en el IMSS.

Eso quiere decir que no basta con otorgar el derecho. Que hay que trabajar para que el acceso a ese derecho sea efectivo y eso empieza con el informar de manera eficiente que el derecho existe y está permanente.

En ausencia de ese trabajo de información, el estudiante cuando se enferma esa enfermedad gravita sobre su patrimonio o el de su familia.

Como mínimo debiéramos de esperar que los mexicanos vivieran en espacios que tengan calidad y espacio adecuado y que reciban en su domicilio los servicios básicos a la vivienda.

Seguimos teniendo un país en donde esta no es una realidad vigente para todos los mexicanos. Siguen habiendo mexicanos que habitan espacios que no tienen piso, muro, techo firme. Siguen habiendo mexicanos que viven en condiciones de hacinamiento.

Sigue habiendo mexicanas y mexicanos que todos los días se levantan a buscar leña para poder cocinar o agua fuera del hogar para poder igual cocinar, lavar la ropa y siguen habiendo mexicanos que no están haciendo tres comidas al día, muchos de ellos niños y esa es una realidad que tenemos que cambiar.

¿Cómo hemos venido evolucionando en estas dimensiones? Del 2008 al 2014 se redujo en el 55 por ciento la población que tenía estas seis carencias, pero en México sigue habiendo medio millón de personas que no tienen acceso a ninguno de estos seis elementos.

Esta es una niña de diez años que está trabajando fuera de la escuela para apoyar a su familia, que no tiene cobertura de salud, que no tiene acceso a medicinas, clínica o a doctor. Que comparte habitación con otras ocho personas, que tiene que salir de su casa para buscar leña o agua.

Esta es una realidad que no es compatible y que no es aceptable en el México que queremos construir y es una realidad que aflige aproximadamente a medio millón de personas.

Ciertamente, la mitad de las personas que teníamos en esta condición en el 2008, pero 500 mil personas más de las que debiéramos de tener con la capacidad que tiene el país.

En el otro extremo, que no tienen ninguna carencia: hay 33 millones de mexicanos. Que tengan una o ninguna: hay 16 millones de mexicanos más desde el 2008, 5 millones de mexicanos más desde el 2012. Eso quiere decir que en términos generales nos estamos moviendo hacia un país más incluyente, hacia un país en donde la experiencia de acceder a estos derechos es cada vez más ordinaria, pero en donde a la velocidad que lo estamos haciendo, y las carencias que todavía tenemos, debemos de trabajar juntos en superarlas.

Y debemos de trabajar juntos en superarlas porque es nuestra obligación política, jurídica y moral, pero también porque es condición necesaria para que tengamos un país incluyente. Cuando el mexicano no tiene acceso a ninguno de estos seis derechos fundamentales, solamente el 11 por ciento genera ingresos por arriba de la línea de bienestar.

Por el contrario, cuando el mexicano tiene acceso a los seis derechos el 75 por ciento tiene ingresos por arriba de la línea de bienestar. Esto permite argumentar que si tenemos un México próspero, tenemos que construir un México incluyente.

De la suma de estos dos elementos nos da la geografía del país en términos del acceso a esos satisfactores que estamos construyendo. Y lo que vemos hoy es que tenemos un país en donde esos .4 millones de mexicanos tienen tres o más carencias y menos de la línea de bienestar mínimo como ingreso. Que otros 44 tienen una o dos carencias y menos ingresos en la línea de bienestar y que 24. 6 mexicanos no son ni pobres, ni vulnerables.

De este es el tamaño del reto que enfrentamos y lo que debiéramos de lograr juntos es que el área que se vaya incrementando es la que haga, de la mayoría de los mexicanos, una experiencia en donde no enfrenten ni pobreza, ni vulnerabilidad.

Hay dos regiones adicionales que son importantes, los mexicanos que tienen recursos, pero que les falta el ejercicio de alguno de sus derechos, esto es un pequeño empresario que le va bien pero no tiene seguridad social y el riesgo es que si se enferma se puede empobrecer.

Y hay mexicanos que no tienen los ingresos, pero tienen cubiertos todos sus derechos fundamentales, pero el hecho de que no tenga ingresos lo pone de nuevo en el riesgo de dejar de contar con la cobertura y con el acceso de estos derechos fundamentales, y en consecuencia volverse empobrecer también.

¿Cómo vamos? En términos generales ya a nivel de los estados, aquí platicábamos al principio antes de la reunión, que hay muchos Méxicos y que tenemos que ir trabajando en sacar estas diferencias. Este es el mapa de México en el 2008 por carencias y por ingresos, nótese tres estados que en promedio tienen tres carencias, casi ningún estado tiene menos de una carencia, en términos generales los ingresos tienden a ser bajos.

Fíjense, por ejemplo, que en los últimos tres estados, para ver cómo evolucionan del 2008 al 2014, fíjense en algunos estados como Puebla en donde la evolución verán ustedes es importante. Como el D. F. y Nuevo León en donde los ingresos habrán incrementarse.

Algunos estados como Campeche, en donde sube el ingreso pero se incrementan las carencias, algunos estados como Oaxaca que empiezan a evolucionar pero que encuentran retos para seguir manteniéndose arriba.

¿Qué nos dice esta gráfica? Nos dice varias cosas. Primero, que en la coordinación de asesores del secretario tienen mucho tiempo y pueden hacer estas gráficas que se mueven a todo dar.

Segundo, nos dice que hay tres estados que se están quedando atrás y nos dice, en consecuencia, que respecto a esos tres estados tenemos que hacer un esfuerzo particular y eso explica la iniciativa de las zonas económicas especiales.

Nos dice, sin embargo, que los estados tienden a moverse en la dirección correcta de más ingresos y menos carencias. Hay de hecho ya cuatro entidades que tienen en promedio menos de una carencia. Hay 19 entidades que tienen en promedio menos de una y media carencia. Eso quiere decir que vamos caminando bien, que vamos caminando en la dirección correcta. No al paso que debemos y no todos juntos como debiéramos.

Hay un elemento adicional, o un indicador distinto, que puede poner en perspectiva cómo vamos y qué retos son inaceptables. Los ingenieros están todos consientes de la importancia del cambio climático, están todos consientes de la importancia de tener un desarrollo armónico con nuestra ecología y tienen, por lo tanto, casi como ninguna otra profesión, un espíritu verde.

Y eso debe de animar a algunos, de quienes aquí están, de repente a usar la bicicleta cuando van a trabajar, a todos a que sus construcciones y sus proyectos sean ecológicos. Pero a pesar de esa profunda vocación ecológica, yo apuesto triple contra sencillo, que nadie lava por razones ecológicas su ropa a mano. Pocos trabajos tan extenuantes, tan difíciles, tan poco productivos y satisfactorios como lavar la ropa.

En las divisiones de pobreza hay muchos sesgos, difícil inferir en cuestión de encuestas, difícil entender cuáles son los precios que están enfrentando, pero quien lava la ropa a mano tiene un problema y un reto. O le falta el ingreso o no tiene agua o no tiene luz y por lo tanto ese solo indicador nos da alguna idea de cómo nos estamos moviendo en términos de lo que quisiéramos ver como incluyentes.

En el 2000 son cuatro, cinco estados los que tenían presencia de una lavadora de ropa en 70 por ciento de sus viviendas y algunos estados en el 2000 donde nueve de cada diez viviendas no tenían presencia de una lavadora de ropa.

Podemos ir también viendo cómo evoluciona este indicador que es un indicador más objetivo de carencias y vamos viendo cómo en principio empiezan a ser más los estados que se mueven en la dirección no solamente de mayores ingresos sino de un espacio más incluyente.

Ahí se ve claramente la crisis del 2008, 2009, y se ve sin embargo cómo los estados se van moviendo todos en la dirección de tener mucho más acceso a ese satisfactor. Hoy, en la mayor parte de los estados, en dos terceras partes de los estados del país, siete de cada diez viviendas tienen acceso a una lavadora de ropa.

Pero vuelve a ser cierto que en algunos estados del país, algunos muy poblados, menos de la mitad de las viviendas lo cuentan y esa es de nuevo una expresión del México que debemos de superar y una expresión clara de que un número muy importante de viviendas de un número todavía importante de estados, el agua, la electricidad y el ingreso no son una expresión constante de la experiencia de vida de los mexicanos.

¿Qué debemos de hacer juntos o qué podemos hacer juntos o qué tenemos que hacer para cambiar esta realidad? En educación tenemos que trabajar de la mano para que todas las gentes cuyas vidas tocamos tengan acceso a esos elementos fundamentales.

Que tengamos juntos programas de certificación de primaria y secundaria. Eso va a abrir la puerta de mayor movilidad laboral y de mayor capacidad de generación de ingresos.

Que incentivemos la asistencia a preescolar de los niños entre tres y cinco años, que es nuestro principal rezago educativo en niñez.

Que la capacitación que demos termine en una certificación de primaria y secundaria.

Que en materia de salud y seguridad social les demos los mejores elementos de información a quienes trabajan con nosotros, que sepan que tienen derechos, que sepan cómo utilizarlos, que sepan que el Seguro Social implica la posibilidad de una cobertura frente a incapacidad, que sepan que la seguridad social implica la posibilidad de ahorrar para el retiro.

Con el Infonavit y Sedatu estamos realizando programas que los habrán de involucrar a muchos de ustedes para abatir la carencia de hacinamiento.

Juntos también con los municipios y de la mano de ustedes, acercar de mayor servicios a la vivienda.

Lo que nos queda pendiente por definición es lo más complicado. Nos falta de llevar agua, luz, drenaje a comunidades cada vez más aisladas que van a exigir soluciones tecnológicas cada vez más creativas y si lo hacemos bien, habremos de hacer realidad que todas las mexicanas y los mexicanos hagan por lo menos tres veces al día sus comidas en condiciones sanas, variadas y suficientes y habremos, por la vía de la inclusión, de generar mejores condiciones de prosperidad.

Muchas gracias, muy buenos días.



Ciudad de México, 9 de marzo de 2016