Organismos internacionales y organizaciones nacionales coinciden en que los programas sociales no resuelven el problema y hay que lograr el desarrollo económico del país.
La secretaria de Desarrollo Social da a conocer los avances logrados por la Cruzada Nacional Contra el Hambre en el país.
Presentaron el Ranking Nacional de Nutrición Infantil, que muestra retroceso en los últimos seis años, en los grados de desnutrición y anemia en menores de cinco años.

La Cruzada Nacional Contra el Hambre es de todos; es una poderosa iniciativa gubernamental que busca aliviar el hambre y los factores que la produce, pero en ella debemos participar todos los mexicanos, porque es muy fácil culpar a los programas sociales de la pobreza, pero se pierde de vista que éstos sólo mitigan el problema, que se origina de la falta de un desarrollo económico adecuado.

Representantes de organismos internacionales y organizaciones sociales nacionales coincidieron en esos señalamientos, para concluir que es necesario que todos los mexicanos trabajen coordinadamente para erradicar la pobreza extrema alimentaria, durante la presentación del Ranking Nacional de Nutrición Infantil (RANNI), realizado por la asociación civil “Un kilo de ayuda” a partir de los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut).

Por su parte, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga, dijo que “el Ranking Nacional de Nutrición Infantil va a ser un instrumento muy importante para la toma de decisiones en la Cruzada Nacional Contra el hambre, especialmente en el segundo de sus objetivos, que tiene que ver con la desnutrición infantil aguda, y al que habrá que sumar el compromiso y la meta de eliminar también la desnutrición crónica”.

El ranking, presentado por Eduardo Thébar, señala que nueve estados concentran el 50 por ciento de los menores de cinco años en desnutrición en el país, es decir 852 mil infantes: Puebla, Zacatecas, Nayarit, Tlaxcala, Baja California Norte, Chihuahua, Nuevo León, Colima y Tamaulipas, entidades en las que en los últimos seis años hubo un retroceso en la materia, de acuerdo con la Ensanut. 

Asimismo dio a conocer que la prevalencia de anemia en menores de cinco años aumentó en Nuevo León, Guanajuato, Morelos, Chiapas, Quintana Roo, Campeche, Jalisco y Tamaulipas.
Juan Manuel Ávalos, presidente de “Un Kilo de Ayuda” explicó que el RANNI muestra un panorama crítico, porque entre 2006 y 2012 hubo un retroceso importante en los niveles de desnutrición, anemia y lactancia.

Ante ello, la titular de la Sedesol destacó la importancia de ir evaluando y midiendo lo que se realiza a través de la Cruzada, con instrumentos como la Ensanut y el ranking, para lo cual “tenemos que dejar de ver esto como gasto; esto es una inversión social, para garantizar que las políticas que se tomen sean realmente focalizadas y destinadas a tener un impacto real, medible, cuantificable, que nos permita garantizar que las metas se están alcanzando”.

A nombre del gobierno de la República y como encabezadora de la Cruzada Nacional Contra el Hambre, la funcionaria pidió a las organizaciones sociales “asumir el compromiso de buscar mecanismos intermedios que permitan evaluar el impacto de todas las políticas públicas”.

Reiteró que desde el principio de la administración del presidente Enrique Peña Nieto, el problema del hambre se puso en el centro de la agenda nacional y se tomó la decisión de que había que actuar de manera inmediata.

Dio a conocer que “al día de hoy tenemos 700 comedores comunitarios, 500 de ellos en Guerrero; vamos a una estrategia muy fuerte de comedores comunitarios en Chiapas y en otras entidades que tienen el problema en las comunidades más alejadas, en donde los niños y niñas tiene una condición de desigualdad muy importante”.

Señaló también que se ha reorientado la cobertura de Liconsa, por lo que este año se incorporaron 700 mil nuevos beneficiarios de comunidades rurales en comunidades aisladas, de zonas a las que nunca había llegado la leche fortificada Liconsa, lo “que va a permitir mejorar de manera importante la nutrición de estos niños, además de que, las secretarías de Salud y la Sedesol a través de la red Liconsa, estamos desarrollando una campaña de promoción de lactancia materna en los primeros seis meses de vida.

Se refirió asimismo a la tarjeta SINHambre, entregada a 250 mil familias de escasos recursos, que obtienen 13 productos básicos avalados por nutriólogos, lo que permitirá a esas familias tener una mejor nutrición; se reorientó el programa de suplementos, por medio del Programa de Apoyo Alimentario y de Oportunidades, lo que va a ayudar si se logra que tenga el impacto que queremos, porque son suplementos que se han dado durante años pero sin la garantía de que fueran consumidos por los niños y por las niñas. 

Mencionó la importancia del convenio firmado entre Oportunidades y “Un Kilo de Ayuda” para medir el impacto de la tarjeta SINHambre, así como el trabajo con esa asociación para medir peso y talla de los niños que asisten a los comedores comunitarios.

Otro cambio mencionado por la secretaria de Desarrollo Social fue que en las tiendas Diconsa se instauró un semáforo para calificar el valor nutricional de los productos, y el Consejo de Administración de Diconsa tomó la decisión de no permitir la venta de productos “chatarra” en las tiendas del sistema.

Seguidamente invitó a todos “a participar en este trabajo, que tiene que ver con la elaboración del Programa Nacional Sin Hambre, que plantea la meta de que México sea un país sin hambre.
En su oportunidad, Nuria Urquía, representante de la FAO en México, dijo que el de los menores de cinco años es un tema fundamental que no se puede ver desde una sola perspectiva, pero sí tiene que verse como un problema en contexto de pobreza, por lo que si queremos incidir en él, tenemos que hablar de desarrollo económico. 

Dijo que los programas enfocados a la desnutrición crónica, como los alimentarios, son programas que mitigan el impacto, pero si no hablamos de desarrollo económico local, los números no van a cambiar; por eso la importancia de que un programa como el de México Sin Hambre, en donde se habla de coordinaciones, de esquemas integrales, y no de indicadores únicos.

Tenemos que hablar de un entorno de desarrollo territorial, en un enfoque de abajo hacia arriba, si queremos cambiar esa situación. Por eso la Cruzada está diseñada así, pero es importante observar que siendo un programa nacional, tiene que tocar realidades locales completamente distintas, para que atienda la realidad donde se va a operar, con una incidencia diferente en las necesidades de cada estado.

Y es necesario que eso sea en total acuerdo, en coordinación con el estado, con los municipios, porque es ahí donde se verán los resultados. “Por eso es importante que vayamos todos de la mano, porque es muy fácil culpar a los programas sociales cuando algo no va bien, sobre todo en el tema de la desnutrición, pero eso no es responsabilidad del programa social, que mitiga pero no resuelve el problema, que viene de la falta de desarrollo económico, y es ahí donde tenemos que estar todos, sin excepción, concluyó Urquía. 

En la presentación del RANNI participaron José Ignacio Avalos, presidente de “Un kilo de Ayuda”; Eduardo Thébar, de la misma organización; Mauricio Hernández, del Instituto Nacional de Salud Pública; Ana Bertha Pérez Lizaur, de la Universidad Iberoamericana; David Calderón, de Mexicanos Primero; Nuria Urquía, representante en México de la FAO; Isabel Crowley, representante en México de la UNICEF; Alejandro Montano, presidente de la Comisión de Desarrollo Social, de la Cámara de Diputados; Laura Vargas Carrillo, del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, y Gabriel Jaime O’Shea Cuevas, Comisionado Nacional de Protección Social en Salud.

 Descarga esta información en formato PDF