Leonarda tiene 70 años y su esposo Isauro 77. Viven solos, en una casita de adobe "que ya se está cayendo", en las afueras de la cabecera municipal de Guachochi, Chihuahua. Hasta hace poco, todos los días compraban cinco pesos de dulces para engañar al hambre.

Ahora, con esos mismos cinco pesos, Leonarda Salas Benítez e Isauro García Cruz desayunan y comen en el Comedor Comunitario “Bajío de las Palmas”, uno de los ocho que funcionan en este municipio emblemático de la Cruzada Nacional Contra el Hambre.

Junto con ellos, 95 personas más acuden de lunes a viernes al establecimiento que abrió sus puertas en marzo pasado, según explica la encargada del comedor, Idalia Adalí Palma Carrillo, quien explica que al principio no hubo mucha respuesta porque “estamos impuestos a que se hagan promesas y no se cumplan”.

Sin embargo, cuando los habitantes de la comunidad vieron que el comedor era una realidad comenzaron a animarse y ahora trabajan ahí entre 20 y 25 mujeres voluntarias en equipos de cuatro, que laboran una semana al mes. Idalia, como encargada, asiste todos los días.

Quienes más utilizan los servicios son niñas y niños de 6 a 11 años, que estudian en las escuelas cercanas; también se atiende a mujeres embarazadas y en lactancia, así como a personas con discapacidad.

Idalia dice que hacen falta voluntarios para que lleven los alimentos a las personas que por su edad o sus condiciones físicas no pueden trasladarse hasta el comedor.

Desayunar o comer en el comedor comunitario cuesta cinco pesos, pero quienes no los tienen pueden aportar cargas de leña, apoyar en la limpieza o en otras labores. Con esta cuota se compra lo que se vaya necesitando, pero el mayor gasto es el del gas.

Cada mes, Diconsa surte los alimentos al comedor, que ofrece menús distintos cada día, aunque “a la gente le gustan muchísimo las empanaditas de atún”.

Lo que más se consume son los frijoles y la harina de maíz, explica Idalia. Hay carne deshebrada o chilorio, pero las personas sienten la necesidad de comer algo caliente.

Para los alimentos se utiliza la leche Liconsa y verduras que se dan en la zona. De hecho, pronto el comedor tendrá huerto y sala de lectura, que funcionará en un espacio amplio del lugar, construido con piedra y madera, en un local prestado por la Presidencia municipal,

Las personas están felices, agrega Idalia, porque con cinco pesos les alcanza para comer bien, por lo que hace un llamado a la gente para que se acerque a participar, que se den cuenta que los comedor son una realidad que los va a beneficiar en su salud.

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