Iguala de la Independencia, Gro., a 24 de febrero de 2014

Mensaje de la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga, durante la ceremonia de conmemoración del día de la bandera.

Muchas gracias a todas, a todos.
Diputada Verónica Muñoz Parra, presidenta de la Mesa Directiva del H. Congreso del estado, gracias.
General de Brigada, Juan Manuel Rico Games, gracias por estar acá.
Doctor Jesús Martínez Garnelo, secretario general de Gobierno.
Profesora Silvia Romero Suárez, secretaria de Educación. ¡Qué tal maestra!
Licenciado José Luis Abarca Velázquez, presidente municipal de Iguala de la Independencia.
Senador Sofío Ramírez Hernández, gracias.
Y a todos los aquí presentes que nos acompañan en esta ceremonia: a estos jóvenes, niños y niñas, que son muestra de patriotismo, de valor cívico y de educación cívica en nuestro país.
El presidente de la República, licenciado Enrique Peña Nieto, me ha honrado para estar aquí con su representación, en esta celebración del Día de la Bandera, en la gloriosa ciudad de Iguala de la Independencia.
Esta ciudad, que ha sido testigo de hechos históricos trascendentes.
Aquí se integró el Ejército Trigarante el 2 de marzo n 1821 en la Plaza de Armas, hoy zócalo central, para jurar el Plan de Iguala y la Bandera de las Tres Garantías, logrando consumar la Independencia con su entrada triunfal en la ciudad de México, unos meses después, el 27 de septiembre de ese mismo año. I
guala fue la primera capital del estado libre y soberano de Guerrero, cuya creación debemos a la iniciativa del entonces presidente de México, José Joaquín de Herrera, enviada al Congreso de la Unión el 15 de mayo de 1849 y aprobada el 27 de octubre de ese mismo año. Es la única ciudad mencionada en el Himno Nacional Mexicano en su versión original, que a la letra decía en su novena estrofa: Y el que al golpe de ardiente metralla,/ de la Patria en las aras sucumba/ obtendrá en recompensa una tumba/ donde brille de gloria la luz./ Y de Iguala, la enseña querida,/ a su espada sangrienta enraizada,/ de laurel inmortal coronada,/ formará de su fosa la cruz.
Iguala ha estado, asimismo, en otros capítulos de la historia nacional, siempre presente en la lucha libertaria del pueblo de México. Hoy nos reúne en Iguala de la Independencia la celebración del Día de la Bandera, el lábaro patrio, la enseña tricolor.
El rojo nos recuerda siempre el alto precio que hemos pagado por tener una patria nuestra y el imperativo de honrar todos los días, con actos concretos, la memoria de los héroes que dieron su vida por preservar nuestras libertades.
El blanco representa la paz que se construye en la democracia con la fraternidad, con el diálogo respetuoso que permite encontrar la unidad en la diversidad, pero también la paz que se preserva con la fuerza legítima del Estado, contra aquellos que, situados en el margen de la ilegalidad, atentan contra la integridad y la seguridad de los ciudadanos.
El verde simboliza la esperanza de un México mejor, más democrático, más justo, más incluyente, a la altura de nuestros anhelos; un México donde todos los mexicanos, por el sólo hecho de haber nacido en este país, puedan hacer efectivos sus derechos sociales y humanos, ser ciudadanos plenos y vivir con prosperidad; se trata, ni más ni menos, que el derecho de ser felices. La bandera es, en todo momento y en todo lugar, un símbolo que despierta la emoción y el orgullo de ser mexicano o mexicana; es algo que llevamos grabado en lo más hondo del corazón y también de la memoria.
La bandera nacional, nos ha acompañado en los capítulos decisivos que han definido la historia de nuestra nación; inspiró a los patriotas que lucharon por la independencia de México, para liberarla de la Corona Española; inspiró también a los que lucharon por la soberanía nacional ante las invasiones extranjeras del siglo XIX, y a los defensores del heroico Puerto de Veracruz, en 1914, en el marco de la intervención norteamericana. La enseña nacional fue testigo y referente simbólico de la formación del Estado mexicano moderno y de la construcción de sus instituciones.
Ya sea que la veamos ondear en una plaza pública, en la escuela, en cualquier ceremonia cívica, la bandera nos emociona y nos convoca a velar y a trabajar por ésta, la gran nación que tenemos, nuestra casa y nuestro proyecto común.
Hoy más que nunca, los mexicanos necesitamos honrar a la bandera y con ella a la nación, los valores y aspiraciones que ella representa, y uno de esos valores es la unidad. La Patria está por encima de colores e ideologías; ese espíritu de unidad es el que sirvió de base al Plan de Iguala de 1821, que propició el acuerdo político entre conservadores y liberales, rebeldes y realistas, criollos y españoles, con el propósito central de consumar la Independencia de México.
Y es ese mismo espíritu, el que sirvió de base para un pacto democrático que permitió consensuar una serie de reformas estructurales impostergables, para llevar a México a su condición de prosperidad. Hoy, México camina hacia un futuro mejor, con el respaldo de las reformas fiscal, hacendaria y financiera; de telecomunicaciones, de competencia económica, de transparencia energética y la reforma política.
En todo este proceso de intensos cambios, ha sido fundamental la voluntad y la generosidad de los partidos políticos mayoritarios, para ver al país y sus necesidades más allá de sus agendas particulares; sin embargo, no debemos olvidar que quien propuso y alentó todos estos esfuerzos con una visión de Estado, con audacia y abandonando la cortedad de miras, fue el presidente Enrique Peña Nieto, un presidente que tiene la convicción de que México, puede moverse hacia mejores condiciones de desarrollo económico, político y social, y que la pluralidad política no debe ser un obstáculo insalvable para lograrlo. El Pacto por México y la voluntad del presidente y de las fuerzas partidistas terminó con el mito de que un Gobierno sin mayorías está condenado a la parálisis y restauró el valor del diálogo político. La unidad a la que convoca la enseña nacional, por otra parte, sólo será posible en la inclusión social, en la igualdad; no puede haber unidad en una sociedad fracturada, con profundas desigualdades; sin las condiciones de bienestar; no puede haber una democracia plena con millones de mexicanos en condición de pobreza. De ahí el propósito del Gobierno de la República, de impulsar un México incluyente, donde todos sus habitantes, por el sólo hecho de haber nacido en este suelo, tengan acceso de manera progresiva a un piso mínimo de derechos: a los derechos estipulados en nuestra Constitución, como es el derecho a la alimentación, la salud, la educación, la seguridad social, la vivienda digna y la cultura. Y para avanzar en este propósito, estamos instrumentado una política social de nueva generación, que tiene como eje, precisamente, el ejercicio cabal de estos derechos. Hoy estamos avanzando en esta ruta con la Cruzada Nacional Contra el Hambre, una estrategia dirigida a los más pobres de entre los pobres, que este año habremos de ampliar para llegar a más sectores de la población.
 En el marco de la Cruzada, este histórico estado de Guerrero ha tenido y seguirá teniendo un lugar privilegiado, en atención a sus altos niveles de pobreza y rezago social. Será la mejor manera de honrar aquí nuestra bandera. Señoras y señores, señor gobernador: El 24 de febrero es ocasión propicia no sólo para el repaso de nuestra historia y el homenaje a los próceres, que con su sacrificio y abnegación contribuyeron a forjar la Patria que tenemos.
Cada conmemoración cívica, como está que hoy estamos celebrando en Iguala de la independencia, debe ser también oportunidad para reflexionar sobre nuestra responsabilidad en la construcción del México al que aspiramos y merecemos. Y hoy, repetimos, una de estas grandes tareas es erradicar la pobreza y la desigualdad.
Como lo ha señaló el presidente de la República: no venimos a administrar, venimos a transformar, a mover a México para que los mexicanos puedan tener condiciones de vida dignas; venimos a forjar una democracia de resultados; una democracia efectiva que haga realidad los derechos sociales de todas y de todos; nadie ha dicho que el cambio será sencillo: mover a México exigirá lo mejor de cada uno de nosotros: un acentuado patriotismo, férrea voluntad, compromiso con el país.
Honremos a la bandera haciendo de su enorme belleza, historia, simbolismo, fuerza y poder de convocatoria, un aliciente para trabajar todos los días a favor de una Patria más justa, próspero, incluyente y democrático. Honremos a nuestra bandera con un gran sentido de amor, que es el que hoy nos convoca a hacer de este México nuestro una mejor casa para nuestros hijos y a las futuras generaciones; un lugar en el que todas y todos, sin excepción, podamos decir que vivimos con prosperidad y podamos decir que vivimos felices.
¡Viva la bandera nacional!
¡Viva México!
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