Después de practicar varios reconocimientos en las Garitas de Niño Perdido, San Antonio Abad y la Viga, el General Winfield Scott, comandante en jefe del ejército invasor norteamericano, se dio cuenta de que la defensa de la ciudad se había limitado a su perímetro; entonces ordenó el ataque a Chapultepec, lugar que había quedado aislado y que como se sabe, es un cerro cubierto de bosque, en cuya cima existía una casa de los virreyes impropiamente llamada castillo, entonces destinada al Colegio Militar y sólo estaba ligeramente fortificada. La guarnición estaba formada por unos 832 hombres, incluyendo a los cadetes del Colegio Militar y siete cañones.

El bombardeo fue terrible en los cuartos del mirador, destinados al hospital de sangre, en éste se confundían los cuerpos de los cadáveres con los de los heridos, para agravar la situación, se carecía de las medicinas más elementales. Bravo solicitó refuerzos al General Antonio López de Santa Anna, pero este no los envió. El día 13 al amanecer, la infantería norteamericana volvió a romper el fuego, arrollando a los pocos tiradores que se defendían al pie del cerro.

Durante estos combates y la posterior toma del castillo por parte de los invasores, seis alumnos del Colegio Militar ofrendaron sus vidas en defensa de la Patria. Juan Escutia, estaba de guardia y al ver avanzar a los invasores les presentó resistencia; luego se replegó y viendo que la bandera mexicana podía caer en manos del enemigo, se envolvió en ella y se arrojó al vacío.

Vicente Suárez estaba apostado y al ver avanzar a los invasores les marcó el alto. Mató de un balazo a uno de ellos, hirió con la bayoneta a otro y fue muerto en su puesto luchando con arma blanca; Francisco Márquez, era el menor de los seis niños héroes; murió acribillado al defender su patria; Fernando Montes de Oca, se dispuso a presentar batalla y murió al tratar de incorporarse al resto de los alumnos que defendían la entrada del bosque. Fue batido por las armas de los norteamericanos, que ya se habían adueñado de las partes altas del edificio. Agustín Melgar, se portó con gran valentía rechazando casi él solo al enemigo en el puesto que defendía, recibiendo numerosas heridas, incluso llegó a luchar cuerpo a cuerpo cuando ya se encontraba herido.  Juan de la Barrera, ya tenía terminados sus estudios en el Colegio Militar, pero al enterarse de la invasión americana, se dedicó a la construcción de las fortificaciones de defensa del Castillo. Ostentando el grado de Teniente de Zapadores, se dedicó a construir un hornabeque y dos medios baluartes, casi frente a la entrada del bosque. Al acercarse el enemigo, fue encargado de la defensa de ese punto, quedándose con algunos soldados, con las baterías que el General Mariano Monterde colocara. Juan de la Barrera defendió el punto a su cargo, hasta que las balas enemigas segaron su vida.

De toda la campaña, la defensa del castillo de Chapultepec concentra el coraje guerrero de los mexicanos puesto al servicio de la patria. En aquel hecho de armas, los alumnos del Colegio Militar dieron un ejemplo de amor y servicio a la patria.
La muerte de seis de ellos forma parte de nuestro legado histórico, que nos recuerda una acción ejemplar, donde el honor y la gloria estuvieron presentes: ”... en aquel memorable año de 1847, al ser invitados a abandonar el plantel y volver a sus hogares, sin guardar compromiso alguno con el ejército o la nación, no sólo no quisieron salir, sino que solicitaron y obtuvieron la gracia de quedarse y al llegar la ocasión, el trece de septiembre, se batieron con heroico valor defendiendo el punto confiado a su custodia y se cubrieron de gloria para siempre...”.