El 5 de febrero de 1915 en el edificio de Faros, (Veracruz, Ver.), lugar donde se encontraba el Cuartel General del Ejército Constitucionalista, don Venustiano Carranza expidió un decreto, donde estableció la creación del Arma de Aviación Militar. Este hecho constituyó el origen de la actual Fuerza Aérea Mexicana. A un siglo de haberse fundado, esta Fuerza Armada ha estado presente en grandes eventos del ámbito nacional e internacional.

Alberto Braniff realizó el primer vuelo en México. El 8 de enero de 1910, en los Llanos de Balbuena, piloteó un aparato Voisin, el cual se construyó en Francia. Al triunfo de la Revolución Maderista, la Aviación Mexicana se siguió desarrollando, incluso el Primer Mandatario del país, don Francisco I. Madero, acompañó al piloto George M. Dyot en un vuelo de exhibición en la Ciudad de México a bordo de un Deperdussin (noviembre de 1911). De esta manera, el Presidente Madero se convirtió en el primer jefe de Estado en volar, como pasajero en una  aeronave.

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La inestabilidad política del país no evitó el avance de la aeronáutica nacional. Cuando se estableció el gobierno del General Victoriano Huerta, consecuencia del golpe de Estado de febrero de 1913, se comisionaron a treinta estudiantes de la Escuela Militar de Aspirantes, para estudiar la carrera de piloto aviador en Francia.

 

Por su parte, los revolucionarios también reconocieron a la aviación como una herramienta fundamental para el arte de la guerra. A mediados de 1913, en Guaymas, Son., el General Álvaro Obregón comisionó al Capitán Joaquín Bauche Alcalde, para que adquiriera un avión en los Estados Unidos. Se tenía el propósito de emplearlo en actividades de observación, así como de bombardeo. Bauche adquirió un biplano tipo Martin Pusher; para operarlo, contrató al piloto Didier Mason. Esta aeronave fue bautizada por el Ejército del Noroeste como “Sonora”. Con esta aeronave se llevó a cabo el primer bombardeo aeronaval del mundo en Topolobampo, Sin., cuando el biplano “Sonora” perteneciente al Ejército Constitucionalista bombardeó al buque “Guerrero” bajo el mando del Ejército Federal.

 

Por su parte, el Mayor Alberto Salinas Carranza, quien pertenecía al Estado Mayor del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, don Venustiano Carranza, adquirió varios aviones. Carranza era consciente de las aplicaciones de las aeronaves durante los combates; por lo tanto, expidió un Decreto en su Cuartel General de Faros, Ver., el 5 de febrero de 1915, donde señalaba:

 

“Líbrense las órdenes necesarias a efecto de que desde esta fecha sea creada el arma de Aviación Militar dentro del Ejército Constitucionalista; designándose jefe de dicha Arma al C. Mayor de Estado Mayor de la Primera Jefatura Alberto Salinas; quien, al mismo tiempo, deja de pertenecer al Arma de Caballería, para causar alta en el escalafón del Ejército Constitucionalista, como Piloto Aviador Militar”.

 

Con este documento comenzaba a institucionalizarse esta importante arma.

 

Solo unos meses después de haberse creado la Aviación Militar, en mayo de 1915, en el Ébano, S. L. P., el Mayor Salinas Carranza conformó una flotilla para apoyar a las tropas constitucionalistas, integrada por Jorge Pufflea, Samuel C., Francisco Santarini, “El Rojas”, Benjamín Venegas y Salvador I. Cano.

 

Una vez concluida la etapa más cruenta de la guerra entre los constitucionalistas y la División del Norte, el 15 de noviembre de 1915, se inauguró la Escuela Nacional de Aviación y los Talleres Nacionales de Aplicación Aeronáutica, ambas se establecieron en los Llanos de Balbuena. En este lugar se formaron los primeros pilotos en México, entre ellos se encontraba Samuel C. Rojas Razo; también ahí se construyeron los motores Anzani-Aztatl y la hélice Anáhuac, inventada por el Ingeniero Guillermo Villasana.

 

La aviación militar mexicana tuvo una destacada participación en el combate de las rebeliones Delahuertista, Escobarista, Cristera y Cedillista, las cuales se suscita-ron en la década de 1920 y principios de los años treinta.

 

Debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial, México se enfrentó a un panorama internacional complejo. Al principio de la conflagración, el país adoptó una posición neutral; pero en 1942 submarinos alemanes hundieron los buque-tanque mexicanos “Potrero del Llano” y “Faja de Oro”.

 

El 28 de mayo de 1942, el Presidente de la República, General Manuel Ávila Camacho, declaró formalmente la guerra a las Potencias del Eje. Ante esta situación histórica, los Campos de Balbuena fueron escenario de varias prácticas de maniobras aéreas. El material de vuelo con que se contaba en aquella época eran los AT-6, Douglas A-24 de bombardeo en picada, los AT-11, los C-45, los C-47, los C-60 y los B-25. Debido al adiestramiento de su personal, se consideró a la Fuerza Aérea como el arma más adecuada para enviar al frente del combate.

 

El General Piloto Aviador Antonio Cárdenas Rodríguez fue nombrado comandante de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana y del Escuadrón 201, durante el proceso de adiestramiento y en los combates librados en Filipinas en contra del Ejército Japonés. Una vez concluida la guerra y al regresar al país, el Presidente decretó la disolución del Escuadrón 201 el 1 de diciembre de 1945.

 

La Fuerza Aérea Mexicana fue reconocida como Fuerza Armada a nivel constitucional el 10 de febrero de 1944.

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El Presidente de la República Mexicana, Licenciado Carlos Salinas de Gortari, decretó el 5 de febrero de 1992 que se le conmemorara en la fecha de su reconocimiento constitucional, con el fin de evitar que se empalmara con el Aniversario de la Promulgación de la Constitución de 1917; sin embargo, se acepta también  como fecha de creación  de la Fuerza Aérea Mexicana el 5 de febrero de 1915.

 

A partir de entonces la Fuerza Aérea Mexicana ha garantizado y salvaguardado la soberanía del Espacio Aéreo nacional. El éxito de su misión se debe al mejoramiento paulatino en la formación de su capital humano. La profesionalización de pilotos, aerologistas, controladores de vuelo, entre otros en las aulas del Colegio del Aire constituye un valioso pilar para el cumplimiento de las misiones asignadas en la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, donde se contemplan acciones humanitarias, de defensa y seguridad. De esta manera, esta centenaria institución está a la altura de las demandas de la Nación Mexicana.