De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el 2014 nuestro país contaba con 120 millones de habitantes. De ellos, 7.2 millones tenían alguna discapacidad, mientras que 16 millones más enfrentaban algún tipo de limitación física.

Son personas que han aprendido a salir adelante y ser felices, a pesar de las circunstancias.

Pero ese no es el problema. El verdadero problema es que en algunos puntos del país todavía no existe la infraestructura adecuada para darle libre acceso a todas estas personas. Hacen falta aún rampas, accesos,señalizaciones; es decir, garantizar la accesibilidad universal.

Para hacer frente a esta situación, el Gobierno de la República a través de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) ha puesto en marcha la Nueva Agenda Urbana la cual tiene como ejes principales el Derecho a la Ciudad, para que éstas puedan ser disfrutadas por todos; el enfoque de género y, precisamente,la accesibilidad universal.

Hoy, por ejemplo, todas las acciones del Programa de Rescate de Espacios Públicos y todos los hogares financiados por el Gobierno de la República, se desarrollan con criterios de accesibilidad universal. 

Tanto el INFONAVIT como el FOVISSSTE trabajan para que todos los derechohabientes tengan acceso a créditos para adquirir un hogar con adecuaciones especiales.

El Fideicomiso Fondo Popular para la Vivienda (FONHAPO) ha entregado más de 13 mil subsidios a familias que quieren modificar o adaptar su viviendaporque tienen algún familiar con discapacidad.

Recientemente se firmó un convenio para modificar el Código de Edificación de Viviendas, con criterios que incorporan la accesibilidad, y se trabaja en una Guía de Accesibilidad Universal con una visión de ciudad incluyente.

Además, actualmente se discute en el Senado de la República una nueva Ley de Asentamientos Humanos que contempla todo estos lineamientos en favor de la población.

La accesibilidad universal, una de esas acciones que cuentan mucho, es la piedra angular para eliminar definitivamente los paradigmas sociales que tanto dañan a la inclusión real de las personas con discapacidad.