Elevar los índices de calidad en la salud de los pueblos indígenas en México es una deuda pendiente que el gobierno mexicano tiene con los descendientes directos de nuestro histórico pasado. En ese sentido, la labor requiere reconocer, en principio, el inmenso rezago que ha existido no sólo en la atención de los problemas de salud de las comunidades y la población indígena, la cual constituye alrededor del 10% del total de la población en México, sino también en la incorporación de dichos pueblos en la dinámica de crecimiento nacional en los planos económico, social y político al que como mexicanos también tienen derecho.

En esta ocasión, y con el fin de dar un paso hacia adelante en la construcción de nuevas propuestas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de la población indígena mexicana, hemos reunido diversas contribuciones que pretenden dar una visión multidisciplinaria del estado que guarda el problema del consumo de alcohol y el alcoholismo en comunidades indígenas en nuestro país, ya que éste se ha identificado como uno de los principales problemas que afectan su salud.

Los efectos del consumo excesivo de alcohol en los planos individual, familiar y social son muy graves. La violencia, la disminución de la productividad y de la prosperidad individual y social, así como el sufrimiento moral del propio bebedor, y de terceras personas, acentúan los problemas económicos familiares. Es enorme la pérdida de años de vida saludable causada por los padecimientos asociados como la cirrosis hepática, la dependencia alcohólica, las lesiones producidas por vehículos de motor, los homicidios y los suicidios.

En lo individual, el alcoholismo implica aislamiento social, cancelación de oportunidades laborales, dependencia económica y sufrimiento moral, con las consecuentes repercusiones en la familia y la comunidad.

El efecto negativo del alcoholismo repercute notablemente en el plano económico, ya que el consumo de bebidas alcohólicas ocurre con mayor frecuencia en las etapas productivas de la vida. Sobresale el hecho que un porcentaje importante de los problemas provocados durante el trabajo no es imputable a los alcohólicos, sino a personas que sin serlo, beben en exceso o en circunstancias de riesgo en las que se suponía no deberían haberlo hecho.

Si bien existe información para documentar estas tendencias en población predominantemente urbana, se sabe que el consumo de alcohol, el proceso de alcoholización y el alcoholismo, también alcanzan proporciones epidémicas en las comunidades indígenas de nuestro país.