El consumo nocivo de alcohol es un factor de riesgo de alta complejidad para la salud, y con externalidades negativas sobre el individuo, la familia, la economía y la sociedad en general. Una de las principales manifestaciones del daño que produce es el sistema de movilidad y transportes. Según el Informe Mundial sobre prevención de los traumatismos causados por el tránsito (OMS, 2004) se estima que el 30% de las lesiones y muertes por esta causa, está asociada a la conducción bajo influencia del alcohol.
Por su parte, el Informe Mundial de la Situación de la Seguridad Vial (OMS, 2010), informa que dentro de los cinco factores de riesgo asociados al 50% de los muertos por accidentes de tránsito, se encuentra la conducción bajo influencia del alcohol. Las normativas sobre estos cinco factores tienen una aplicación menor al 50%, y en el caso específico de las normativas para conductores bajo la influencia de alcohol, el
porcentaje de aplicación baja a un 37%. La situación impone la necesidad de contar con políticas públicas e intervenciones basadas en la evidencia científica y contar con el instrumental metodológico que facilite su implementación de forma efectiva. Es por esto que me permito reseñar algunas medidas que han demostrado su efectividad, por ejemplo las Políticas Integrales para prevenir la conducción bajo influencia del alcohol donde su efecto disuasivo estará determinado por su severidad, la certeza y la rapidez de su aplicación. Asimismo, las políticas que aumentan la probabilidad
de detección e infracción por manejar ebrio pueden tener mayores efectos en las fatalidades que las políticas que aumentan las penalidades (Benson, 1999).
Otra medida que vale destacar, es la Prueba Aleatoria de Aliento, donde su aplicación consistente y de alto perfil del manejo en estado de ebriedad ha demostrado evidencia de su efectividad, especialmente porque logra disuadir a los conductores para consumir alcohol antes o durante la conducción de su vehículo. En algunos países, como Australia y Francia se han documentado reducciones en las víctimas hasta de un 20% (El Alcohol: Un producto de consumo no ordinario. OPS/OMS, 2010).
Todas estas medidas están incorporadas y recomendadas en el presente protocolo, y me llena de satisfacción el poder contribuir con las autoridades de salud mexicanas, específicamente con el Consejo Nacional de Prevención de Accidentes (CONAPRA), en la producción de herramientas metodológicas que instrumenten a las entidades competentes en la aplicación de las normativas que previenen las lesiones y muertes asociadas a conducir bajo la influencia del alcohol.
Contribuir a salvar vidas es parte de nuestro mandato en la OPS/OMS y asumimos nuestro compromiso apoyando a los países a lograr este noble cometido.