Hasta hace algunos años, el prototipo o modelo del hombre joven era aquel que se mostraba valiente y temerario, el que bebía alcohol, el que ganaba en los pleitos, el que corría riesgos y no mostraba temor, el que se sentía superior al sexo femenino.

El hombre joven de hoy no necesita beber y conducir para demostrar a sus amigos su amistad y solidaridad.

Está convencido de que la verdadera amistad es ver por el bienestar de los que considera sus amigos, y que no permite que se hagan daño o tomen riesgos innecesarios.