En México, las estrategias utilizadas en el control del vector, estuvieron enfocadas en los años 50´s a la erradicación, posteriormente se enfocó al control de sus poblaciones, con un uso intensivo de insecticidas para ambos enfoques, aplicándolo en forma de rociados intradomiciliarios (aplicación de insecticida residual cada 6 meses) en todas las viviendas de las localidades de alta transmisión, rociados espaciales y aplicación de larvicidas en los sitios de reproducción (ríos y arroyos).
Este uso continuo y la falta de rotación de insecticidas trajo consigo, cambios en el comportamiento de los vectores, como:
 Las superficies rociadas con DDT les producían irritación y ya no se posaban.
 Se convirtieron resistentes a la acción del DDT en algunas regiones.
 La transmisión extradomiciliaria fue favorecida por cambios del comportamiento humano, como son los movimientos poblacionales, cambios en la hora de dormir, entre otras.
Sin embargo, resultado de la sinergia misma del desarrollo y sus efectos de saneamiento ambiental básico y las acciones del programa de erradicación, trajo consigo que del área originalmente de transmisión en 1958, se redujera en más del 90% para el año 2000, concentrándose en focos residuales de transmisión.
A pesar de estos avances, estas intervenciones resultaban poco sustentables, porque se perdía el control muy fácilmente al disminuir los presupuestos debido a sus altos costos de operación, se dañaba el ambiente al utilizar insecticidas persistentes y no mejoraban las condiciones de vida en las comunidades.