La idea de elaborar este material surge a partir de conocer las historias de muchas mujeres con el virus de la inmuno deficiencia humana (VIH), el estigma y la discriminación de que son objeto, la desigualdad de género existente y que privilegia a los hombres, el incremento del número de casos de mujeres infectadas, las infecciones de transmisión sexual (ITS) y sus complicaciones, la falta de información y de consentimiento informado relacionados con los métodos del control de la fertilidad y con la prevención del cáncer cérvico uterino.

Por ello nos dimos a la tarea de elaborar esta guía, con la finalidad de brindar una herramienta que facilite realizar nuestras actividades diarias ayudando a brindar servicios de salud de alta calidad técnica y calidez y con el pleno respeto a los derechos humanos, sexuales y reproductivos en la perspectiva de lograr la prevención secundaria en las mujeres mexicanas que viven con el VIH.

Los trabajadores de la salud podemos ser personajes clave en promover la NO discriminación, en proteger y respetar los derechos humanos, sexuales y reproductivos, en dar información veraz y oportuna a las mujeres con el VIH, permitiendo la toma de decisiones de una manera libre, voluntaria, de acuerdo con su forma de pensar, sentir y de sus preferencias personales.

El derecho a la información, el respeto tanto a los derechos humanos, sexuales y reproductivos como a la libre toma de decisiones de la mujer han sido expresados en convenciones internacionales por los países, mismos que se han dado a la tarea de elaborar convenios que tienen que cumplirse. Nuestro país se ha comprometido a cumplir estos convenios, y las instituciones del sector salud han sido objeto de observaciones por incumplimiento de los mismos.

El concepto de salud reproductiva fue establecido en 1998 por el Programa de Acción desarrollado en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD) en El Cairo en 1994, y en la Conferencia Mundial sobre la Mujer, patrocinada por las Naciones Unidas en Beijing, en 1995, donde se estableció que “La salud reproductiva es un estado general de bienestar físico, mental y social en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo, sus funciones y sus procesos. En consecuencia, la salud reproductiva entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos y de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no cuándo y con qué frecuencia. Esta última condición lleva implícito el derecho del hombre y la mujer a obtener información y acceso a métodos seguros y eficaces, asequibles y aceptables de planificación de la familia de su elección, así como a otros métodos para la regulación de la fecundidad que no estén legalmente prohibidos, el derecho a recibir servicios adecuados de atención de la salud que permitan los embarazos y los partos sin riesgos y den a las parejas las máximas posibilidades de tener hijos sanos.