En la actualidad las enfermedades crónicas no transmisibles establecen una prioridad en diversos países del mundo, por la velocidad de crecimiento del problema y el impacto de diversa índole que tiene no solo en los sistemas de salud, también en el desarrollo social y económico.
En México, el panorama epidemiológico se ha modificado en las últimas décadas, y se ha transitado de una morbilidad y mortalidad de índole infeccioso, a una situación combinada en donde coexiste lo infeccioso, (en menor grado que en décadas pasadas) con un incremento importante de las enfermedades crónicas no transmisibles destacando a la Diabetes mellitus, la hipertensión arterial, las dislipidemias, la obesidad y sobrepeso y el síndrome metabólico, todas estas en su conjunto incrementan grandemente el riesgo de
padecer enfermedades cardiovasculares/cerebrales, que puede llevar a complicaciones y secuelas
sobre todo en personas en etapas productivas al país, con el incremento de la esperanza de vida pero con la disminución de la calidad y productividad de la misma.
Los egresos hospitalarios por enfermedades no transmisibles representan 43.5%. Con respecto a este indicador se puede observar como las enfermedades cardiovasculares, las cerebrales, así como la hipertensión arterial ocupan el primer lugar entre los egresos hospitalarios, y son la segunda causa de muerte dentro del grupo de las enfermedades no transmisibles.
Es esperado que con el avance de la medicina se evitaran las enfermedades infecciosas que en la morbilidad siguen estando en los primeros lugares pero se ha avanzado mucho en la prevención de las complicaciones y muerte esto se refleja en el incremento de la esperanza de vida de 40 años en 1922 a 75 en el año 2000.
Existe un buen avance en el análisis del problema y además del control directo e indirecto de las enfermedades infecciosas existen otros factores que contribuyen al envejecimiento de la población como la disminución de la tasa de fecundidad, aunado a causas de índole social, económico, cultural, político, pobreza, educación, entre otros, constituyen factores de riesgo a desarrollar enfermedades no transmisibles.