Es la manera en la que le seguimos el rastro, a través de todas sus etapas desde su producción hasta su distribución. Es también una herramienta que forma parte de las garantías de inocuidad de un alimento para el consumidor.

Para entender mejor pongamos como ejemplo un bistec. Gracias a la trazabilidad sabremos donde nació el animal, cómo se crió, a qué tipo de tratamientos veterinarios se sometió, qué matadero se encargó de él, en qué lugar y cómo se almacenó, cómo se empacó, qué empresas lo comercializaron y el punto final de venta.

Te preguntarás: ¿cómo se realiza este seguimiento? Muy simple, en México se asigna a cada animal un número único que lo acompañará a lo largo de su vida y que permitirá dar seguimiento a sus movimientos.

Se identifica a cada bovino, ovino y caprino mediante aretes compuesto por una bandera y un botón que se colocan en la oreja del animal, este lleva impreso un código de barras que contiene toda la información que ya hemos descrito

Otro de los beneficios de implementar el sistema de trazabilidad es que permite controlar la inocuidad, limpieza y sanidad para brindar al consumidor un producto confiable, y en casos de alerta, como por ejemplo de alimentos contaminados, es posible identificar, en cada etapa, su ubicación espacial y en su caso retirarlo del proceso con el fin de evitar una crisis de diseminación.

En México, el proyecto de norma en materia de trazabilidad -PROY-NOM-000-ZOO-2011- tiene especial transcendencia al pasar de una medida opcional a una obligatoriedad la identificación del producto: abarca el proceso, desde el rancho qué procede y hasta cómo se sacrificó.

En conclusión podemos decir que gracias de la trazabilidad ¡sabemos lo que comemos!