En sus comienzos, como hasta hoy, la apicultura desempeña como principal papel el alimenticio, también formó parte de los ritos religiosos como ofrenda, posteriormente se empleó para embalsamar cadáveres y se usó en aplicaciones medicinales para prevenir enfermedades.

En la actualidad, es una actividad agropecuaria orientada a la crianza de abejas y a prestarles los cuidados necesarios con el objeto de obtener los productos que son capaces de elaborar y recolectar las abejas para comercializarlos.

La apicultura es una actividad discreta. Sin embargo, en todo el mundo existen proyectos para que los pequeños productores la implementen con el fin de fortalecer su sistema de vida, al mismo tiempo que se aseguran la continuidad del hábitat y de la diversidad biológica del planeta.

En México la apicultura tiene una gran importancia socioeconómica y ecológica, ya que es una de las principales actividades pecuarias generadora de divisas. En nuestro país se dedican a la apicultura casi 43 mil productores.

Y aunque generalmente esta actividad se asocia únicamente con producción de miel, polen, jalea real, propóleos, las abejas son fundamentales para un equilibrio del medio ambiente ya que propician la polinización cruzada con lo que se genera oxígeno y además, aumentan el rendimiento en los cultivos, lo que favorece un incremento en alimentos de origen vegetal, materia prima textil, e insumos agropecuarios.

La apicultura, enfrenta serios problemas, entre ellos la africanización de las colmenas, precipitaciones pluviales erráticas, el embate de los huracanes sobre la infraestructura de producción y la flora, así como la presencia de plagas y enfermedades como la varroa y el pequeño escarabajo de la colmena.

En materia de cuidados, México se incorporó a la discusión sobre estrategias de protección a polinizadores, y desarrolló un proyecto titulado: “Estudio preliminar de algunos de los factores que influyen en la pérdida de colonias de abejas en diferentes estados de importancia apícola en la República Mexicana, 2015”.