Dichos organismos colaboran en la implementación de políticas públicas que ayuden a disminuir los niveles de pérdidas agroalimentarias en América Latina y el Caribe, las cuales alcanzan los 127 millones de toneladas de alimentos al año, lo que equivale a un desperdicio de 223 kilogramos por habitante en la región.    

Es por lo anterior que la dependencia trabaja en el diseño e implementación de nuevos modelos con la finalidad de generar una mayor productividad y eficiencia en el campo, lo que contribuirá a una mejor distribución de los alimentos, con respeto a la naturaleza y un enfoque de desarrollo sustentable.

Para lograr los mencionados objetivos se operan esquemas y modelos, tales como el de apoyo a la agricultura familiar, promoción de cadenas de valor y desarrollo de competencias, con los cuales se fomenta la iniciativa empresarial, especialmente en jóvenes y mujeres.

Uno de los retos que enfrentan los países actualmente es satisfacer una mayor demanda de alimentos sanos para la población mundial, y reducir las pérdidas en los diferentes eslabones de la cadena productiva, desde la producción hasta la comercialización.