El riesgo compartido es un instrumento que permite canalizar recursos públicos, privados o mixtos para resolver la insuficiencia financiera de los inversionistas y sus limitaciones iniciales para acceder al capital de riesgo o al crédito requerido para llevar a cabo proyectos productivos, que sean viables y de interés tanto para los inversionistas privados como para la fuente de recursos de riesgo compartido.

En 1981, el Fideicomiso de Riesgo Compartido (FIRCO) es creado con el propósito de apoyar los programas orientados a corregir faltantes de productos básicos, destinados a satisfacer necesidades nacionales, así como para apoyar la realización de inversiones, pero tras una etapa de rediseño y reingeniería institucional, el FIRCO reorienta sus esfuerzos en detonar agronegocios, respaldar empresas rurales, además de apoyar actividades productivas en beneficio del medio ambiente, con un fuerte impacto social.

En el caso particular del FIRCO, el riesgo compartido tiene como objetivo hacer posible el emprendimiento y el éxito de proyectos de reconversión y de negocios, disminuyendo el costo financiero de la mezcla de recursos.

Asimismo, impulsa el aprovechamiento sustentable y rentable de los potenciales de producción, la generación de empleo, la adición de valor y una apropiación del resultado que sea más favorable para los productores del medio rural, de manera que se contribuya a mejorar su bienestar.

Ante los nuevos retos y oportunidades que ofrece la apertura económica, los tratados comerciales que ha suscrito México y el crecimiento de su mercado interno de productos tradicionales, en especial granos y oleaginosas, la labor del FIRCO consiste en ampliar sus mercados que, al aprovecharse, permitirán insertar mejor al país en las corrientes del comercio global.