La caña de azúcar (Saccharum officinarum) llegó a México en la época de la conquista. Su primera plantación tuvo lugar en el estado de Veracruz. Posteriormente se instalaron los primeros ingenios azucareros en las zonas cálidas de nuestro país, como parte de la colonización española de América.  

La expansión del cultivo de caña de azúcar ha arrastrado mano de obra, tecnología, hábitos, historia, formas de organización y relaciones sociales de producción.

A la caña de azúcar se le considera una de las fuentes energéticas más económicas para el hombre, y uno de los cultivos con mayor capacidad para convertir la energía solar en biomasa. Sus variedades son: criolla, cristalina, violeta y veteada.

El jugo de la caña de azúcar es rico en nutrientes y a partir de él se elaboran bebidas fermentadas. Es asimismo un excelente remedio para rehidratar el cuerpo e ingrediente indispensable de una de las bebidas más ricas de esta temporada: el ponche navideño.

México es el sexto productor mundial de caña de azúcar, con más de 55 millones de toneladas anuales. Los estados de Veracruz, Jalisco y San Luis Potosí son los principales productores de esta planta, a la que se destinan más de 826 mil hectáreas para su cultivo en territorio mexicano.