Si bien la polinización no es un producto, sino un servicio que presta la apicultura, en muchas zonas del país es una fuente alterna de ingresos y de hecho, en otras, como es el caso de Sinaloa, Chihuahua y Coahuila, es el fin principal del trabajo con abejas, quedando como actividad secundaria la obtención de miel.

En 2008, más de 135 mil 500 colmenas fueron destinadas a la polinización de cultivos hortícolas y frutícolas, presentando una marcada recuperación en los últimos años en número de colmenas y en superficies agrícolas atendidas, redituando ganancias muy importantes tanto para el apicultor como para el agricultor.

Los cultivos beneficiados con la polinización por abejas son principalmente los orientados a obtener productos de calidad y destinados a la exportación, destacando el pepino, berenjena, calabacita, sandía, melón, cártamo, manzana, fresa, aguacate, cítricos, entre otros.

Infortunadamente la población de abejas sufrió severas pérdidas en los últimos años; este fenómeno fue bautizado como "síndrome del colapso de las colonias". Los científicos no entienden cabalmente las causas de estas muertes, pero las investigaciones sugieren una combinación de factores como la presencia de parásitos principalmente varroa, nuevos agentes patógenos, el Cambio Climático y la exposición a pesticidas usados a gran escala en la agricultura.

Se desprende así la necesidad de fomentar la cría de abejas reina, con la orientación necesaria y procedimientos óptimos para su conservación, para lo cual el Programa Nacional para el Control de la Abeja Africana ha desarrollado prácticas zootécnicas para mantener la características de la población apícola, tan importante para la conservación de la humanidad.