Señoras y señores:

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Saludo con respeto, con afecto, a esta muy distinguida concurrencia, a las distinguidas personalidades que integran el presídium.

De manera muy señalada, y quiero saludar al representante de la Mesa Directiva del Senado de la República y al señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Al señor don Javier Sicilia, a quien aprecio, valoro, sus palabras, sus expresiones. Y le quiero comprometer la disposición a un diálogo permanente con este Gobierno para que realmente podamos trabajar y seguir construyendo mejoras en favor de la justicia, de la paz y de la tranquilidad de todos los mexicanos.

Quiero saludar la presencia de los Presidentes de las Comisiones de Derechos Humanos, de las Presidentas de las Comisiones de Derechos Humanos, tanto en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados; en la Comisión de Justicia, a la Presidenta de la Comisión de Justicia del Senado de la República.

Al señor Gobernador del Estado de Coahuila y Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la CONAGO.

Al señor Presidente, también, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, a quien agradezco su presencia.

De manera muy particular, quiero reconocer el que se encuentren aquí, en la Residencia Oficial de Los Pinos, la casa del Ejecutivo, por mandato de los mexicanos; a distintas organizaciones sociales, que han estado en una lucha permanente por la defensa de quienes han sufrido, lamentablemente, los estragos y los efectos de la violencia, de la injusticia, de la falta de aplicación de la ley.

Les reconozco su valor, su perseverancia, su constancia y esa lucha, incansable, que han desplegado durante varios meses. Les saludo por su presencia y les agradezco que nos acompañen en este acto tan significativo.

De igual forma, la presencia de Senadores de la República; Senadoras y Senadores, Diputadas y Diputados del Congreso de la Unión.

A los Presidentes de los Partidos Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática, a quienes aprecio su presencia.

Y a los señores representantes de los medios de comunicación.

Señoras y señores:

Al asumir la elevada responsabilidad como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, asumí, también, un compromiso específico con ustedes y del que, justamente, ha hablado y ha referido, no sólo el Secretario de Gobernación, sino, de manera muy señalada, don Javier Sicilia.

En Palacio Nacional señalé que el primer eje del Gobierno de la República es lograr un México en paz. Un México en el que el ciudadano y su familia sean el centro de las políticas de seguridad y de justicia.

Con este propósito, enfocaremos nuestros esfuerzos a reducir la violencia, fundamentalmente para abatir los delitos que más agravian a los mexicanos.

Y como lo señalé desde tiempo atrás, de manera señalada el homicidio, el secuestro y la extorsión.

El 1 de diciembre, también, reafirmé que el Estado debe estar al lado de las víctimas y sus familiares.

Recordé que detrás de cada delito hay una historia de dolor, incluso, la pérdida de un ser querido.

Precisamente, por eso, una de las primeras decisiones presidenciales que tomé fue instruir al Consejero Jurídico del Ejecutivo Federal a desistirse de la Controversia Constitucional sobre la Ley General de Víctimas, a fin de que fuera publicada y entrara en vigor.

Al cumplirse esa determinación y los plazos legales correspondientes, hoy tengo aquí, como además ha sido ya distribuido entre ustedes, el ejemplar del Diario Oficial de la Federación en el que se publica con los alcances de ley correspondientes, la Ley General de Víctimas.

Este día es significativo para México, pero también, lo es para el mundo, porque lo que aquí se ha publicado, esta Ley, este nuevo ordenamiento legal, es una ley en favor de los derechos humanos que no tiene precedente en ninguna otra Nación.

Con esta ley, el Estado mexicano aspira a regresar esperanza y consuelo a las víctimas y a sus familiares.

Con la publicación de la Ley General de Víctimas, aprobada por el Honorable Congreso de la Unión, no sólo doy cumplimiento a una de las 13 decisiones presidenciales que anuncié el 1 de diciembre, también, estoy cumpliendo un compromiso ético que asumí en el Castillo de Chapultepec con el Movimiento por La Paz, con Justicia y Dignidad.

Sé que es una ley perfectible, que aún debe mejorarse, a partir de un diálogo cercano y constructivo con la sociedad civil y el Poder Legislativo.

Como parte de los compromisos del Pacto por México, el Gobierno de la República trabajará con los partidos políticos y grupos parlamentarios, para darle a este ordenamiento su perfeccionamiento, plena viabilidad. Sin embargo, se ha publicado ya porque era urgente contar con un marco legal que protegiera, desde ya, a las víctimas.

Cuál es la importancia de este ordenamiento.

En primer lugar. Se trata de una ley que garantiza a las víctimas de violaciones de derechos humanos y a las del delito, los derechos consagrados en la Constitución y en los tratados internacionales en la materia firmados por México.

Esta Ley Federal es el inicio de toda una red de protección, por parte del Estado mexicano, en favor de las víctimas. Para tal efecto, incorpora a nuestro sistema jurídico, un esquema de coordinación entre las autoridades de todos los órdenes de Gobierno, para promover, respetar, proteger, garantizar y permitir el ejercicio efectivo de los derechos de las víctimas.

Del contenido de esta ley, producto del más amplio consenso al interior del Congreso de la Unión, destaco lo siguiente:

Primero, o uno. Se facilita la determinación de la calidad de víctima.

Dos. Se establece un amplio catálogo de derechos reconocidos a las víctimas y se incorporan medidas para restablecer el ejercicio pleno de sus derechos. En particular, la Ley reconoce el derecho a recibir ayuda, asistencia, atención para ellas y sus familiares, por parte del Estado.

Les reconoce el derecho a ser tratados con humanidad y con respeto a su dignidad. Les reconoce el derecho a conocer la verdad sobre el delito que han sufrido, así como el derecho a que se les imparta justicia y se les repare el daño.

Les reconoce, también, el derecho a ser informados y que se les explique claramente el proceso penal llevado en contra de sus agresores. Les reconoce el derecho a la satisfacción que incluye, entre otras medidas, la búsqueda de personas desaparecidas, así como el derecho a la protección del Estado.

Tres. Para respaldar a las víctimas, la ley crea las siguientes instancias:

En primer lugar. Como aquí, además, lo demandó el poeta Javier Sicilia, y en lo que tendremos que trabajar desde ahora, crea el Sistema Nacional de Víctimas, que establecerá y supervisará los programas y las acciones para apoyar a las víctimas entre los tres niveles de Gobierno.

En segundo lugar. La Comisión Ejecutiva de Atención a las Víctimas como órgano vigilante y de control de la ley. En esta Comisión, participarán representantes de las víctimas y de las organizaciones de la sociedad civil.

En tercer lugar. Crea un órgano de Asesoría Jurídica Federal de Atención a Víctimas, dependiente de la Comisión Ejecutiva, para que los afectados cuenten con un profesional del derecho, que los represente y defienda legalmente.

En cuarto lugar. Se establece el Registro Nacional de Víctimas, que facilitará el acceso a la ayuda que faculta la ley.

Y en quinto lugar. Se integra el Fondo de Ayuda de Asistencia y Reparación Integral, que será el encargado de brindar los recursos necesarios para ayudar a las víctimas del delito.

En suma, hoy, asistimos al inicio de un modelo jurídico innovador, que pone a la persona, a su dignidad humana y sus derechos inalienables, en el centro de la atención del Estado y de la sociedad.

Con esta nueva ley, México da un paso importante hacia la sociedad de derechos que queremos construir entre todos. Una sociedad de pleno respeto a la integridad del ser humano, sensible y solidaria ante el dolor de un semejante.

Señoras y señores:

Hay un México lastimado por la delincuencia. Las víctimas son quienes más han sufrido. Hay miles de personas que han perdido, lamentablemente, a un ser querido, a sus hijos, esposos o hermanos.

Hay miles de personas que han padecido los estragos de la violencia. El Estado no puede tener oídos sordos ante las voces de la sociedad. Un Estado democrático debe escuchar a todas las voces, debe ser sensible y humano en su trato.

La dignidad de una Nación se refleja en la forma en que se trata a las víctimas del delito y se persigue al delito y a quienes han sido, lamentablemente, quienes han infringido la ley.

Como lo he reiterado en varias oportunidades y hoy, nuevamente, lo reitero ante ustedes: Soy un Presidente que invariablemente estará al lado de las víctimas. Como Presidente democrático, pondré al Gobierno de la República al servicio de los que más lo necesitan, de los que, lamentablemente, más sufren y de quienes han quedado al margen de la justicia y de la garantía plena de los derechos que prevé nuestra Constitución.

Quiero que sepan que encontrarán en este Gobierno un oído que escuche y un brazo que apoye. Hoy, quiero decirle a los presentes, a quien representan o representan a las organizaciones que han enarbolado esta lucha justa, ante el escenario que lamentablemente ha vivido nuestro país en los últimos años.

Quiero decirles que estableceré los mecanismos de un diálogo permanente, y que para tal propósito instruyo al Secretario de Gobernación para establecer las mesas de diálogo permanente, que nos permita darle seguimiento a la materialización de todos estos instrumentos de justicia que el ordenamiento que hoy se publica prevé.

Que permita, también, atender las justas demandas que tienen las distintas organizaciones que han sido víctimas del delito, y que permita acreditar, más allá de la retórica de la palabra, del discurso, que este Gobierno quiere estar invariablemente cerca de las víctimas del delito y que quiere ser parte de una nueva era dentro del sistema jurídico mexicano, que vele por una sociedad de derechos.

Hago votos porque así sea y establezco, más bien, desde aquí extiendo un abrazo cordial, fraterno y de respeto a todas las personas víctimas de algún delito, muy especialmente a las organizaciones que con valor, con valentía, con perseverancia se han entregado a esta causa muy justa.

Muchas gracias y muchas felicidades.