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            No voy a pronunciar un discurso tan largo como el del Presidente Peña Nieto, aunque comparándolo con los discursos de Fidel Castro, no tiene. Bueno, batiendo un récord, incluso, en la ONU, de más de cuatro horas.

 

            Yo, desde pequeño, como el otro, hablaba tanto. Hablo mucho menos, y había preparado apenas una cuartilla y media para esta ocasión.

 

            Quería empezarles por decir que el 24 de junio pasado, hizo exactamente 60 años que vi por primera vez la tierra mexicana. No dije, pisé por primera vez, porque sería incorrecto e irrespetuoso; vi y empecé a amar la tierra mexicana.

 

            Y mi emoción hoy, es muy especialmente grande, por cuanto el lugar por el que aterricé aquí, ese día, fue en Mérida, y fue donde vi por primera vez la tierra mexicana.

 

            Unos días después, Fidel, que me había asilado en la Embajada de México, acusado y perseguido por la policía de haber puesto una bomba en un cine llamado Tosca, que yo no sé todavía ni dónde queda ese cine. Creo que existe.

 

            Y la persecución a la que nos sometieron inmediatamente después que obtuvimos la libertad por la presión popular. Aquel dictador Batista quería legalizar su régimen golpista con unas elecciones fraudulentas. No le quedó más remedio que aceptar ponernos en libertad, de amnistiarnos; éramos los únicos presos políticos que existíamos en ese momento. Pero inmediatamente empezaron a perseguirnos.

 

        Por eso, de esa acusación que me hicieron, Fidel me dijo: Te llevaremos a la Embajada mexicana. Gilberto Bosques se llamaba el embajador, una gran persona que ya jugó un papel similar, pero con cientos tal vez, miles de personas en Europa, en la época del fascismo, cuando se fue por allá,  a ocupar un cargo diplomático.

 

            Así que Fidel vino unos días después, era mediados de ese año, y ya en noviembre, creo que era un 24 también, saliendo por el puerto de Tuxpan, llegamos a nuestro país. La historia sigue, y un poco larga. Ya estoy hablando más que el Presidente Peña Nieto.

 

            Aquí, como ustedes ven, no soy muy joven, tal vez, por lo menos en la mesa, y los amigos que me rodean, debo tener el título de más ancianidad, pero rejuvenecida constantemente. Ya tengo 84 años. En junio cumpliré 85.

            Me mantengo fuerte. Hago ejercicio todos los días, y nado, incluso, cuando el tiempo me lo permite, trato de hacerlo, también, todos los días. Y aquí, este ayudante que estaba por aquí, que me dio estas notas, es mi primer nieto. Tengo cuatro hijos, tres mujeres y un varón, ya adultos, que tienen hijos.

 

            Tengo nueve nietos; éste es el mayor; cinco mujeres y cuatro hombres. Y ya éste tiene dos hijas; una de siete años y otra de tres meses. Luego, soy un respetable bisabuelo.

 

            Y para el mes de diciembre, los primeros días, y eso haber si nace, el 2 de diciembre, que fue cuando desembarcamos en Cuba, tendré el primer bisnieto. No voy a llegar a tatarabuelo, ni a chozno, porque se van a aburrir los cubanos de mí que, por cierto, ya como dije en el último congreso de nuestro partido, y cuando tomé posición de mi primer mandato de cinco años, el 24 de febrero del 2018, concluyo, y me retiraré.

 

            Tal vez tendré más tiempo de venir por acá, nuevamente, empezando por Mérida, sin Visita Oficial, sino en visita privada, para saludar a mis primeros amigos mexicanos, que son los yucatecos.

 

            Para sorpresa mía, al entrar aquí, nadie me había dicho nada, vi a una muchachita rubia por ahí.

 

Te podrías parar un momento.

 

No voy a decir tu edad, no te preocupes, ellos la van a deducir. Siempre fue así, linda desde pequeña, se cuidaba mucho, y lo sigue haciendo.

 

           En el exilio, dos de ellas estuvieron un tiempo con nosotros. Y los meses finales, cuando nos fuimos para nuestra misión patriótica, se quedó aquí, conoció a un mexicano, se casó con el mexicano; es decir, que aquí tengo también otras raíces.

 

            Y como ya es hora de acabar, voy a pronunciar el discurso que está escrito.

 

            Estimado Presidente.

 

          Distinguidos invitados:

 

            Agradezco sinceramente las emotivas palabras del Presidente Enrique Peña Nieto, que reflejan su voluntad de continuar fortaleciendo las históricas relaciones entre Cuba y México.

 

            Deseo reiterar que esa es, también, nuestra disposición y la de pueblo cubano, que amamos entrañablemente esta gran nación, como nos enseñara José Martí.

 

            Doy gracias, también, por la cálida acogida que nos han brindado el Presidente Peña Nieto, su Gobierno, y las autoridades del estado de Yucatán y del municipio de Mérida, así como su pueblo noble y generoso.

           Deseo a todos los mexicanos, el futuro de paz, desarrollo, bienestar y prosperidad que merecen, por su gloriosa historia y su vocación pacífica y solidaria.

 

            Cuenten siempre con la amistad sincera y profunda del pueblo y el gobierno actual, y los futuros gobiernos de Cuba.

 

            Muchas gracias.